Coche del día: Audi A3 1.8 (8L)

Coche del día: Audi A3 1.8 (8L)


Tiempo de lectura: 3 min.

El Audi A3 1.8 no era un coche especialmente rápido, ni tampoco más poderoso que la media. La apuesta del compacto alemán con el propulsor atmosférico de 20 válvulas iba en otro sentido: refinamiento, elevado agrado de conducción y un planteamiento tan premium como el resto de modelos que conformaban el catálogo de la firma alemana.

La puesta en escena, a mediados de los 90, del Audi A3, suponía una auténtica novedad en el segmento y la creación, o casi, de un nicho en el segmento de los compactos. No era la primera vez que la firma de los cuatro aros se adentraba en segmentos inferiores –no olvidemos el efímero Audi 50–, pero sí era la primera vez que lo hacía tan en serio y con tantos argumentos.

El Audi A3 no era, como se dijo en su momento, un Volkswagen Golf más caro. Sí, compartían muchas cosas –también con el SEAT León, entre otros–, pero el modelo de Audi iba un paso más allá en todos los apartados: calidades, construcción, puesta a punto y tacto general… Decir que era “un simple Golf más caro” demostraba una clara desinformación.

Así, el Audi A3 estaba, por así decirlo, solo en su posición. El BMW Compact no se podía considerar un compacto al uso y tan solo el mencionado Volkswagen Golf podía incomodar un poco. Además, el planteamiento del A3 era más altivo que sus compañeros de segmento y se notaba en muchos apartados. Por ejemplo, la versión equipada con el propulsor de 1,8 litros y culata de 20 válvulas demostraba tener un talante más refinado y, en definitiva, premium, que cualquier otro contrincante en su categoría.

Cuando salió al mercado en 1996, era el primer compacto de alta gama ‘de verdad’ que había disponible

Audi A3 1 8 20v

La puesta a punto era la piedra angular, junto con la calidad general, pero el propulsor de 20 válvulas era clave. Este polifacético motor, que que gracias al turbo llegó a rendir hasta 240 CV, tenía, en su versión atmosférica, su variante menos prestacional, aunque no por ello la peor. Con 1.781 centímetros cúbicos –carrera larga: 81 milímetros de diámetro y 86,4 milímetros de carrera–, cinco válvulas por cilindro y distribución vriable, rendía 125 CV a 6.000 revoluciones y 17,6 mkg a 4.100 revoluciones. No eran cifras especialmente altas, sobre todo la concerniente al par, pero permitían un funcionamiento suave y agradable, que se compajinaba adecuadamente con un cambio de cinco relaciones y desarrollos tirando a cortos –la quinta se iba hasta los 32,75 kilómetros/hora a 1.000 revoluciones–.

El conjunto presentaba un temperamento tranquilo y muy lineal, que requería de revoluciones para moverse con agilidad, lo que se dejaba notar en las prestaciones. Por ejemplo, los 400 metros con salida parada se completaban en 17,94 segundos y los 1.000 metros, igualmente con salida parada, se hacían en 32,97 segundos. El 80 a 120 kilómetros/hora en quinta podía completarse en 16,64 segundos y la velocidad máxima oficial era de 202 kilómetros/hora.

No era un coche veloz, pero lo compensaba con una calidad de rodadura por encima de la media, así como un tacto de todos los mandos al nivel de sus hermanos mayores. Estabilidad y sensación de aplomo eran elevados, mientras que los consumos, con una media de 8,3 litros, permitían una autonomía de 660 kilómetros gracias a un depósito de 55 litros.

El Audi A3 1.8 no era barato, pero con un precio de 3.200.000 pesetas era más interesante que el BMW 318 Ti Compact, cuyo precio era de 3.471.000 pesetas. De hecho, era poco más caro que el Volkswagen Golf GTI III de 115 CV, cuyo precio se situaba en 3.110.000 pesetas –todavía no había aparecido el Golf IV, llegaría poco después sobre la misma plataforma–.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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