Son seis en casi 80 años con el último lanzado… para los 80 años. Y son otros los tiempos que corren en cuanto a diseño. La robustez nunca había aplicado como sello distintivo de un Ferrari de antología. Ni siquiera en las feroces máquinas de mediados de los noventa y principios del 2002 –F50 y Enzo–. La regla se rompió con el F80 del 2024. La mención va dirigida a los extremos. Son seis y el último queda lejos incluso de las formas de la musa inspiradora.
Los tributos no necesitan parecerse a los clásicos homenajeados, por lo que el Ferrari F80 no necesita jurar lealtad a la fachada del por entonces más veloz del mundo –con el permiso del Porsche 959–. Y no da igual analizar con la bola de cristal que cuatro décadas atrás. Quiero decir, reconozco que el F40 irrumpió en su tiempo como un biplaza revolucionario, como algo nunca visto en la historia de serie de la marca, pero los gestos heredados de su sucesor y de los deportivos más terrenales de su época se dejaban ver a pesar de su imponencia.
Por su cuenta, el aún reciente supercar italiano se mofa de las curvas y el refinamiento que identifican a los modelos de ayer y hoy salidos de Ferrari, y que supieron coexistir con los tremendos motores, que si por algo nunca se caracterizaron fue por las sutilezas. Por primera vez, los modeneses han presentado un abominable Cavallino Rampante. ¿Estaría de acuerdo el Mago de Maranello, autor de un abanico de frases célebres como la que hace referencia a que lo que se paga cuando se adquiere un Ferrari es el motor y el resto sale gratis?
Como sea, el planteo va más allá de los recursos que hacen a las reinterpretaciones. Sometido a juicio por sí solo, la manera en que se ha concebido al Ferrari F80 dispara interrogantes. ¿Este superdeportivo representa un quiebre de cara al futuro Big Seven? ¿La esencia de los Ferrari que se sientan en la mesa chica se ha puesto en juego y en riesgo? ¿En Maranello van camino a una nueva idiosincrasia de diseño que trasciende a sus selectos supercars, a juzgar por el caso posterior del 849 Testarossa que, aunque proponga líneas más definidas, adopta el mismo lenguaje?
El Ferrari F80 nos lleva a preguntar si debemos tomarlo como una excepción o si los tiempos de la Dolce Vita, hasta hace poco revitalizada con el Roma, ya no correrán. Quizás, estemos ante el primer Ferrari abominable. Las definiciones salen por decantación, nacen del inconsciente y las referencias no se limitan al poder de fuego de sus 1.200 caballos. No por nada la comunidad del motor, como he leído por ahí, lo ha recibido como la nueva bestia.


Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.