El Chrysler LHS era el buque insignia de la firma norteamericana, sobre la plataforma LH, compartida con los Chrysler Concorde, con el Dodge intrepid y con el que, en Europa, se vendió como Chrysler Vision. También compartía muchas cosas con el Chrysler 300M, aunque era más grande y buscaba un mayor empaque. Era un coche muy grande, lo que en Estados Unidos llaman “full size” y era de los primeros modelos en incorporar el concepto “car-forward” o cabina adelantada, tan característico de Chrysler en la década de los 90.
Durante los años 90, Chrysler vivió grandes momentos y contaba con una gama de modelos muy amplia y con opciones en todas las categorías. No obstante, se habían adentrado en el segmento “full size”, la categoría de coches de lujo estadounidense, con tres modelos que compartían muchas cosas: Chrysler LHS, Chrysler New Yorker y Chrysler Concorde. Básicamente, tres modelos casi idénticos, separados por sus acabados y por su planteamiento; el Concorde era el menos lujoso, el New Yorker la opción intermedia y el LHS era la máxima expresión de la idea.
El New Yorker se retiró del mercado pronto y se reemplazó por el Eagle vision, coche que se vendió en Europa bajo el sello de Chrysler y se sumó a la gama, a finales de los 90, el Chrysler 300M, que reemplazaba al Vision en el catálogo. coches, todo ellos, basados en el concepto de cabina adelantada y sobre una plataforma cuyo origen es de lo más interesante.
Para conocer el origen de esta plataforma, tenemos que irnos atrás en el tiempo, a cuando Renault quiso llegar a Estados Unidos y se alió con AMC. a firma norteamericana tomó prestada la plataforma del Renault 25 par el Eagle Premier, aunque fue debidamente adaptada a las nuevas exigencias. Pues bien, los Chrysler LHS empleaban una evolución de esa plataforma, tanto la generación de 1994 como la que se presentó algo después, en 1999. Obviamente, esa plataforma acabó en manos de Chrysler cuando estos compraron AMC en 1987.
El Chrysler LHS fue un modelo puramente estadounidense, sin intenciones de salir de su mercado local. Lo más parecido que llegó a Europa fue el Chrysler Vision, que se vendía en su mercado natal como Eagle Vision
Así, en 1994, el Chrysler LHS se puso en circulación como un coche notablemente llamativo por su diseño –la cabina adelantada mejoraba no solo la aerodinámica y el espacio del habitáculo, sino que ofrecía una imagen más dinámica e interesante–. La prensa de la época decía que, por ejemplo, la línea del techo estaba inspirada en el Jaguar 420, pero no se dijo que su plataforma tenía origen en una diseñada en Francia por Renault en la década de los 80. Prefirieron destacar el diseño, las incorporaciones tecnológicas –airbags, frenos ABS–.
La idea que había en Chrysler era, por supuesto, la de “copiar” el desempeño de los coches europeos, pero al estilo yankee. De hecho, algunos medios estadounidenses llegaron a decir que podía ser fácilmente confundido con un modelo alemán, aunque seguro que muchos aficionados europeos podrían decir algunas cosas al respecto.
Como buen “full size” americano, el Chrysler LHS era enorme. Medía 5,26 metros de largo y 1,89 metros de ancho. La distancia entre ejes era de 2,87 metros y pesaba más de 1.500 kilos. Y no olvidar que hablamos de un coche de mediados de los 90…
Bajo el capó, un V6 de 3,5 litros –3.518 centímetros cúbicos exactamente– de aspiración atmosférica e inyección, con 214 CV a 5.800 revoluciones y 300 Nm de par a 2.800 revoluciones. Las ruedas delanteras eran las encargadas de mover el coche, gracias a la potencia que llegaba desde un cambio automático de cuatro relaciones que, según se decía, era claramente mejorable.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS