El Saab 9-5 3.0 TiD fue la opción más potente, alimentada por gasóleo, de la gama del modelo sueco. Un coche que, aunque presumía de motor V6 y de mucha caballería para la época, no fue todo lo refinado y fiable que debería haber sido. Sobre todo si se tiene en cuenta la fama de Saab y que, además, no era precisamente barato. La marca pedía 6.388.000 pesetas, unos 38.393 euros de finales de los 90.
Los motores diésel fueron el pilar de ventas de todas las marcas europeas durante unas décadas. Eran tan importantes, que la cuota de mercado había alcanzado cifras del 80%, algo realmente nunca visto para esa tecnología, que siempre fue una opción minoritaria en los turismos. La evolución de esos motores, con los precios del gasóleo muy por debajo de la gasolina, permitieron que su popularidad aumentara exponencialmente y obligara a los fabricantes a invertir grandes cantidades de dinero en la puesta en circulación de toda clase de opciones con mecánica diésel.
Entre ellos, marcas como Saab, famosas por sus motores turbo gasolina, se vieron en la necesidad de poner en el mercado variantes con motores turbodiésel cuando su experiencia y sus conocimientos de la tecnología era básicamente nulos. Por eso, al menos en el caos de Saab, se recurrió a terceros, concretamente Isuzu y FIAT. La compañía japonesa era propiedad de General Motors, al igual que Saab, mientras que FIAT fue un importante colaborador de General Motors en más de una ocasión.
Así aparecieron los apreciados y recordados Saab con motores 1.9 JTD, pero también los Saab 9-5 3.0 TiD que no tienen una reputación tan sólida, algo, todo sea dicho, bastante llamativo ya que, se supone, todo lo que fabrica FIAT tiene una fiabilidad discutible y, sin embargo, todo lo que hacen las marcas japonesas es casi irrompible. Reputación, no obstante, que tiene mucho de leyenda urbana. El motor del Saab 9-5 3.0 TiD era delicado, cierto, pero si tenía un mantenimiento adecuado, las posibilidades de averías se reducían notablemente.
Su V6 diésel de origen Isuzu nunca tuvo buena prensa, con una reputación marcada por problemas de fiabilidad y fallos conocidos en la junta de culata
Ese motor del que hablamos es un V6 de 2.962 centímetros cúbicos y carrera corta —87,5 milímetros de diámetro y 82 milímetros de carrera de los pistones–, culatas de cuatro válvulas y dos árboles de levas, inyección common rail, turbo de geometría variable e intercooler. Básicamente, un propulsor a la última en cuanto a soluciones y, según la prensa de la época, con un empuje y una “fuerza tractora impresionante”. Se homologaban 176 CV a 4.000 revoluciones y 35,7 mkg a 3.000 revoluciones, suficientes para mover un desarrollo, en quinta marcha –su caja de cambios solo tenía cinco relaciones–, de 46,66 kilómetros/hora a 1.000 revoluciones. Sin embargo, en alguna ocasión, los datos en banco de potencia se quedaron ligeramente por debajo de lo anunciado en cuanto a potencia, algo poco habitual en un turbodiésel.
Pero una cosa es lo que digan las cifras “sobre el papel” y otra bien distinta lo que ocurre en un uso real. Ahí, el V6 de origen Isuzu presentaba un funcionamiento contundente en la entrega de par y en la forma en la que se desarrollaba la potencia, aunque, según parece, era un motor poco refinado para ser un seis cilindros en V que no terminaba de casar bien con un bastidor de efectividad destacada, con un equilibro y una estabilidad muy altas.
Al menos no era un coche lento. La revista Autopista, en una de sus muchas pruebas, obtuvo registros destacados. Por ejemplo, el 80 a 120 kilómetros/hora en quinta se completaba en solo 9,96 segundos. Los 400 metros desde 40 kilómetros/hora en quinta los realizaba en 17,88 segundos y los 1.000 metros con salida parada los podía recorrer en 31,02 segundos. todo ello con un consumo medio de siete litros, lo que, gracias a un depósito de 70 litros, permitía autonomías de 1.000 kilómetros.
El Saab 9-5 3.0 TiD tuvo que lidiar con su mala fama, con un precio que resultaba algo elevado y un motor que, aunque potente y veloz, sucunbía frente a los intocables 1.9 TDI. Saab pedía 6.388.000 pesetas, cuando el Audi A6 1.9 TDI en versión de 130 CV costaba 5.547.309 pesetas. Sí, anunciaba casi 50 CV menos, pero era casi igual de rápido que el Saab y tenía fama de ser mucho más fiable…


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS