El Ford Focus FR200 es uno de esos prototipos que existieron en el límite exacto entre el concepto y la realidad, demasiado desarrollados para ser simples ejercicios de estilo y demasiado escasos para haber llegado al público. Tres unidades construidas en el año 2000. Una destruida en pruebas. Dos supervivientes –una de ellas con un cameo cinematográfico en 2 Fast 2 Furious–. Coste de producción: más de 225.000 dólares por unidad. Un Focus MK1 con 304 CV de tracción delantera y carrocería de fibra de carbono. Ford Racing lo llamó FR200. Las siglas no eran arbitrarias: FR de Ford Racing, 200 de los caballos objetivo iniciales –que el proyecto acabó superando con holgura–.
El contexto era el de los primeros años dos mil, cuando el segmento de los compactos deportivos vivía una efervescencia alimentada en parte por la cultura popular –la franquicia Fast & Furious había convertido el tuning de compactos japoneses en fenómeno de masas– y en parte por la propia industria, que buscaba demostrar el potencial de rendimiento de sus plataformas utilitarias. Ford tenía en el Focus MK1 una base sólida –chasis con buena reputación dinámica, éxitos en el campeonato mundial de rallyes– y quiso explorar hasta dónde podía llevarse esa arquitectura en una versión de alto rendimiento extremo.
Para el proyecto, Ford Racing recurrió a McLaren Performance Technologies –la división de ingeniería de McLaren en Detroit, distinta de la escudería de Fórmula 1– como socio de fabricación y desarrollo. Era la tercera vez en la historia que Ford utilizaba la designación FR para un proyecto especial, tras el FR100 –una camioneta de 1953– y el FR500, un prototipo de Mustang de altas prestaciones. El FR200 era, en ese contexto, el proyecto más ambicioso de los tres.
Mecánica y construcción
Bajo el capó del FR200 trabajaba el motor Zetec de 2,0 litros del Focus de serie, pero sometido a una transformación radical. Un turbocompresor Garrett T28, una centralita Pectel T2 de gestión específica, un intercooler de mayor capacidad y un sistema de escape construido a medida elevaban la potencia hasta los 304 CV a 6.750 rpm y el par hasta los 386 Nm a 3.500 rpm. La tracción era delantera –la arquitectura del Focus no ofrecía otra opción sin una modificación estructural radical– y la caja era manual de cinco velocidades. Para gestionar esa potencia sobre el eje delantero, el FR200 incorporaba un diferencial de deslizamiento limitado y un tren delantero con geometría específica.
La carrocería era de fibra de carbono en su totalidad, con un kit aerodinámico –paragolpes delantero específico, faldones laterales, alerón trasero pronunciado y toma de aire en el capó– que alejaba visualmente el FR200 del Focus estándar sin ocultar su origen. El conjunto era una declaración de intenciones: no una modificación del coche de serie, sino una reinterpretación completa del mismo sobre los mismos fundamentos. El peso no está documentado con precisión en las fuentes disponibles, pero la combinación de carrocería de carbono y mecánica turboalimentada sobre la plataforma del Focus producía, según las pruebas de Motor Trend con sus propios pilotos, un 0 a 60 mph en 5,5 segundos.
El destino de los tres prototipos
Ford construyó tres unidades del FR200, cada una a un coste que superaba los 225.000 dólares. El primero fue destruido durante las pruebas de desarrollo –las fuentes no especifican las circunstancias–. Los dos supervivientes tuvieron destinos diferentes: el FR200 plateado apareció en 2 Fast 2 Furious –la segunda entrega de la franquicia, estrenada en 2003–, mientras que el rojo fue exhibido en la presentación de la película en el área de Detroit. Ambos se conservan en la actualidad en condición original, con muy pocos kilómetros y sin alteraciones respecto a su especificación de origen.
Ford nunca llegó a producir el FR200. El proyecto sirvió como demostración de capacidades y como punto de referencia interno para lo que acabaría siendo la evolución de la gama deportiva del Focus –el ST y, posteriormente, el RS–. En retrospectiva, el FR200 ocupa un lugar curioso en la historia del compacto de Ford: el eslabón perdido entre un Focus de rally y los hot hatch de producción que vendrían después, construido en tres unidades, con más dinero del que nadie hubiera esperado invertir en un Focus, y tan bueno que no podían vendérselo a nadie.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".