Hay coches que mueren del todo y otros que se resisten, y el Tommykaira ZZ es de esos más cabezones que un maño discutiendo con un tren, porque lleva descatalogado desde 2021 y aun así acaba de reaparecer con la cara lavada en un ejemplar único llamado Number Nine Works Sweep 9. No es un proyecto de fábrica ni una resurrección comercial, sino el capricho de dos antiguos empleados de la marca que decidieron darle al deportivo japonés un restyling con calidad de serie, y lo más curioso es que el resultado puede circular legalmente por las carreteras de Japón con matrícula propia.
Conviene situar el de dónde viene este coche antes de entrar en detalles, porque Tommykaira es una de esas marcas que el aficionado europeo apenas conoce y que merece bastante más atención de la que ha tenido por estos lares.
La marca que nació de dos cabezas privilegiadas
Tommykaira surgió en Kioto en 1986 de la mano de Yoshikazu Tomita y Kikuo Kaira, dos amigos que aportaban justo lo que le faltaba al otro, porque Tomita venía de la ingeniería mecánica mientras que Kaira se había formado en el diseño. El nombre de la marca es la fusión literal de sus apellidos, “Tommy” por Tomita y “Kaira” por Kaira, una combinación que reflejaba esa sociedad entre el músculo técnico y la sensibilidad estética que terminó definiendo cada uno de sus coches.
Ojo, que Kaira no era un diseñador cualquiera, porque antes de montar la marca había trabajado en el Toyota DOME 84C de Le Mans y en un monoplaza de Fórmula 1 del equipo Kojima, así que el tipo sabía perfectamente lo que era construir un coche para correr de verdad. Esa mezcla de pedigrí de competición y manía por el detalle marcó el carácter de Tommykaira desde el primer día, porque no querían hacer solamente carrocerías bonitas sino máquinas que funcionaran en pista y en carretera por igual. La marca empezó tuneando un Mercedes 190E en 1987, rebautizado como Tommykaira M19, pero pronto se centró en lo que de verdad se le daba bien, que era exprimir los coches japoneses, así que firmó contratos con Nissan y Subaru y se hizo un nombre transformando los Skyline e Impreza en máquinas de prestaciones afiladas, hasta el punto de que sus versiones completas pasaron a cotizarse como objetos de colección por derecho propio entre los entusiastas más cafeteros.
Total que, después de años puliendo coches ajenos, a los dos socios se les metió en la cabeza el construir uno propio. Esa decisión cambió el rumbo de la marca al elevarla de simple preparador a fabricante de pleno derecho, una transición que poquísimos talleres del mundo (como RUF) han conseguido completar sin pegarse el tortazo. El fruto de esa ambición fue el ZZ, el coche que define a Tommykaira por encima de cualquier otra cosa, aunque la historia de la marca esconde algún capítulo más turbio que conviene no pasar por alto.
El ZZ tuvo un sucesor que estuvo a punto de cambiarlo todo, el ZZII, un prototipo de supercar de motor central que Tommykaira enseñó en el Salón de Fráncfort de 2001 con un RB26 de Skyline modificado y tracción total que estaba pensado para plantar cara a los grandes deportivos europeos. Aquel coche nunca llegó a producirse, porque la marca acabó comprada por Autobacs Seven y rebautizada como ASL, lo que dejó el ZZII en un cajón durante más de dos décadas hasta que el cofundador Tomita lo desempolvó en 2025 para enseñar al mundo el único ejemplar que existe.
Un peso pluma japonés con alma de Lotus
El Tommykaira ZZ original nació de cuatro años de desarrollo y llegó al mercado entre 1996 y 2000, con una filosofía clarísima que sus creadores resumían en que la ligereza era el arma más poderosa. El coche pesaba apenas 650 kilos gracias a un chasis de monocasco de aluminio con subchasis tubulares de acero, una cifra que hoy parece de otro planeta cuando cualquier utilitario ronda la tonelada y media sin despeinarse.
Bajo la carrocería iba un motor Nissan SR20DE de 2.0 litros y cuatro cilindros atmosférico, alimentado por cuatro carburadores Keihin de 45 mm y colocado en posición central trasera, que entregaba unos 178 CV a las ruedas traseras mediante una caja manual de cinco velocidades. Esos números no impresionan sobre el papel, pero con 650 kilos a las espaldas bastaban para clavar el cero a cien en torno a cuatro segundos y rozar los 240 km/h, así que el ZZ corría como un demonio precisamente porque no cargaba con un gramo de más.
