La obra maestra, el broche de oro, el coche que nombramos cuando escuchamos o leemos Koenig Specials es el Ferrari Testarossa Competition Evolution, una versión creada por esta institución del tuning alemán de los setenta y ochenta, sobre la base de la berlinetta y que fue incorporando aspectos y elementos del F40 en el momento en que el superdeportivo de 1987 apareció en escena. Pero la empresa ya había acumulado experiencia en el rubro de la personalización, y bastante antes que en la antesala a esa bestia de 1.000 caballos de potencia.
Fue en la época en que se desempeñaba como piloto de carreras cuando Willy Koenig empezó a demostrar su gran vocación más allá del automovilismo en sí. Su pasión por la competición se grafica en el episodio que le marcó un antes y un después: el Ford Taunus tomado de su familia para, a espaldas de ésta, adentrarse en el mundo del rallye. Luego llegó el 250 GT SWB, el passo corto que lo llevó a ganar el Campeonato Mundial de Montaña 1962, y entonces no solo inició un camino de ida junto a los coches de Ferrari.
Aun más interesante fue haber forjado, con los cavallinos italianos o bien con cualquier otro deportivo que le sirviese para llevar a pista –un Porsche 962, un Porsche 935, un BMW M1–, el oficio de las conversiones a lo largo de las décadas. Pero lo cierto es que las intervenciones más recordadas son las de los Ferrari que con su empresa se apropió a fin de obtener una reinterpretación a medida de sus necesidades, porque no hablamos de cualquier tipo de conversión, sino de mutaciones fundadas bajo el requisito de importantes aumentos de potencia e indisimulables cambios mecánicos, estéticos y aerodinámicos.
Tras marcar un punto de quiebre con el Ferrari 365 GT4 BB que significó el origen de Koenig-Specials –un biplaza que compró en la Alemania Occidental de mediados de los años setenta, en el que luego comprobó que el rendimiento de fábrica no estaba a la altura de sus expectativas e intenciones y que sometió a una personalización que consistió en un paquete que se traduciría en demanda inmediata de parte del resto de los propietarios de la marca de Maranello–, fueron apareciendo diferentes ratones de laboratorio.
Que se entienda el término. Que lo entiendan los puristas tifosi, sobre todo, antes de pedir mi cabeza. Sí, un Ferrari es un Ferrari y no puede tomarse a la ligera la decisión de someterlo a una reinvención extraoficial, más cuando ese Ferrari es el 512 BBi, ¿pero cómo dar rienda suelta a la imaginación y aplicar el sello visual de una casa destinada a hacer escuela en el rubro del tuning alemán sin los coches para el experimento? La recepción de la comunidad fue positiva y la osadía de la propuesta acabó imponiéndose a eventuales controversias de estilo.
Como luego ejecutaría en su primera visión de Testarossa Koenig, a este Ferrari 512 BBi 1983, vendido recientemente por el equivalente a más de 100.000 euros, en su exterior lo equipó de manera tal que todas las miradas se posen en la zaga con énfasis más que en ninguna otra sección. El alerón de la casa y los ensanchados pasos de rueda traseros, una marca registrada, pero a este ejemplar, uno de los 25 a 30 modificados por Koenig sobre todas las versiones de la saga Berlinetta Boxer y uno de los pocos en rosso corsa, también le agregó tomas de aire al final del techo.
Al respecto, el plato principal se escondía debajo de la cubierta trasera. Los motores mejorados por Koenig Special eran los que elevaban los precios de estos coches en grandes porcentajes. En este caso, este Ferrari 512 BBi 1983 pasó de entregar los 340 CV con que había salido de Maranello a producir, mediante retoques en el propio motor y en el sistema de escape, hasta 450 CV, aunque otras unidades de este modelo habrían alcanzado los 650 caballos, con los que habrían logrado prestaciones de superdeportivos de los años 2000.


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Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.COMENTARIOS