Las apariencias podrían engañar al echarle un vistazo al Ferrari Beach Car. Por los orígenes de su modelo base y por el concepto de su metamorfosis, esta rareza sobre ruedas parecería atesorar un pasado entre costas y palmeras del Estado del Sol. Hablaríamos de plena lógica, porque el Ferrari 365 GTC/4, presentado en Ginebra en 1971, dirigió la mayoría de su producción al mercado de Estados Unidos. Sin embargo, lo cierto es que, tras salir de Maranello, el coche se entregó nuevo en Suiza. Su aspecto post-conversión indicaría, en ese sentido, un desembarco norteamericano tardío que jamás llegó a producirse.
Nada de esto sucedió. Jamás fue opción cruzar el Atlántico para este chasis modelo 1972. Ni siquiera cuando cayó en las manos del importador y diseñador suizo Willy Felber —luego de su propietario de partida— y de la casa autora material de su lenguaje de diseño a cielo abierto… ¡y sin puertas! Como por arte de magia, Felber, entonces diseñador y especializado en el oficio de la personalización, hizo desaparecer junto al carrocero italiano Michelotti la silueta coupé con que el 365 GTC/4 sostenía el compromiso de la elegancia deportiva —¿una esencia en peligro de extinción?— de sus inmediatos antecesores.
El Ferrari Beach Car y el adiós a la lágrima del 365 GTC/4
Ni rastros del modelo génesis. La transformación se sujetó a la regla que establece que los faros escamoteables no se tocan y, aunque para el frontal de cuña en clave década del 70 se decidieron cambios evidentes al bajar la calandra e instalar un nuevo parachoques, la expresión más radical del rediseño fue aplicada del habitáculo hacia atrás. Regido por un minimalismo puro y duro en el salpicadero y una consola central sin estéreo e interruptores, el interior abandonó la configuración estándar de dos plazas traseras para darle a este GTC/4 una conducción biplaza.
Un rasgo característico identificaba al modelo original. “El perfil de cristal lateral se puede definir de una manera muy descriptiva como una lágrima alargada”, define la propia marca italiana. En efecto, a eso se asemejaba la forma adoptada por todo el conjunto de ventanas. Pero Felber y Michelotti fueron a fondo, ya que a esa lágrima la secaron de cuajo: ni siquiera conservaron la encorvada y suave línea de cintura que el 365 determinaba por las puertas y el marco inferior de las lunas laterales traseras.
Un one-off de jeque que no fue
Cuenta la leyenda que el proyecto incluía planes de capota de lona para darle una faceta cerrada, pero no hay imagen alguna que lo muestre en tal condición. Cuesta visualizarlo en ese estado. Todo es producto del acceso de umbrales a media altura —tapizados en cuero para su protección— que sustituyeron a las puertas convencionales, siendo esta la principal marca registrada que la conversión arrojó. En los descapotables, las partes traseras suelen mantener el dibujo de las versiones con techo, pero en el Ferrari Beach Car la zaga significó una ruptura sin lugar para vestigios.
“De vez en cuando, aparece en Suiza”, desliza el colega de Hagerty, Ronan Glon —quien lo encontró en el Rétromobile 2026—, confesando los sueños frustrados del coche de pertenecer a una colección de un jeque árabe que parecía segura. La historia de un What if, el vículo que no fue, las fotos que nunca existieron del Ferrari Beach Car junto al emir catarí de la época al que los creadores lo habían destinado. Por pedido expreso, se había pensado en un acabado azul claro que, relegado por el color bronce final, tampoco llegó a ser.





Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.COMENTARIOS