Lincoln Continental 1977: Un Town Car con lujo y trasplante de corazón

Lincoln Continental 1977: Un Town Car con lujo y trasplante de corazón

El ejemplar fue recuperado y puesto en valor años atrás, respetando el estilo de techo distintivo de la especificación original, pero recibiendo un V8 más moderno y potente


Tiempo de lectura: 3 min.

A su manera, este Lincoln Continental 1977 conserva el espíritu de la filosofía original. Creo que he dicho bastante. Sobre este ejemplar, un taller de restauración dejó su impronta de remodelado y, ahora, la esencia premium de la versión de quinta generación que siempre llevó consigo ya no es solamente esencia premium.

Reluciente, con una presencia que parte de sus casi seis metros de longitud que nos detiene a contemplar como la primera vez, le ha abierto no las puertas, sino el capó a un intruso que no se corresponde con su época, pero por demás bienvenido para su declaración de intenciones. Antes del cambio de ecuación, un poco de historia.

Haber sido desplegada durante toda la década de los sesenta no fue casualidad. La cuarta generación, despojada de la ostentación que en el Continental antecesor había sido marca registrada, sentó las bases a fuerza de confiabilidad comercial en el largo plazo, a través de un cuatro puertas que, además de reducirse en largo, se fue perfeccionando año a año mediante optimizaciones puntuales y precios rebajados.

La quinta generación del Lincoln Continental y la máxima expresión de su lujo

Signada por cambios estructurales, tamaños afectados de la competencia por el contexto de los años setenta y normativas de seguridad que obligaban a implementar elementos que aportaron centímetros al coche, la quinta generación sería recordada como una etapa en la que Lincoln se encontró fabricando los automóviles más largos del mundo. La marca profundizó en el concepto de diseño rectilíneo, aunque con un estilo más sobrio, y ahora el lujo impuso las condiciones con más énfasis.

El confort, el gran pilar que se expresaba en atributos como el aislamiento acústico y un interior caracterizado por elocuentes acolchados. Pero la máxima y más sofisticada expresión corrió por cuenta del Continental Town Car, un nivel que pasó de versión a submodelo y que apuntaba a clientes en búsqueda de una vara más alta en cuanto a materiales y comodidades.

Un Continental que agregaba unos asientos con seis niveles de posiciones de accionamiento eléctrico, control automático de temperatura, tapizado de cuero y alfombrado para el maletero y la cubierta de la rueda de repuesto, y la cereza del postre que se revelaba en lo más alto: el techo acolchado de vinilo, como el que la unidad en cuestión mantiene. No esperábamos menos, tratándose del sello, tal vez, más distintivo del Continental Town Car.

lincoln continental 1977 coyote v8 (3)

Lincoln Continental 1977 Town Car: de V8 400 a V8 Coyote

Pero el techo de vinilo que actualmente muestra con orgullo no es el original, sino parte de una renovación en la que lo acompañó con una capa de pintura Ford Tuxedo negra metalizada y un triple cromado de exterior. Una puesta en valor que no consistió en hacer que el coche recuperara todas sus especificaciones de fábrica. Todo lo contrario, pues de las instalaciones de Chris Carlson Hot Rods –toda una referencia en eventos como el SEMA Show, este Lincoln Continental 1977 Town Car se marchó no con el V8 de 400 pulgadas cúbicas original, sino con un V8 Coyote de segunda generación.

El resultado es, entonces, un Town Car que ahora envía a sus ruedas con llantas de aleación de 15 pulgadas una máxima de 435 CV y 542 Nm de par motor. Durante este trabajo para el que se invirtió una suma de 114.000 dólares, el trasplante de corazón no fue el único cambio significativo, ya que la restauración incluyó nuevos amortiguadores y una suspensión rebajada en ambos ejes. En definitiva, un Continental con lujo y bastante más, seguramente incomparable con los ejemplares sobrevivientes de su especie.

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Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.
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