Las batallas no han terminado para este Porsche 914 que no es lo que parece

Las batallas no han terminado para este Porsche 914 que no es lo que parece

Un targa legal para su conducción en calle, pero convertido para adelantar a rivales de turno


Tiempo de lectura: 3 min.

En medio del boom del sueño espacial americano y los fabricantes de automóviles explotando el concepto con propuestas futuristas, un libro denunciaba a mediados de aquella revolucionaria década de 1960 las desidias, negligencias y responsabilidades en materia de (in)seguridad de los gigantes de Detroit detrás de las alarmantes cifras de víctimas fatales por siniestros en sus coches. El pasado 30 de noviembre de 2025 se cumplieron 70 años de Unsafe at Any Speed y este ejemplar alemán –vendido a través de Bring a Trailer– demuestra en su figura y su configuración de carrocería que es hijo de aquel contexto.

“El Targa fue una reacción completamente práctica de Porsche a la discusión que, a principios de los años 60, arreciaba en Estados Unidos, un mercado de importancia vital para el joven fabricante de vehículos deportivos. Entre Detroit y Dallas, los descapotables de repente se consideraron peligrosos porque se decía que proporcionaban una protección insuficiente a los ocupantes en caso de accidente”. La cita corresponde a Abierto a lo nuevo, un artículo de Porsche publicado en 2019 en el que se recuerda cómo los targa irrumpieron por necesidad en la marca alemana y en su gran nicho norteamericano.

Los targa, con ese panel central desmontable que oficia de techo, y la barra antivuelco. Los 911 convertibles adoptaron como norma esta disposición, con el modelo 1967, para ofrecer un “descapotables seguro” y distanciarse del 356, su predecesor de capota de lona y carrocería spyder, sin perder la demanda movilizadora de la cultura de la conducción a cielo abierto. Los de Stuttgart resolvieron la falta de protección pasiva con estilo: un arco de acero inoxidable de 20 centímetros de ancho por encima de las cabezas garantizaba personalidad y supervivencia de mercado.

Porsche 914 1971

Las bases ya estaban sentadas para que el sucesor del Porsche 912 recibiera a finales de la década la fórmula establecida. Cuando se tiene en frente a un Porsche 914 1971 targa como este amarillo vendido días atrás, se observa un diseño concebido sobre las mencionadas razones de fuerza mayor, más allá de los fines de la sociedad entre Porsche y Volkswagen de cubrir la gama de acceso de la primera y la alta para los de Wolfsburgo. Con cuatro y con seis cilindros se vendió el considerado primer deportivo alemán de producción en serie con motor central, obligatoria aclaración para cuando llega el momento de levantar la cubierta de esta unidad.

Una unidad que, aunque modificada para su uso en circuito, está homologada para la calle y cuenta con matrícula californiana. La conversión incluyó, lógicamente, al corazón de su mecánica. Podría pasar desapercibido su seis cilindros bóxer, porque era una de las opciones de fábrica en su tiempo. Lo cierto es que el de este modelo 1971 no es un 2.0 de aquellos originales, sino un 3.1 incorporado con sobrealimentación. Sí, este Porsche no es uno de los 914/6 fabricados hasta que su elevado precio interrumpió su producción, sino uno de los 914/4 que, con cuatro cilindros, se comercializaron con éxito en Estados Unidos con el valor más asequible.

Es un Porsche 914 alterado hasta los dientes. Además del cambio de motor –preparado con colector de admisión estilo Porsche 911 de la generación 964–, hoy sus amortiguadores son ajustables, su barra estabilizadora es más grande y sus frenos llevan discos y pinzas en las cuatro ruedas para combatir su potencia aumentada. Por fuera, el diseño indisimuladamente americano de su alerón trasero le retiró todo rastro alemán que le quedaba, mientras que una jaula antivuelco detrás de sus dos asientos confirma que su historial de batallas en pistas no ha terminado.

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Mauro Blanco

Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.
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