Coche del día: Peugeot 205 GTX

Coche del día: Peugeot 205 GTX

El deportivo "made in Spain" que unió el diseño francés con la robustez de los motores Talbot


Tiempo de lectura: 5 min.

El Peugeot 205 GTX es uno de esos productos exclusivamente españoles que aparecieron por diferentes motivos como el aprovechamiento de maquinaria y de moldes, así como por la necesidad de cubrir huecos en el mercado de forma rápida y sencilla. De hecho, el 205 GTX, aparecido a mediados de los 80, se libraba de aquellos nefastos aranceles y, con un precio de 1.515.661 pesetas, se posicionaba como una de las opciones más interesantes de su categoría.

A principios de la década de los ochenta, el panorama automovilístico en España conservaba todavía ciertos rasgos de proteccionismo que condicionaban la oferta de las marcas generalistas. La factoría de Villaverde, en Madrid, jugaba un papel crucial en este tablero tras la absorción de Chrysler España por parte del grupo PSA. Los ingenieros de la planta madrileña debían hacer malabarismos técnicos para combinar las modernas carrocerías francesas con la herencia mecánica de los antiguos bloques Simca y Talbot que todavía se fabricaban en sus instalaciones de forma masiva.

La necesidad de un deportivo nacional

El mercado nacional demandaba vehículos con una estética deportiva y aspiracional, pero que no resultaran prohibitivos por precio o por la complejidad de los nuevos sistemas de inyección electrónica. En aquel momento, ver un coche con siglas deportivas era sinónimo de estatus, aunque bajo el capó se escondieran soluciones más tradicionales y robustas. Esta coyuntura económica y social creó el caldo de cultivo ideal para que aparecieran versiones específicas que solo tuvieron sentido dentro de nuestras fronteras.

La competencia en el segmento de los polivalentes era feroz, con el recién llegado SEAT Ibiza y el veterano Ford Fiesta peleando por cada cifra de ventas. Peugeot necesitó un golpe de efecto que situara al 205 como la referencia absoluta, no solo en las versiones básicas de transporte urbano, sino también en el terreno de las sensaciones al volante. La respuesta no llegó de París, sino de la propia capacidad de adaptación de la industria madrileña, aprovechando el legado de la antigua Barreiros.

Un GTI para todos los públicos

El Peugeot 205 GTX apareció como la solución perfecta para cubrir el enorme hueco existente entre las versiones modestas y el exclusivo GTI. Mientras que en Francia se conformaban con acabados más discretos como el GT o el XS, en España se optó por una receta mucho más picante. La idea consistió en vestir la carrocería con el traje de gala de la versión más prestacional —o uno muy, muy similar—, pero manteniendo un corazón mecánico fiel a la carburación y a la sencillez técnica de la vieja escuela de Talbot.

Peugeot 205 GTX (2)

Si no fuera por las llantas de 13 pulgadas, de lejos podría ser confundido con un 205 GTI 1.6

Dentro del catálogo de 1987, el GTX se convirtió rápidamente en el objeto de deseo de los conductores más jóvenes. Su estampa era prácticamente indistinguible de la de un GTI 1.6, gracias al uso de los mismos aletines negros, los parachoques con la mítica franja roja y unas llantas de aleación que gritaban deportividad pero, aquí sí, eran diferentes a las del GTI. Fue, en esencia, un ejercicio de “diseño democrático” que permitió a muchos disfrutar de la estética de un campeón de rallies con unos costes de mantenimiento mucho más terrenales y una mecánica que cualquier taller de barrio sabía tocar.

El bloque de 1.6 litros: potencia y robustez

Uno de los mayores atractivos de este modelo residía en su honestidad. No pretendía ser el más refinado ni el más tecnológico, pero ofrecía una relación entre peso y potencia que sacaba los colores a vehículos de segmentos superiores. Mientras algunos rivales empezaban con el uso de culatas con árboles de levas en cabeza y alimentación por inyección, el motor del 205 GTX recurría todavía a un árbol de levas lateral, varillas y balancines, así como a un carburador de doble cuerpo para la mezcla aire-gasolina.

Este propulsor de 1.592 centímetros cúbicos y carrera corta —80,6 por 78 milímetros— rendía 94 CV a 5.700 revoluciones y un par de 13,7 mkg a 4.000 vueltas. Estaba en línea con todos los rivales de la época, como el Ford Fiesta XR2 (96 CV), el Citroën AX Sport (95 CV) o el Renault 5 GTX (90 CV). Se parecían incluso en las prestaciones, ya que todos rondaban entre los 170 y los 180 km/h de velocidad máxima, moviéndose entre los 17 y los 18 segundos para cubrir los primeros 400 metros desde parado.

Análisis de rendimiento y equipamiento

No obstante, hay que destacar que el 205 GTX era el más lento de su grupo, con esos 173 km/h de velocidad punta, así como el que más gastaba, con una media de 9 litros (el más parco en consumo era el Opel Corsa GSi, con 7,6 litros de media gracias a su inyección). A pesar de ello, el comportamiento dinámico del 205 compensaba con creces estas cifras, ofreciendo esa agilidad legendaria del eje trasero de la firma francesa que hacía las delicias de los conductores más entusiastas en tramos de montaña.

Peugeot pedía 1.515.661 pesetas por el 205 GTX, una cifra competitiva que incluía de serie elementos como el cierre centralizado y los elevalunas eléctricos. Sin embargo, en un ejercicio de austeridad típico de la época, dejaba como opción el aire acondicionado y no podía montar, de ninguna manera, la dirección asistida. Esto último obligaba al conductor a realizar un esfuerzo extra en maniobras, pero a cambio ofrecía una conexión directa con el asfalto que hoy en día muchos puristas echan de menos.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".
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Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

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