Hay mañanas en las que uno necesita algo más que cafeína para despertar, y el Drakan Spyder es exactamente eso: una sobredosis de adrenalina mecánica. Si alguna vez te has preguntado qué pasaría si fusionaras el esqueleto de un monoplaza de carreras con el pulmón de un Corvette, deja de imaginarlo. Alguien en California lo hizo, y el resultado es tan fascinante como aterrador.
La receta es de esas que ya no se ven porque los departamentos de seguridad de las grandes marcas tendrían un infarto masivo: coges un motor V8 LS3 de General Motors, le sacas 430 CV de potencia bruta y lo sueldas a un chasis tubular que apenas detiene la báscula en los 900 kg.
El resultado es una relación peso-potencia que deja en evidencia a la mayoría de superdeportivos modernos. El Drakan Spyder despacha el 0 a 100 km/h en apenas 3,2 segundos. Pero no es el “cómo corre” lo que asusta, sino el “cómo lo hace”: sin control de tracción, sin ABS y con una caja de cambios manual de seis velocidades (heredada de un Porsche 911) que exige que sepas exactamente qué estás haciendo con el pie izquierdo.
Lo que hace que esta noticia sea carne de coleccionista es que el ejemplar que ilustra estas líneas es uno de los poquísimos que salieron de la factoría de Sector111 antes de que el proyecto se fuera al traste. De hecho, esta unidad en concreto es un diamante en bruto: está al 95% de su construcción, esperando a un dueño que tenga el conocimiento (y el valor) de terminar de ajustar su electrónica y domar su embrague.
No tiene puertas, no tiene techo y, honestamente, casi no tiene carrocería. Es una jaula de seguridad con ruedas, una suspensión tipo pushrod digna de la Fórmula 1 y unos amortiguadores Fox que te cuentan hasta la última imperfección del asfalto.
En un mundo obsesionado con la conducción autónoma y los asistentes de carril, el Drakan Spyder es un recordatorio de que conducir solía ser una actividad de riesgo. Es un coche políticamente incorrecto, ruidoso y probablemente muy incómodo, pero es la medicina perfecta para cualquiera que sienta que los coches modernos han perdido el alma.
Si tienes manos, un garaje con herramientas y ganas de que tus vecinos llamen a la policía cada vez que arranques el motor, este “hijo de mil padres” americano es, posiblemente, la compra más irracional y maravillosa que podrías hacer hoy. O quizá mañana, porque el coche se vendía a través de Bing a Trailer y las ofertas no alcanzaron la reserva.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS