El BMW 316i era, con un precio de 3.890.000 pesetas, la opción más accesible a la gama del E46. El objetivo era, como cabría esperar, robar clientes a los rivales, especialmente al Audi A4, que tenía un importante éxito de ventas con algunas versiones. Además, el Serie 3 Compact no había tenido la aceptación esperada y eso ayudaba, en parte, a que las ventas del A4 fueran un poquito mejor. Obviamente, el 316i era el Serie 3 menos potente y equipado, pero la marca esperaba tener una acogida suficientemente grande como para, como se suele decir, salvas los trastos.
Allá por los 90, la puesta en escena del Audi A4 puso el segmento de los sedanes premium patas arriba. Aparecido como reemplazo del Audi 80, pasó rápidamente por encima del BMW Serie 3, que por entonces estaba en su generación E36, y pasó por encima del Mercedes Clase C, que todavía mantenía esa esencia clásica, tan Mercedes de los 90 –era la generación W202, el reemplazo del 190E–. BMW tardó cuatro años en lanzar la renovación de su Serie 3, mientras que el W202 de la estrella aguantó en el mercado hasta el año 2000, no en balde, comenzó su vida comercial un año antes que el A4.
Con el Serie 3 E46, BMW esperaba poder recuperar terreno frente al coche de los cuatro aros, para lo cual, había diseñado un catálogo con opciones muy interesantes. Había motores diésel de buenas prestaciones –demostraron estar entre los mejores motores de su clase–, tenía acabados clásicos y, por supuesto, deportivos, pero según avanzaba la comercialización del modelo, fueron llegaron opciones con las que se buscaba potenciar todavía más las ventas, en pos de superar a su rival que tanto éxito tenía.
Estéticamente, se podía identificar por los embellecedores de plástico, la calandra sin cromados, las molduras de color negro… Aunque si se pagaban las llantas de aleación, podía llegar a confundirse con un BMW 318i
Así llegó el BMW 316i, la variante más sencilla y accesible del modelo alemán. Una opción que, por precio, se colocaba justo debajo del Audi A4 más barato –3.890.000 pesetas frente a 4.080.000 pesetas del A4 1.8–, aunque por prestaciones y equipamiento también se colocaba un poco por detrás. En aquellos años, los fabricantes alemanes ofrecían coches con muy poco equipamiento, con la excusa de la personalización y también para mantener los precios relativamente ajustados. Sirva de ejemplo que el BMW 316i tenía como opción los airbags laterales, el control de crucero, el ordenador de viaje, los elevalunas eléctricos traseros o las llantas de aleación –montaba embellecedores de plástico–, entre otras cosas como el volante forrado en cuero.
No obstante, aunque su denominación fuera 316i, no escondía un bloque de 1,6 litros como sí ocurría con el E36, en realidad era el propulsor del BMW 318i con una gestión electrónica diferente para rebajar sus prestaciones. Es decir, tenía el cuatro cilindros de 1.895 centímetros cúbicos de carrera ligeramente larga –83,5 por 85 milímetros para diámetro y carrera–, un árbol de levas en culata y dos válvulas por cilindro, que para la ocasión rendía 105 CV 5.300 revoluciones y 16,8 mkg a 2.500 revoluciones. Era una cifra de potencia bastante justa, que tenía que tirar de un conjunto que pesaba 1.285 kilos, lo que impedía que fuera especialmente veloz. La marca homologó 200 kilómetros/hora de velocidad punta y un 0 a 100 kilómetros/hora en 12,4 segundos, lo que dejaba claro que lo suyo no eran las prestaciones.
Curiosamente, Autopista logró un 0 a 100 kilómetros/hora en 11,39 segundos, más rápido que los datos oficiales, mientras que el 0 a 400 metros lo completaron en 18,19 segundos y los 1.000 metros desde parado en 33,85 segundos. En cuanto a recuperaciones, el 80 a 120 kilómetros/hora en quinta necesitaba 16,55 segundos.
Por supuesto, la conducción estaba lejos de cualquier complicación. El chasis podía con mucha más potencia –como se demostró con versiones como el BMW 328i– y la monta de ruedas, 195/65 HR15, era más que suficiente para ofrecer un buen agarre. Fácil de conducir, suave en la entrega de potencia y bastante silencioso, el BMW 316i no era veloz, pero era agradable y cumplidor.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".