El Peugeot 205 CJ era uno de los descapotables más baratos que se podían comprar en España y el más económico, entre los cabrio, del catálogo del modelo francés. Había, concretamente, tres opciones: el 205 CJ, el 205 CT y el Peugeot 205 CTI –este último con las mismas aletas de plástico anchas y llantas que el GTI 1.6–. Peugeot pedía por esta versión 1.921.661 pesetas en 1986; no había nada similar por ese precio, aunque había que aceptar algunas concesiones.
Por todos es sabido que el Peugeot 205 cambió el rumbo de las cosas, tanto para el segmento de los utilitarios como para la propia marca. Fue un coche clave; es posible que sin su éxito, ahora mismo Peugeot sería muy diferente o, quizá, ni siquiera existiría como fabricante de automóviles. Pero el éxito llegó, un éxito inesperado que, además, también cambió la percepción de la marca por los usuarios. Peugeot pasó de ser una marca aburrida y para padres de familia a ser una firma para jóvenes, más dinámica y con mucho diseño, pero sin perder la esencia rutera que siempre la ha caracterizado.
El toque de Pininfarina para el gran público
No es de extrañar, por tanto, que en la compañía quisieran aprovechar ese éxito y esa imagen con versiones que, por lo general, tienen pocas ventas. Versiones como la carrocería descapotable, siempre muy deseada, pero habitualmente lejos del común de los mortales y menos práctica que las cerradas. Para sacar partido de la situación, en 1986 se puso en circulación el Peugeot 205 CJ, la versión más económica del 205 descapotable cuyo diseño corrió a cargo de Pininfarina, quienes tuvieron mucho tino para mantener el conocido perfil del 205 cuando el techo estaba puesto.
El Peugeot 205 CJ era el equivalente descapotable al 205 Junior, con el que compartía motor, equipamiento y planteamiento
Con el techo plegado, obviamente, la cosa era diferente y resaltaba por encima de todo el pequeño escalón en la parte trasera –donde debería ir el pilar C– y el arco antivuelco en el medio del coche, típico de los años 80 y totalmente necesario para garantizar rigidez y protección en caso de vuelco. Es cierto que rompe un poco la línea, pero en aquellos años las cosas se hacían así. Sobre todo si no se quería aumentar los costes en exceso, algo clave en el caso del Peugeot 205 CJ, cuyo precio de salida era inferior a los dos millones de pesetas.
Era el descapotable más barato del mercado español y, si hacemos caso a lo que decía la prensa de entonces, resultaba una opción muy interesante aunque el equipamiento de serie fuera espartano: no tenía tacómetro, ni cuentakilómetros parcial; carecía de piloto antiniebla o aire acondicionado; por no tener, no disponía de cierre centralizado, llantas de aleación o cinturones traseros.
Prestaciones justas para disfrutar a cielo abierto
Aunque a finales de los 80 todo era muy diferente a lo que aceptamos en la actualidad, hay que reconocer que bajo el capó no había nada fuera de lo normal. De hecho, se podría decir que las prestaciones eran justas. El 205 CJ inició sus ventas con un bloque de cuatro cilindros de 1.361 centímetros cúbicos y, por supuesto, aspiración atmosférica, dos válvulas por cilindro, un árbol de levas en culata y un carburador para la alimentación.
Se anunciaban 70 CV a 5.600 revoluciones y un par de 11,3 mkg a 3.400 revoluciones. Son cifras bastante ajustadas, sobre todo si el cambio, manual de cinco relaciones, tenía desarrollos que, en quinta, se iban hasta los 35,8 kilómetros por hora a 1.000 revoluciones.
Es lógico prever que no era un coche veloz. La velocidad máxima era de solo 162 kilómetros por hora, los 400 metros con salida parada los completaba en 18,5 segundos y los 1.000 metros, desde 40 kilómetros por hora en quinta, no se recorrían hasta pasados 42,2 segundos. En el 80 a 120 km/h tampoco era un portento, necesitando 22,6 segundos para completarlo en quinta marcha.
La prensa de la época, como Motor 16, criticó la calidad de los acabados –considerados muy mejorables por la cantidad de plástico duro– y una mejorable estanqueidad de la capota de lona. Por otro lado, se destacó su facilidad de conducción y los consumos, que con una media de 7,7 litros, eran considerados muy buenos para un coche de su planteamiento.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".