Intermeccanica IMP 700 GT: El deportivo de aluminio que era “demasiado bueno” para Fiat

Intermeccanica IMP 700 GT: El deportivo de aluminio que era “demasiado bueno” para Fiat

Un biplaza de aluminio con motor trasero y solo 460 kilogramos


Tiempo de lectura: 4 min.

Hay coches que desaparecieron no porque fueran malos, sino porque eran demasiado buenos para la comodidad de sus rivales. El Intermeccanica IMP 700 GT es uno de ellos. Un biplaza de carrocería de aluminio, motor trasero, apenas 460 kilogramos y una velocidad máxima que rondaba los 145 km/h con menos de 650 cc. Fabricado en 21 unidades. Cancelado no por falta de demanda ni por problemas de desarrollo, sino porque Carlo Abarth —harto de que le dieran palizas en categoría— presionó a Fiat para que cortara el suministro de chasis a Steyr-Puch. Lo paró un competidor. Ese es el mejor titular que puede tener un coche.

Detrás del IMP está la figura de Frank Reisner, un ingeniero químico nacido en Budapest en 1932 que huyó con sus padres a Montreal en 1949 y que acabó recalando en Turín tras un periodo trabajando en la industria de pinturas y una breve etapa diseñando chasis de competición para Giannini Automobili en Roma. En 1959 fundó en Turín la Construzione Automobili Intermeccanica, inicialmente dedicada a la venta de equipamiento de competición y sistemas de escape de flujo libre para diferentes modelos. No era, en su origen, un fabricante de automóviles: era un preparador con ambición.

Ese mismo año 1960 llegaron dos proyectos que cambiarían la trayectoria de la empresa. El primero fue un monoplaza de Fórmula Junior con motor Peugeot preparado por Conrero —uno de los primeros de la categoría con motor central—. El segundo fue el IMP, resultado de una colaboración con la austriaca Steyr-Daimler-Puch: las iniciales no eran arbitrarias, sino literales. I de Intermeccanica, M de la M de Steyr-Daimler-Puch. El chasis y la mecánica procedían del pequeño utilitario Steyr-Puch 500 —una versión austriaca del Fiat 500 fabricada bajo licencia pero con motor propio—, y la carrocería de aluminio fue obra de la Carrozzeria Corna.

Intermeccanica IMP 700 GT (1)

Pequeño, ligero y más rápido de lo que tenía derecho a ser

Técnicamente, el IMP 700 GT era un ejercicio de eficiencia llevado al extremo. El motor era un bóxer bicilíndrico de 643 cc montado en posición trasera, derivado del bloque Steyr-Puch —no del Fiat 500 original, cuyo motor era diferente—, con una potencia de alrededor de 40 CV a 5.500 rpm y un par de 56 Nm a 3.800 rpm. La caja era manual de cuatro velocidades. Con un peso en vacío de 460 kilogramos, la relación potencia-peso resultante era notable para la época y la categoría: el coche alcanzaba los 145 km/h y completaba el kilómetro lanzado en 36 segundos.

La carrocería de aluminio —ligera, rígida y con una silueta de fastback que recordaba a los pequeños GT italianos de competición— se montaba sobre el chasis del Steyr-Puch 500, con tracción trasera y motor en voladizo posterior. El conjunto era estrecho, bajo y visualmente coherente con la filosofía de un coche pensado para correr, no para impresionar en un salón. Las dimensiones exactas lo situaban en un territorio intermedio entre el juguete y el coche de carreras real —demasiado serio para lo primero, demasiado pequeño para lo segundo—, que era exactamente donde Reisner quería estar.

 

Demasiado rápido para su propio bien

La versión de competición del IMP demostró en pista que el planteamiento era correcto. La máquina se impuso en su clase en las 24 Horas de Nürburgring, y lo hizo con una regularidad que empezó a incomodar a los equipos rivales —entre ellos, los de Carlo Abarth, que dominaban la categoría de 500 cc con sus preparaciones sobre base Fiat—. La respuesta de Abarth fue pragmática y efectiva: presionar a Fiat para que dejara de suministrar chasis a Steyr-Puch. Sin chasis, sin IMP.

Así terminó una historia que había durado apenas un par de años y 21 unidades. Intermeccanica continuó su camino —el Apollo GT con motor V8 de Buick llegaría poco después, encargado por la empresa americana International Motor Cars— y Frank Reisner siguió construyendo automóviles durante décadas, trasladándose eventualmente a California y luego a Vancouver, donde la marca existe aún hoy fabricando réplicas del Porsche 356. Pero el IMP quedó como el primer capítulo de una historia singular: el coche que fue tan bueno que tuvieron que eliminarlo por decreto.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

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