Hay coches que envejecen bien y coches que envejecen fatal, pero luego hay una tercera categoría que nadie menciona, que son los que envejecen tan mal que dan la vuelta completa y resultan fascinantes. El Ford Focus Saleen N2O es de ese tercer tipo. Este adefesio es un hatchback utilitario de primera generación al que Saleen le instaló en fábrica un sistema de óxido nitroso, le puso un alerón biplano enorme, le cosió el nombre del fundador en los asientos y lo vendió en los concesionarios oficiales Ford en plena era Fast & Furious. Setenta y cinco unidades en 2005. Eso es todo. Tal vez fuesen incluso demasiadas.
Uno de esos 75 coches está ahora en venta por unos 14.000 euros, con algo más de 114.000 kilómetros encima, en plata metalizada con gráficos azules y con el salpicadero firmado por el propio Steve Saleen. En otro contexto parecería un capricho menor, pero visto con la distancia de 20 años, es una cápsula del tiempo perfectamente conservada de cuando el nitroso era lo más y se acompañaba de unos alerones dignos de un caza de combate.
Saleen no era solo Mustang
La mayoría de la gente asocia Saleen directamente con el Mustang (cuando no con el S7), y no es para menos porque Steve Saleen lleva desde 1984 transformando el muscle car de Ford en algo más agudo, más rápido y más caro, con resultados que las casas de subastas tratan hoy con mucho respeto. Pero Saleen no vivía exclusivamente de eso, y a lo largo de los años 90 y principios de los 2000, la empresa californiana apostó por diversificar su catálogo con versiones modificadas de otros modelos Ford para llegar a los compradores que querían el sello de la marca sin tener el presupuesto ni el garaje necesarios para un Mustang.
El Focus era la elección obvia, y llegó al mercado norteamericano para el año modelo 2000 como sustituto del ya decrépito Escort, con una plataforma europea que daba mil vueltas a lo que el segmento ofrecía entonces en Estados Unidos. Ford lo fabricaba en Wayne, Michigan, y en Hermosillo, México, y se vendió bien desde el primer día porque era, sencillamente, un coche mejor que sus competidores directos en casi todo.
Saleen vio en él la base perfecta para un proyecto que encajaba a la perfección con el momento cultural que vivía el automóvil compacto modificado.
Porque hay que recordar lo que pasaba en 2001, 2002 y 2003 en las salas de cine y en los talleres de todo el país. La primera entrega de Fast & Furious convirtió los compactos japoneses tuneados con kits de carrocería, spoilers desproporcionados y nitroso en el referente de una generación entera de aficionados jóvenes que no tenían dinero para un deportivo de verdad pero sí para un Honda Civic con llantas de 17 pulgadas y una botella de NOS en el maletero. Saleen leyó ese momento con precisión y decidió ofrecer algo que ningún otro fabricante se atrevía a hacer: todo eso a la vez, pero de fábrica, con garantía y vendido en el concesionario de la esquina.
El Focus que Saleen convirtió en arma
La base era el ZX3, el hatchback de tres puertas que era la versión más compacta y ligera de la gama. Saleen lo recibía directamente de la cadena de Ford y lo procesaba en sus propias instalaciones hasta dejarlo irreconocible, aunque sin tocar el bloque del motor: el cuatro cilindros 2.0 litros DOHC Duratec de aluminio, desarrollado con participación de Cosworth, que en su versión estándar rendía 136 CV a 5.300 rpm.
Lo que Saleen sí tocó fue todo lo demás. La centralita recibía la reprogramación PowerFlash de la propia casa, que sumada a un filtro de admisión de baja resistencia y un escape deportivo de salida central doble llevaba la potencia hasta los 152 CV sin ayuda química. El motor también estrenaba una toma de aire de alta respiración y un sistema de escape cat-back con salidas dobles centradas que eran el sello visual más llamativo de la parte trasera. Hasta ahí, un hot hatch competente para la época, aunque sin nada extraordinario.
La diferencia estaba en el maletero, literalmente, porque el N2O lleva instalada de fábrica una botella de óxido nitroso de 4,5 kilogramos con todo el cableado con la fontanería y la inyección directa húmeda ya integrados en el motor. No es un kit comprado en una tienda de recambios ni una instalación posterior chapucera porque Saleen lo montaba en la cadena de producción como parte del vehículo, con el mismo rigor que cualquier otro componente de serie. La empresa llamaba al conjunto Nitrous Pro Flow, y era un sistema de inyección directa húmeda que mezclaba el nitroso con combustible adicional antes de la admisión para proteger el motor de la sobrepresión sin refrigerar. Con la palanca del nitroso abierta, el cuatro cilindros pasaba de 152 a entre 225 y 227 CV con unos 340 Nm de par, todo eso volcado al eje delantero a través de una caja manual de cinco velocidades con relación final de 3,82:1. El cero a cien quedaba en torno a seis segundos, una cifra que en 2005 en un compacto de tracción delantera resultaba bastante respetable.
El nombre del coche no necesitaba explicación ni subtítulos: N2O es la fórmula química del óxido nitroso. Saleen no andaba con metáforas y te lo ponía en la cara.
La carrocería grita a los cuatro vientos
Si el motor dejaba claro el mensaje, la carrocería lo gritaba sin pudor. El kit completo incluía paragolpes delantero y trasero nuevos de fibra, faldones laterales, y unos ensanchadores de aletas en las cuatro ruedas que ampliaban la vía visualmente y daban al Focus una presencia muy distinta a la del utilitario discreto del que partía. El capó llevaba una gran toma de aire funcional en el centro y el alerón trasero biplano con tercera luz de freno integrada convertía al coche en algo reconocible a 200 metros incluso para quien no supiera exactamente qué estaba mirando, que también era lo normal.
