La palabra confiabilidad circula con naturalidad cuando se habla de ingeniería japonesa. Arraigo transgeneracional, de esa manera lo definiría. No es un concepto abstracto ni término de frase hecha, ya que toma forma concreta en modelos como el Honda Civic, que sostiene su reputación a lo largo del tiempo a base de este pilar fundamental. En Estados Unidos, su vigencia se traduce en números: aunque año a año no lidere el ranking absoluto, siempre está entre los más populares del mercado norteamericano. En ocasiones, esa confiabilidad no se mide en ventas, sino que se demuestra sometiendo el coche a violentos experimentos.
Lo sucedido en 2023 con un ejemplar del Civic atravesando una prueba de fuego, aunque deba ser tomada como una de esas situaciones que parecen montadas más para el espectáculo que para el análisis técnico, funcionó toda una instancia simbólica, pues se terminó reforzando aquello que en todo coche suele sospecharse: su resistencia.
No suelo visitar canales de youtubers del estilo de Mr.Beast, pero debo reconocer que, cuando vi el vídeo de Mark Rober, me dejé llevar por la intriga generada por la presencia y protagonismo del invitado especial: el histórico sedán. Una prueba que consistió en convocar a dos colegas, ambos conocidos en el ámbito de la divulgación digital científica, para medir la capacidad destructiva de distintos métodos. Por un lado, Nile Red, especializado en reacciones químicas, apelando al ácido como elemento recurrente. Por el otro aparece The Backyard Scientist, habituado a trabajar con materiales más espectaculares y extremos como la lava.
La lava no dejó lugar ni tiempo para las dudas y causó estragos sobre un motor al que dejó fuera de combate tras cubrirlo por completo. La imagen fue contundente: sin escapatoria ante un calor que no dio margen a la resistencia. Antes había sido el turno de un Honda Civic de comienzos de los años 2000.
Sobre el bloque de su cuatro cilindros comenzó, como instancia primera, a calentarse agua regia, una sustancia conocida por su capacidad para disolver incluso metales nobles como el oro. La mezcla primero burbujeó, luego desprendió vapores y, finalmente, fue vertida a distancia sobre el conjunto mecánico en funcionamiento. El ataque químico fue directo y aparentemente definitivo. Aparentemente…
Los expertos tendrán sus debidas explicaciones de por qué tal nivel de resistencia, pero verlo seguir girando ante tanto caos representó algo así como no más palabras, su señoría. Capó levantado, el propulsor, al calor de la jornada y el ácido invadiendo los componentes, siguió en marcha como indiferente a la agresión que lo cubría sin tregua. Si la lava logró imponer su ley en la prueba final, el ácido sobre el cuatro cilindros del Civic había concluído en un momento de sensaciones encontradas: el impacto de la escena frente a la lógica comprendida por la comprobada confiabilidad.


Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.COMENTARIOS