Coche del día: Citroën C4 2.0 HDi CAS (MK1)

Coche del día: Citroën C4 2.0 HDi CAS (MK1)

Cuando la firma francesa quiso merendarse al Golf V con tecnología y personalidad


Tiempo de lectura: 6 min.

El Citroën C4 2.0 HDi CAS podría haber sido, con toda seguridad, una de las opciones más lógicas en el catálogo del modelo francés. Combinaba un motor turbodiésel con un moderno cambio automático y un tamaño que, allá por inicios del Siglo XXI, era uno de los más populares en Europa. Es decir, el C4 2.0 HDi CAS entraba de lleno en el segmento más competido del Viejo Continente y para ello, era imprescindible hacer las cosas bien, muy bien.

Citroën, durante muchos años, estuvo en lo más alto de las listas de ventas gracias al Xsara. El sustituto del Citroën ZX fue un paso al frente en muchos apartados, como la calidad de los acabados o la ergonomía, pero sin que fuera, realmente, un cambio radical en cuanto a bastidor. Un acierto, para ser sinceros, pues el Xsara demostró ser un coche para conductores “con manos”. Sacar la quintaesencia al compacto francés no estaba al alcance de todos los conductores y las revistas no perdieron la oportunidad de destacar sus buenas capacidades dinámicas. El coche fue un éxito de ventas junto a su hermano pequeño, el Citroën Saxo, pero como suele ocurrir, todo tiene un final.

A comienzos del Siglo XXI, los rivales habían evolucionado de forma importante y el Xsara no podía mantener el tipo, así que la firma francesa, que ya lo tenía todo previsto –pocas veces veremos que una firma automovilística pierde el paso–, no tardó en mostrar cómo sería el reemplazo para su exitoso compacto. Y lo hicieron de forma impactante, con la variante WRC que llevaría a Sébastien Loeb a lo más alto del Mundial de Rallies en varias ocasiones. Era el año 2003 y el Citroën C4 –así se llamaría– ocupaba todas las portadas de las revistas.

La puesta en escena de la versión de producción, presentada un año después, obtuvo el mismo recibimiento, pues no solo guardaba la interesante línea del coche de rallies, sino que se acompañaba de una, no menos interesante, carrocería de cinco puertas que mostraba un notable contraste con la variante coupé, que es como se denominaba la carrocería de tres puertas. Con una línea de techo brutalmente redondeada, la personalidad del Citroën C4 cinco puertas era, sencillamente, la más fuerte de todo el segmento de los compactos; era Citroën en estado puro y el público no tardó en responder con unas ventas elevadas casi desde el primer momento.

Citroën C4 2 0 HDi CAS

Por supuesto, el éxito vino gracias, entre otras cosas, a la presencia de unos propulsores turbodiésel de muy buen rendimiento, sobre todo el más potente de la gama, el 2.0 HDi de 138 CV. En aquellos años –hablamos de entre 2004 y 2010–, la tecnología diésel lo dominaba todo, era la era de los diésel y si se quería triunfar en Europa, había que tener, mínimo, un propulsor turbodiésel en el catálogo, sino que se lo digan a Honda o Lexus, dos marcas contrarias a la tecnología más popular de Europa, obligadas a ofrecerla si querían vender algo.

Frente a frente con el Volkswagen Golf V

El Citroën C4 2.0 HDi tenía un objetivo claro: ser la referencia del segmento, por encima del Volkswagen Golf. El modelo alemán era “el coco”, el coche a batir en todos los aspectos y el C4 se tuvo que ver las caras con el que, quizá, fue uno de los mejores de la saga: el Golf V. Sin embargo, tenía argumentos más que buenos para poner batirse el cobre con el alemán, como el mencionado propulsor 2.0 HDi que, combinado con un cambio automático por convertidor de par, presentaba una opción “muy Citroën” por comportamiento y prestaciones, frente al 2.0 TDI DSG del alemán.

Mencionar al Golf cuando se habla de compactos en los inicios del Siglo XXI es algo obligado, pero también lo es hablar del Renault Mégane II o del Peugeot 308, coches pensados para ser una alternativa al compacto de Volkswagen; todo giraba, o casi, alrededor del Golf. Y eso se notó especialmente en el C4, pues rompió algunos moldes con el objetivo de destacar por encima del alemán: volante de núcleo fijo –solo giraba el aro, el módulo central era estático–, instrumentación traslúdica en posición central –evitaba brillos–, equipamiento muy completo en todas las versiones, mejoras en calidad frente al Xsara…

El Citroën C4 2.0 HDi era mejor coche de lo que muchos quisieron reconocer. De hecho, la revista Autopista, en una de sus muchas pruebas –el C4 pasó por sus páginas infinidad de veces– destacó, en el caso de la variante equipada con cambio automático, el buen funcionamiento de todo el conjunto. Con 1.997 centímetros cúbicos, culata de cuatro válvulas por cilindro y dos árboles de levas, inyección common rail, turbo de geometría variable e intercooler, los 138 CV antes mencionados llegaban a 4.000 revoluciones, precedidos, no obstante, por 32,7 mkg a 2.000 revoluciones. Cerca de 300 Nm de par era una cifra respetable y permitía que el cambio, de seis relaciones, tuviera un desarrollo muy largo. La quinta, por ejemplo, se iba hasta los 43,36 kilómetros/hora a 1.000 revoluciones, pero la sexta daba un salto hasta los 54,04 kilómetros/hora a 1.000 revoluciones.

Se homologaban consumos de 6,6 litros a los 100 kilómetros en ciclo mixto y una velocidad máxima de 206 kilómetros/hora, nada mal para un compacto de casi 1.500 kilos de peso. Cifras que las revistas de la época casi, casi confirmaron. Por ejemplo, el consumo “real” obtenido por la prensa rondaba los 6,5 litros de media, lo que permitía presumir de más de 900 kilómetros de autonomía teórica gracias a un depósito de 60 litros. Hacía el 0 a 400 metros en 17,52 segundos y las recuperaciones de 80 a 120 kilómetros/hora se despachaban en 7,8 segundos.

Con un precio de 22.370 euros, el Citroën C4 2.0 HDi CAS no era el más barato del segmento –ese honor era para el Renault Mégane 1.9 dCi Aut., con un precio de 21.851 euros–, pero la firma francesa siempre trabajó con ofertas y descuentos que convertían a su coche en una compra muy interesante. Además, era un coche muy cómodo, muy fácil de conducir, llamativamente eficaz y uno de los más seguros de su categoría.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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