Hay coches que nacen para ser admirados en un museo y otros que nacen para morder el asfalto hasta el último aliento. El protagonista de esta historia, un Alfa Romeo Giulia GTA con número de chasis #752664, pertenece a esta segunda estirpe. No es solo uno de los 500 ejemplares del GTA 1600 (Gran Turismo Alleggerita) que salieron de la factoría para homologar el modelo de competición; es una unidad que encarna la época dorada del automovilismo italiano, donde la pasión solía ir por delante de la conservación histórica.
Este GTA comenzó su vida de forma convencional, si es que se puede llamar convencional a una creación de Autodelta. En sus primeros años, compitió bajo la reglamentación del Grupo 2, pero su verdadero destino se selló a mediados de los años 70. Fue entonces cuando su propietario, un piloto apasionado, decidió llevar el concepto de “Alleggerita” a un extremo casi caricaturesco para adaptarlo a la normativa del Grupo 5, la categoría “Silhouette”. El resultado fue un coche tan ancho, agresivo y carismático que el público, con ese humor tan propio de los circuitos, lo apodó cariñosamente como “John Travolta”.
La metamorfosis hacia el Grupo 5
Convertir un Giulia GTA en un Grupo 5 no era una tarea para aficionados. El reglamento permitía mantener la silueta original del coche (de ahí el nombre de la categoría), pero daba libertad casi total en el ensanchamiento de las vías y en la aerodinámica. El #752664 recibió unos pasos de rueda ensanchados hasta el absurdo para dar cobijo a unos neumáticos de competición de dimensiones generosas, necesarios para transmitir al suelo toda la rabia de su motor 1.600 de doble encendido (Twin Spark).
Mecánicamente, el coche era una joya de la ingeniería artesanal. El bloque de aluminio, la culata con válvulas de mayor diámetro y el sistema de inyección mecánica Spica —o los enormes carburadores Weber según la evolución— trabajaban al unísono para ofrecer una potencia que rondaba los 170-180 CV en sus mejores momentos. Pero lo que realmente definía su presencia en las rampas de montaña italianas era su escape lateral tipo “cuello de cisne”. Un diseño que no solo buscaba la eficiencia de los gases, sino que escupía llamaradas y un aullido metálico que se convirtió en la banda sonora de las subidas en la zona de la Toscana y Emilia-Romaña.
La carrocería está brutalmente ensanchada y monta un alerón trasero descomunal, pura esencia del Grupo 5
Un guerrero con 300 cicatrices
Lo que hace especial a este ejemplar no es solo su estética de “John Travolta”, sino su hoja de servicios. Se estima que este chasis tomó la salida en más de 300 competiciones oficiales a lo largo de su vida activa. Desde circuitos emblemáticos hasta las subidas de montaña más técnicas y peligrosas de Italia. Fue un coche “de batalla”, mantenido con el presupuesto justo pero con un coraje infinito. Cada abolladura en su carrocería de Peraluman (la aleación de aluminio y magnesio propia de los GTA) contaba una historia de adelantamientos al límite y frenadas imposibles.
Sin embargo, la carrera del #752664 llegó a un final abrupto y poco glorioso. Durante una tormenta de granizo especialmente violenta en la Toscana, el coche sufrió daños considerables mientras descansaba. Lejos de repararlo para volver a la brecha, su dueño decidió guardarlo en un garaje. Lo que iba a ser una estancia temporal se convirtió en un retiro forzoso de décadas. El polvo comenzó a cubrir el rojo Alfa, las telas de araña se apoderaron del habitáculo espartano y el legendario escape “cuello de cisne” quedó en silencio, rodeado de trastos viejos y olvido.
Para muchos, el coche se había perdido para siempre. En el mundillo de los coleccionistas de Alfa Romeo, el paradero del “John Travolta” era un misterio, una leyenda urbana de las que se cuentan en las ferias de clásicos. El riesgo de que terminara desguazado para vender sus valiosas piezas de Autodelta por separado era muy real.
El rescate de la Collezione Fantini
Afortunadamente, la historia dio un vuelco digno de un guion de cine. La familia Fantini, conocidos coleccionistas y restauradores especializados en la marca del Portello, dio con el rastro del coche. Cuando abrieron las puertas del garaje donde se ocultaba, se encontraron con una cápsula del tiempo. A pesar del granizo, de la corrosión superficial y de los años de abandono, el alma del Grupo 5 seguía allí. Era un superviviente.
Con el proceso de recuperación no se ha buscado convertirlo en un coche “de concurso” aburrido y brillante, sino devolverle su dignidad de competición. La restauración ha respetado la configuración de su época más gloriosa, manteniendo los ensanches y la configuración mecánica que le dio su apodo. Verlo hoy de nuevo en funcionamiento es un ejercicio de nostalgia mecánica; el motor Twin Spark vuelve a subir de vueltas con esa alegría frenética y el escape lateral vuelve a recordar a los aficionados por qué el Giulia GTA es, probablemente, la berlina de carreras más bella y efectiva de la historia.
El Alfa Romeo chasis #752664 ya no tiene que esconderse. Ha pasado de ser un montón de metal olvidado a ser el testimonio vivo de una época en la que correr 300 carreras no era una estadística, sino una forma de vida.


Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS