Coche del día: SEAT 131 Diesel Super

Coche del día: SEAT 131 Diesel Super

El caballo de batalla definitivo para los taxistas de los 80


Tiempo de lectura: 5 min.

El SEAT 131 Diesel Super, con su motor Sofim de 2.5 litros, representa un hito fundamental en la historia del automóvil español. Lanzado en un momento de creciente demanda de vehículos diésel en el mercado nacional, este modelo no solo consolidó la presencia de SEAT en el segmento de las sedáns medias, sino que también se erigió como un referente de robustez y economía para miles de familias y profesionales. Su llegada supuso una evolución significativa respecto a las versiones diésel anteriores, ofreciendo una combinación de prestaciones, confort y fiabilidad que lo convirtió en un actor principal en las carreteras españolas de principios de los años 80.

La década de 1970 y principios de los 80 en España estuvo marcada por una profunda transformación social y económica. La crisis del petróleo de 1973 y 1979 disparó el interés por los motores diésel, que hasta entonces habían estado relegados a vehículos comerciales o de uso muy específico. En este contexto, SEAT, bajo la influencia tecnológica de FIAT, supo capitalizar esta tendencia y explotar su potencial con uno de sus últimos lanzamientos: el SEAT 131. El 131, introducido en 1975 como sustituto del exitoso 1430, se posicionó rápidamente como una sedán moderna y versátil, capaz de adaptarse a las exigencias de una sociedad en cambio. La versión diésel, por tanto, no era un mero añadido, sino una respuesta estratégica a una necesidad creciente del mercado.

Competencia y mercado nacional

El SEAT 131 Diesel Super se enfrentaba a una competencia cada vez más capaz, tanto de modelos nacionales como de importación –en aquellos años, este dato era importante–. En el segmento diésel, rivales como el Citroën CX Diesel o el Peugeot 505 Diesel ya ofrecían alternativas con un enfoque similar, aunque a menudo con un posicionamiento de precio superior. La clave del éxito del 131 radicó en su capacidad para ofrecer un equilibrio entre coste, mantenimiento y unas prestaciones razonables para la época. Su robustez mecánica y la amplia red de servicio de SEAT lo convirtieron en una opción lógica y fiable para el comprador español, que en aquellos años valoraba la durabilidad por encima de las florituras. También merece la pena destacar que SEAT, gracias al apoyo del gobierno, podía presumir de dominar el mercado con mano de hierro; todo lo que venía de fuera tenía recargo en su tarifa por diversos aranceles…

El corazón de la bestia: El motor Sofim

No obstante, bajo el capó del SEAT 131 Diesel Super no había un motor nacional, era el motor Sofim 8140.61, un propulsor de 2.445 centímetros cúbicos y cuatro cilindros en línea que entregaba 72 CV DIN a 4.200 revoluciones y un par máximo de 15,0 mkg a 2.400 revoluciones. Era un motor de origen italiano, que destacaba por su bloque de fundición y una culata de aluminio con árbol de levas movido por correa dentada, una configuración avanzada para un diésel de la época. Sustituía al anterior motor Perkins de 1.8 litros y ofrecía una mejora sustancial en potencia y refinamiento. Su presencia en el vano del 131 obligaba a una protuberancia característica, un detalle estético que delataba su naturaleza diésel y que, para muchos, se convirtió en un símbolo de su fiabilidad.

Alcanzar una velocidad máxima de 151,5 kilómetros por hora era un dato respetable para una sedán diésel de su categoría en aquellos años, según las pruebas de la revista Autopista 1.132, de enero de 1981. La aceleración, si bien no era su punto fuerte –0 a 400 metros en 20,1 segundos, 1.000 metros en quinta desde 40 kilómetros por hora en 38,3 segundos–, permitía mantener ritmos de crucero adecuados en autopista. El consumo, aunque calificado como “algo elevado” en el ámbito urbano –11,1 litros–, se tornaba “brillante” en carretera –8,8 litros–, lo que lo hacía atractivo para viajes largos y un uso intensivo.

Poder alcanzar los 150 kilómetros por hora, con un motor diésel, era motivo de orgullo en una España donde tener un sedán y, además, veloz, ayudaba a tener algo de caché

SAT 131 Diesel Super interior

La transmisión se confiaba a una caja de cambios de cinco velocidades de origen Fiat, con un escalonamiento que buscaba optimizar el consumo y las prestaciones. La dirección, de cremallera, carecía de asistencia, pero su tacto era preciso y no resultaba excesivamente dura en marcha. Los frenos, con discos delanteros y tambores traseros, eran un punto débil, calificados como “escasos” en las pruebas de la época, especialmente debido al peso adicional del motor diésel, que desplazaba el centro de gravedad hacia el eje delantero.

Interior Supermirafiori y detalles estéticos

En el interior, el 131 Diesel Super ofrecía un ambiente funcional y bien equipado para su segmento. Los asientos, tipo Supermirafiori –así los define Arturo de Andrés en la mencionada revista–, estaban tapizados en tela y proporcionaban un buen confort. El volante, de diseño de dos radios, presentaba una inclinación característica y la instrumentación, aunque completa, mostraba errores en el velocímetro y el cuentakilómetros, algo común en la época. Detalles como el acelerador de mano o la posibilidad de regular la columna de dirección en altura añadían un toque de practicidad y ergonomía.

Con respecto a su imagen, el 131 Diesel Super se distinguía por sus cuatro faros circulares halógenos, la sigla “2500” en la aleta delantera y el adhesivo “Diesel” en la boca de llenado. Estos elementos, junto con la protuberancia del capó, lo identificaban claramente como la versión más potente y equipada de la gama diésel. Su carrocería, amplia y de líneas clásicas, ofrecía un buen espacio interior para los ocupantes y un maletero generoso, cualidades muy valoradas en un coche familiar.

El SEAT 131 Diesel Super fue más que un simple medio de transporte; fue un símbolo de una época. Representó la democratización del diésel en España, ofreciendo una alternativa económica y fiable en un momento de incertidumbre energética. Su legado perdura en la memoria colectiva como un coche robusto, capaz de devorar kilómetros y de adaptarse a las exigencias de la vida cotidiana. Un verdadero “caballo de batalla” que, a pesar de sus limitaciones, dejó una huella imborrable en el parque automovilístico español.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".
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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

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Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.