Tras el éxito rotundo del Honda CR-V en Europa, la firma nipona decidió dar un paso más allá y comercializar un vehículo presentado en el Salón de Ginebra de 1999. Estaba dirigido a un sector del mercado joven y dinámico, algo que quedaba patente en su atrevida gama de colores exteriores: amarillo piña, plata metálico, azul supersónico y verde perlado.
Un formato rompedor y alma de turismo
Honda desarrolló un todocamino compacto de algo más de 4 metros de longitud, con una carrocería de tres puertas de líneas sencillas y una gran superficie acristalada. Su carácter deportivo se reforzaba con llantas de aleación de cinco brazos, neumáticos en medida 205/60 R16 y un llamativo alerón posterior en el techo. La gran novedad residía en su capacidad para desenvolverse en superficies de baja adherencia gracias a un sistema de transmisión heredado de su hermano mayor, el CR-V.
Su chasis monocasco recurría a suspensiones de corte automovilístico: columnas Macpherson en el tren delantero y un eje De Dion guiado por brazos longitudinales y barra Panhard en el trasero, dotado además de barras estabilizadoras en ambos ejes. La frenada combinaba discos ventilados delanteros y tambores traseros, respaldados por un sistema ABS con distribución electrónica de frenada EBD.
Motor 1.6i de 105 CV: Rendimiento y carácter alegre
Bajo el capó montaba el bloque de aluminio D16W1 de cuatro cilindros y 1.590 cc, equipado con una culata de 16 válvulas y alimentación PGM-FI. Entregaba 105 CV a 6.200 rpm y un par máximo de 134 Nm a 3.400 rpm. Aunque a bajas revoluciones pecaba de cierta falta de carácter, su rango óptimo se situaba entre las 3.000 y las 6.000 rpm, estirándose sin problemas hasta las 7.000 rpm. Con un peso de 1.180 kg, alcanzaba los 168 km/h y completaba el 0 a 100 km/h en 11,5 segundos, a cambio de un consumo medio que rondaba los 10 litros cada 100 km debido a sus alegres regímenes de giro.
El Honda HR-V combinó la agilidad de un turismo con la versatilidad de la tracción total en un formato compacto y rompedor, convirtiéndose en el precursor indiscutible de los SUV urbanos actuales
Tracción inteligente Real Time 4WD
El HR-V equipaba el sistema de tracción total a tiempo real de Honda. En condiciones normales funcionaba como un tracción delantera, conectando el eje posterior de forma automática mediante un embrague multidisco y un doble sistema de bombas hidráulicas en cuanto detectaba una mínima pérdida de adherencia en el tren delantero, derivando hasta un 50% del par atrás.
Habitabilidad y comportamiento dinámico
Homologado para cuatro pasajeros, su habitáculo destacaba por su luminosidad y un maletero de 285 litros. El puesto de conducción recordaba más al de un turismo que al de un 4×4 tradicional. Sobre el asfalto, su comportamiento era sobresaliente: gracias a un centro de gravedad bien estudiado y una batalla corta, el balanceo era mínimo y la agilidad en curvas muy elevada. Fuera de lo negro, en cambio, sus capacidades quedaban limitadas a pistas forestales sencillas, careciendo de reductora o recorridos de suspensión extremos (34 cm delante y 35 cm detrás).
Con un precio de partida de 19.000 euros en 1999, el Honda HR-V se posicionó como una alternativa fresca y original frente a rivales como el Toyota RAV4 o el Land Rover Freelander, priorizando la agilidad urbana y la seguridad sobre el asfalto por encima de las aptitudes puramente camperas.


Javier Gutierrez