El SEAT León 2.0 TDI Sport-up fue, sin lugar a dudas, una de las versiones más vendidas de la segunda generación del compacto español. No en balde, fue de las primeras opciones que se ofrecieron cuando comenzaron las ventas y fue el más potente durante una corta temporada, según se ampliaba la gama poco a poco. Y no era barato, SEAT pedía 22.212 euros, unos 170 euros más barato que el SEAT León 1.9 TDI FR.
La segunda generación del SEAT León fue uno de los coches más esperados de su tiempo, y también, uno de los más criticados. La primera entrega del compacto español arrasó tanto en ventas como en crítica, y al mismo tiempo, aparecieron muchos detractores; es lo que ocurre cuando estás en boca de todos, hay gente que se cansa. Pero no fueron ellos los primeros en alzar la voz cuando se dio a conocer la segunda entrega del SEAT León, fueron los seguidores, los amantes del modelo, quienes no aceptaron el notable cambio de imagen.
Poco a poco se les fue convenciendo, no en balde, el León mantenía lo que había hecho famoso al modelo: prestaciones, un tacto de conducción directo y deportivo, un comportamiento en carretera referencia en el segmento y buenos motores, entre los que destacaban, como no, los 2.0 TDI, el reemplazo para los míticos 1.9 TDI, a los que, por cierto, nunca logró eclipsar completamente.
Walter de Silva le dio una personalidad muy marcada al segundo SEAT León, tanto, que generó mucho debate, aunque una vez que se conducía todos tenían la misma opinión: era uno de los mejores
Ese motor, el 2.0 TDI, dio vida a una de las versiones más deseadas del modelo y a una de las primeras que se puso a la venta: el 2.0 TDI Sport-Up, variante que comenzó a dejarse ver en todas las revistas antes siquiera de pisar las calles. Cuando los primeros SEAT León 2.0 TDI sport-up comenzaron a rodar en manos de sus propietarios, el coche ya había sido comparado en varios reportajes con todos sus rivales. Hay que entender que, al menos en España, el León era toda una institución y la segunda generación prometía mucha más leña y mucha más guerra en el segmento; y así fue, desde luego.
Por chasis y comportamiento, el SEAT León no tardó en ponerse en lo alto del segmento, a lo que ayudó y mucho el bloque TDI. Hablamos de un cuatro cilindros de 1.968 centímetros cúbicos con culata de cuatro válvulas, inyección directa por bomba inyector, turbo de geometría variable y una compresión de 18,5:1. Todo para lograr 140 CV a 4.000 revoluciones y 32,6 mkg entre 1.750 y 2.500 revoluciones. Eran cifras muy respetables, tanto como los 48,9 kilómetros/hora que tenía la sexta relación del cambio manual –el León 1.9 TDI FR la tenía algo más larga: 54,40 kilómetros/hora–.
La velocidad máxima era de 205 kilómetros/hora, los 1.000 metros desde parado los completaba en 31 segundos y el 80 a 120 kilómetros/hora en sexta lo realizaba en 10 segundos. Todo ello con un consumo medio de 6,6 litros, que combinado con un depósito de 55 litros, permitía una autonomía de 774 kilómetros.
Entre las críticas de la prensa merece la pena destacar el ruido del motor, feo y muy alto comparado con la competencia, así como los detalles de acabado que podrían estar mejor cuidados o una suspensión un poco seca. Cosas que contrastaban con un comportamiento “sensacional”, unas prestaciones “de primer orden” o unos consumos muy ajustados.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS