He aquí una batalla de la que los puristas de Ferrari no salen victoriosos. El color, el Rosso Corsa como tonalidad emblema, parece serlo todo en Maranello, pero una cosa es ser símbolo y otra muy distinta un valor innegociable. El rojo en Ferrari no es innegociable y la prueba está en los modelos que nacieron para vestirse con otras ropas, los que se apropiaron de un color en específico para que, una vez pasados sus minutos de fama, se los visualice en la memoria de esa manera.
La prueba también está en las unidades que, aunque con cierta pizca de transgresoras, conocen el arte del buen lucir, Es decir, que eso que tan bien está luciendo es su rostro más representativo, sino una faceta más circunstancial. Por todo ello, no creo que el Ferrari California sea el ejemplo más adecuado para resumir en un coche el estereotipo del rojo Ferrari, precisamente porque es prueba partida doble.
Por un lado, claramente no nació para alimentar el ego de los fundamentalistas. Hay colores que no son el rosso que al California le quedan bien antes que el propio rosso. Si me preguntan, el amarillo, vaya alternativa que ha demostrado funcionar a lo largo de la historia de la marca italiana, es el color perfecto tanto para el convertible lanzado en 2008 como para su remake del 2014, el Ferrari California T. Por otro lado, también demostró versatilidad cuando –aquí lo circunstancial– en 2017 fue sometido a un inusual tricolor.
Con motivo del 70° aniversario de Ferrari, ese año los de Maranello intervinieron el aspecto estándar de 70 unidades con decoraciones que homenajearon, cada una, a un coche histórico de la firma. En la gama comercializada en 2017, compuesta por el GTC4 Lusso, el Ferrari F12, los 488 GTB y 488 Spider y el California T, se repartieron las 70 mal llamadas personalizaciones –aunque hayan estado a cargo del departamento Tailor Made–. Uno que se vio en un Ferrari California T, denominado The Rally Car, está ahora mismo en venta.
Las alarmas de los coleccionistas se han encendido: es su oportunidad de llevarse a su cochera un Ferrari único e irrepetible. Y suenan con mayor estridencia a raíz del cúmulo de accesorios necesarios para completar el museo, como un coche a escala, un libro informativo y hasta una pintura al óleo de la versión. Las alarmas ya directamente despiertan a un pueblo entero de fetichistas con dinero producto del celoso cuidado: el kilometraje que registra lo ha acumulado únicamente durante sus visitas anuales a las sesiones de mantenimiento.
El libro no es una pieza menor, porque allí te adentras en el California T intervenido, pero sobre todo en ese coche histórico al que rinde tributo: el Ferrari 308 GTB que en 1982 ganó el Tour de France y el Campeonato Italiano. Un deportivo de rallye que, si de coches a escala hablamos, te aseguro que encuentras en más de una repisa tifosi. Para la ocasión, esta unidad recibió un tratamiento en el que el Rosso se limita por fuera a una delgada línea en la zona baja e impacta por dentro con los asientos, y en el que un Blu Mariner se aplica como segundario, detrás del Bianco Italia protagonista.


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Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.