Lo más sorprendente del asunto es que este japonés se fabricaba en Inglaterra, concretamente en Norfolk, donde Tomita Auto UK ensamblaba los coches bajo supervisión nipona en pleno corazón de la industria deportiva británica. El paralelismo con el Lotus Elise resulta inevitable porque ambos compartían la misma obsesión de Colin Chapman por el poco peso y la conducción analógica, hasta el punto de que más de un medio ha llamado al ZZ el Elise japonés, aunque con un punto más gamberro en el reparto. La gracia es que el ZZ se adelantó en algunos aspectos a la propia escuela de Hethel, porque su monocasco de aluminio lo extruía Arch Motors, el mismo tipo de proveedor que nutría a media parrilla de monoplazas británicos, así que el coche bebía directamente de la tradición de chasis ligeros que tanta gloria le dio al deporte de las islas.
El ZZ original tenía un techo desmontable sujeto con cuatro tornillos al arco antivuelco y al marco del parabrisas, una solución tan rudimentaria como efectiva que reforzaba esa idea de coche sin artificios. Tommykaira llegó a producir apenas unas 220 unidades en toda su vida comercial, y por eso hoy es una pieza rara que levanta pasiones cada vez que aparece una a la venta, con guerras de pujas incluidas entre coleccionistas que saben perfectamente lo difícil que es encontrar uno en buen estado.
La segunda vida eléctrica y el restyling clandestino
El ZZ resucitó en 2014 de una forma que nadie esperaba cuando Tommykaira se alió con GLM, una empresa nacida en la Universidad de Kioto que originalmente se llamaba Green Lord Motors, para devolverlo a la vida convertido en un deportivo cien por cien eléctrico. La transformación fue radical, ya que el peso pluma de gasolina pasó a montar un único motor eléctrico de 305 CV y 415 Nm de par sobre un chasis tipo bañera, manteniendo el espíritu de roadster ligero pero cambiándole por completo el corazón.
Aquel ZZ eléctrico costaba unos 80.000 dólares y prometía un cero a cien por debajo de los cuatro segundos, más rápido que el original a pesar del peso extra de las baterías, aunque su talón de Aquiles era una autonomía corta que se quedaba en unos 120 kilómetros. GLM consiguió levantar catorce millones de dólares de financiación de fondos como Mitsubishi UFJ Capital y Globis Capital para sacar el proyecto adelante, pero el coche nunca pasó de ser una rareza de nicho y terminó su producción a finales de junio de 2021. El salto del SR20 de gasolina al motor eléctrico tiene su miga, porque transformó la naturaleza del ZZ de un peso pluma analógico y ruidoso a un roadster silencioso de empuje instantáneo, y aunque los puristas torcieron el gesto, lo cierto es que el coche conservó la ligereza y la posición de motor central que siempre lo definieron.
Aquí es donde entra el Number Nine Works Sweep 9, porque dos personas que habían trabajado en GLM decidieron este año reunirse para darle al ZZ eléctrico el restyling que la marca nunca llegó a hacer. El diseñador Ryuhei Ishimaru, que ahora dirige el estudio independiente Fortmarei, y el ingeniero Yuji Fujitsuka, responsable del desarrollo del ZZ de segunda generación y hoy al frente de la firma Number 9 Works, se juntaron una década después de aquella colaboración original para reescribir el frontal del coche.
El objetivo era rediseñar el morro con calidad de fábrica conservando la parte trasera y la decoración original, y de paso cumplir con toda la normativa de seguridad japonesa, que no es moco de pavo en un proyecto artesanal como este. El resultado luce unos faros LED ultrafinos y alargados que le dan un aire mucho más afilado que las ópticas originales, combinados con LED extra en un parachoques limpio y sin tomas de aire, mientras que el morro sin parrilla y los pasos de rueda esculpidos enlazan con la carrocería heredada del modelo de partida. La trasera se queda tal cual venía, con esos cuatro pilotos redondos de origen Lotus que delatan el parentesco británico del coche, y aunque uno agradecería un retoque parecido en la cola para redondear el conjunto, lo cierto es que el morro nuevo ya basta para transformar la personalidad del ZZ por completo.
El Sweep 9 no toca ni el motor ni el chasis, así que mantiene los mismos 305 CV del donante y se queda en un puro ejercicio de estilo, pero ahí reside justo su gracia, porque demuestra que un retoque bien pensado en cuatro líneas puede cambiar por completo el aura de un coche. Ishimaru lo describió como un “momento de la verdad” muy personal, al tratarse de un reencuentro con el ingeniero original diez años después, y aunque el equipo no piensa repetir el tratamiento en más unidades, uno entiende perfectamente por qué cualquier propietario de un ZZ eléctrico estaría haciendo cola para llamar a su puerta. Hay algo entrañable en que dos antiguos compañeros gasten su tiempo y su dinero en mimar un coche que el mercado dio por muerto hace años, sin más recompensa que la de verlo rodar otra vez con su matrícula, y esa terquedad romántica es justo lo que mantiene viva una marca como Tommykaira mucho después de que las hojas de cálculo dictaran que ya no tenía sitio.


Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.COMENTARIOS