El Volkswagen Lupo 1.4 TDI era la muestra más clara de hasta donde llegó el motor diésel y la apuesta por la tecnología en Volkswagen. Un coche que no llegaba a los cuatro metros de largo, equipado con un motor turbodiésel inyector-bomba y un disparatado precio de 1.950.000 pesetas. No tenía ningún sentido, pero ahí estaba; fue la era de los diésel y casi todo valía para ser la referencia.
El dominio absoluto del gasóleo (1995-2015)
La era de los diésel es aquella que, comprendida entre mediados y finales de los 90 –1995 más o menos– y 2015, estuvo dominada por los motores turbodieśel. Y cuando decimos “dominar”, nos referimos a que copaban más del 80% de las ventas en Europa, los prototipos usaban motores turbodiésel, los coches de muy alta gama montaron propulsores diésel V8 de hasta cuatro turbos y hasta se desarrollaron varias opciones híbridas con base turbodiésel.
Parecía que el futuro del automóvil pasaba por el gasóleo, aunque eso no quiere decir que todo fuera lógico. El mejor ejemplo que podemos poner es la existencia de coches “de ciudad” animados por motores turbodiésel. Es cierto que estos motores tenían muchas ventajas, como su consumo y el precio del combustible, pero no siempre tenían sentido. Por ejemplo, su presencia en coches destinados a pasar su vida en el centro de las grandes urbes no tenía mucho sentido pues nunca se llegaba a explotar todos los beneficios que tenía la tecnología.
Sin embargo, los coches de orientación urbana con motores diésel no fueron precisamente pocos, aunque tenían un representante que excedía todos los límites: el Volkswagen Lupo 1.4 TDI. La compañía alemana se posicionó como uno de los paladines del diésel –casi todos los alemanes lo hicieron– y desarrolló la tecnología para implementarla en todos los segmentos de mercado posibles. No olvidemos que estuvo a punto de poner en circulación un Audi R8 TDI…
Con 984 kilos, el Lupo 1.4 TDI era un coche ligero, pero era el más pesado de la gama y el menos ágil
Un “sinsentido” de 1.950.000 pesetas
El Lupo 1.4 TDI era, como decíamos, el representante de los urbanos diésel menos coherente. Y no es que fuera mal coche, es que, sencillamente, no tenía sentido. De primeras, era muy caro: 1.950.000 pesetas. Con ese dinero se podía comprar un SEAT Ibiza 1.9 TDI 90 CV acabado Stella, un Renault Clio 1.9 dTi con 80 CV –este era más barato: 1.850.000 pesetas– o incluso un Peugeot 206 2.0 HDi con 90 CV. Incluso podías optar a un FIAT Punto HGT… Y para colmo, si querías un Lupo 1.4 TDI con aire acondicionado o con ABS, tenías que sumarle más dinero, pues ambas cosas eran extras que se pagaban aparte, al igual que las llantas de aleación.
Como cabe esperar, no fue la versión más vendida de la gama, eso recaía en otras variantes más económicas. El Lupo 1.4 TDI era el estandarte diésel y para ello, tomaba el mismo motor que se podía encontrar en el SEAT Arosa 1.4 TDI, por ejemplo. Un tres cilindros de 1.422 centímetros cúbicos y carrera muy larga –79,5 milímetros de diámetro por 95,5 milímetros de carrera del pistón–, con culatas de dos válvulas por cilindro y un árbol de levas, inyección por “inyector-bomba” y un carísimo turbo de geometría variable. Se podía decir que, casi, era un 1.9 TDI al que le habían quitado un cilindro. Rendía 75 CV a 4.000 revoluciones y 19,9 mkg a 2.200 revoluciones y era capaz de mover con soltura un desarrollo, en quinta, de 42,59 kilómetros/hora a 1.000 revoluciones.
Prestaciones de infarto: Humillando al Golf GTI III
El caso es que eso son los datos oficiales. En aquellos años, los motores TDI de Volkswagen se hicieron famosos por romper todas las mediciones en banco de potencia y en el caso del 1.4 TDI no era diferente. La revista Autopista llegó a registrar casi 92 CV a 3.780 revoluciones, así como un par de 22,2 mkg a 2.700 revoluciones. Era una locomotora en formato pequeño, capaz de superar en recuperaciones a un Volkswagen Golf GTI III y se ponía al nivel de un Golf IV 1.9 TDI 90 CV. El 80 a 120 kilómetros/hora, en quinta, lo hacía en nada menos que 11,76 segundos, podía completar los 400 metros desde 50 kilómetros/hora en quinta en 19,90 segundos y recorrer 1.000 metros con salida parada en 33,62 segundos.
Hay que reconocer que los datos eran más que buenos, tanto como los consumos. Las cifras oficiales presumían de un gasto medio de 4,3 litros cada 100 kilómetros, mientras que la prensa logró obtener consumos de poco más de cinco litros. Eso, combinado con un depósito de 34 litros, permitían autonomías de casi 700 kilómetros. Eso lo posicionaba como el mejor urbano para salir a carretera, de hecho, era el ámbito en el que realmente destacaba, en carretera. Era muy ágil en ciudad, sí, pero su poderío mecánico, sus consumos y su calidad de rodadura hacían del Lupo 1.4 TDI un devorador de kilómetros en frasco pequeño.


1
Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".