Las dos salidas de escape centrales remataban el conjunto con una geometría simétrica que en los años del primer Fast & Furious era prácticamente obligatoria para que te tomaran en serio en un semáforo. Las llantas eran de aluminio forjado de 17 pulgadas, modelo TSW Revo con el logo Saleen, calzadas con Pirelli P Zero de perfil bajo, 215/40 delante y 215/45 detrás. Para un Focus de la época, esos tamaños eran una como cuando los perros marcan territorio.
La suspensión Racecraft de Saleen completaba el cuadro mecánico con unos muelles de tasa lineal, amortiguadores N2 delanteros específicos, amortiguadores traseros recalibrados, casquillos de poliuretano en todos los puntos de articulación y barras estabilizadoras reforzadas en los dos ejes. El conjunto rebajaba la altura de rodadura respecto al estándar y ganaba rigidez torsional con barras de refuerzo en las torretas de suspensión delantera, lo que según quienes han conducido uno da al Focus una respuesta de dirección de categoría superior, muy lejos del subviraje apacible del coche original. Los frenos también mejoraron y llevaban unos discos ventilados delanteros de 277 milímetros, con la opción de un sistema Saleen de cuatro pistones con discos de 305 milímetros acanalados y pinzas en negro mate. Atrás, iban unos tambores de 203 milímetros, que en 2005 en esta categoría era lo habitual, aunque hoy suene a otra era geológica.
El ejemplar en venta lleva la combinación más cinematográfica posible: plata metalizada CD Silver con gráficos azules Saleen y lunas tintadas. No hace falta mucha imaginación para identificar de qué películas bebía esta estética.
Por dentro, puro año 2005 en conserva
El interior del N2O tiene tanto carácter de época como la carrocería, aunque más contenido. Los asientos deportivos van tapizados en cuero con el nombre Saleen bordado en los reposacabezas, el volante de cuatro radios es de diseño exclusivo de la casa y los instrumentos llevan esferas blancas con la tipografía de Saleen en lugar de los fondos negros del Focus estándar. El pomo del cambio y los pedales son de aluminio, y hay una placa de identificación numerada junto a la palanca que certifica que el coche es lo que dice ser.
El ejemplar concreto que está en venta añade un detalle que lo separa de cualquier otro: el salpicadero lleva la firma de Steve Saleen, fundador de la empresa. No es un añadido posterior ni un gesto de cortesía en una feria del motor. Es que Saleen firmaba personalmente determinadas unidades como parte de la política de la marca para reforzar el carácter de edición limitada.
Para un coche del que solo existen 75 unidades en el mundo, esa procedencia documentada pesa bastante más de lo que pudiera parecer cuando llega el momento de fijar un precio.
El equipamiento incluye aire acondicionado, control de crucero y un sistema de audio con pantalla táctil que en su momento era un añadido ultrapremium en este segmento. El conjunto no es sofisticado por los estándares actuales, pero sí que cuadra. Es un hatchback de alto rendimiento con las mejoras justas para justificar el sobreprecio respecto al Focus de serie sin perder la esencia práctica del coche base. Lo que pasa es que la esencia práctica de este Focus incluye una botella de nitroso en el maletero, así que tampoco hay que confundirse demasiado.
Setenta y cinco coches y veinte años de distancia
El precio del N2O nuevo en 2005 rondaba los 25.000 dólares, casi el doble que un Focus estándar bien equipado de la época. En términos absolutos no era un coche caro, pero la diferencia exigía una convicción bastante firme en la propuesta. Saleen vendía esencialmente la promesa de que tu compacto de tracción delantera podía humillar a coches mucho más caros con la palanca del nitroso a mano, todo envuelto en una estética que citaba directamente la cultura de las carreras callejeras que llenaba las salas de cine.
Que solo se fabricaran 75 unidades en 2005 dice más sobre la realidad del mercado que sobre el atractivo del producto. porque El Saleen N2O era un nicho dentro de un nicho de compradores de Focus con un presupuesto limitado pero ganas de algo especial, en un momento en que el tuning legal de fábrica tenía muy pocas opciones disponibles. Saleen acertó con la idea, pero los números de venta no acompañaron a la propuesta, y esa escasez no del todo buscada es hoy el principal motivo de peso de los pocos ejemplares que sobreviven en buen estado.
Los precios en subasta oscilan entre los 7.000 y los 15.000 euros dependiendo del kilometraje y la condición, y los ejemplares de bajo kilometraje y documentación completa están en el extremo alto del rango. No son cifras de coleccionismo serio todavía, pero la tendencia va hacia que cada aparición de un N2O en plataformas especializadas genere aún más interés que la anterior, porque los que crecieron con estos coches en los videojuegos y las películas de principios de siglo tienen ya edad y dinero suficiente para comprar lo que entonces solo podían mirar en la pantalla.
El ejemplar en venta lleva más de 114.000 kilómetros, tiene la firma de Steve Saleen en el salpicadero y está en el color más icónico del catálogo. No es una pieza de museo, pero tampoco pretende serlo porque ahora mismo es un superviviente en plena forma de una época muy concreta que todavía funciona, todavía tiene la botella de nitroso instalada y todavía lleva ese alerón que, guste o no, es todo un giracuellos.


Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.