Coche del día: Porsche 911 Carrera (996)

Coche del día: Porsche 911 Carrera (996)

La puerta de entrada al nuevo universo “Nueveonce” con motor refrigerado por líquido


Tiempo de lectura: 3 min.

El Porsche 911 Carrera representaba el escalón de acceso a la gama de un coche que nació con una enorme polémica. Sin embargo, aunque recibió toda clase de críticas, el modelo acabó por demostrar, como cabría esperar, que era la referencia en el segmento de los deportivos.

Hay veces en las que tener éxito no siempre es bueno, ya que te ata y limita. Así le ha ocurrido a Porsche con el 911, un coche condenado a ser como es para siempre, ya que de otra forma, dejaría de ser lo que siempre fue y dejaría de representar lo que siempre ha representado. El Porsche 911 es, casi, la viva imagen de la propia marca y cambiar podría suponer un trauma. Y no lo decimos por decir, fuimos testigos a finales de los 90 con la puesta en escena de la generación más polémica de toda la saga “Nueveonce”: el 996.

El Porsche 911 tuvo un momento culminante: el paso de los motores refrigerados por aire a los refrigerados por líquido. Un cambio obligado por múltiples necesidades. Por un lado, la normativa de emisiones y ruido hacía imposible mantener los “air cooled”, por otro, la escalada de prestaciones obligaba, también, a usar refrigeración líquida o a cambiar ciertos detalles del diseño básico del coche, algo que, seamos sinceros, no era una opción.

La primera iteración de este nuevo “Nueveonce” refrigerado por líquido y con faros que no eran circulares, fue el Porsche 911 Carrera, presentado en 1997 y se le conoció con el código interno ya mencionado antes: 996. El Carrera era el escalón de acceso al mundo 911 y un coche que, aunque no gustara a los puristas, era mucho mejor que el “viejo” Porsche 993. De entrada, solo el chasis era, nada menos, que un 45% más rígido, lo que permitió mejorar en todos los apartados dinámicos aunque no fueron pocos los que se quejaron de que el nuevo 996 era un “coche muy fácil”.

Se criticó mucho que el Porsche 911 compartiera tantas cosas con otro modelo, el Boxster, se dijo que perdía identidad y caché, dejaba de ser un auténtico “Nueveonce”

Porsche 911 Carrera (997)

Fácil o difícil, la verdad era que el Porsche 911 Carrera “water cooled” era mejor que el Porsche 993 Carrera, y por supuesto, más potente. Colgado tras el eje trasero, obligatorio en un “Nueveonce”, había un seis cilindros boxer de 3.387 centímetros cúbicos –carrera corta, por supuesto: 96 milímetros de diámetro por 78 milímetros de carrera–, dos árboles de levas por culata, cuatro válvulas por cilindro, admisión atmosférica y 300 CV a 6.800 revoluciones, más 35,7 mkg a 4.600 revoluciones. Cambio manual de seis relaciones –la sexta con un desarrollo bastante corto para el tipo de coche que era: 40,3 kilómetros/hora a 1.000 revoluciones–.

Los datos de prestaciones eran más que respetables. El 0 a 100 kilómetros/hora se completaba en 5,1 segundos, mientras que los 400 metros con salida parada solo necesitaban 13,2 segundos. La velocidad máxima anunciada por la marca era de 280 kilómetros/hora, el 80 a 120 kilómetros/hora en sexta se completaba en 9,1 segundos y los 1.000 metros desde 40 kilómetros/hora, también en sexta, se recorrían después de 35,1 segundos. Todo esto con un consumo que, incluso hoy, es más que aceptable: 11,3 litros de media. Con 64 litros de capacidad en el depósito de combustible, la autonomía se quedaba cerca de los 515 kilómetros.

El Porsche 996 Carrera mejoró muchísimo en todos los apartados con respecto al 993 al que sustituia. Por ejemplo, la prensa de la época destacó que el frontal “bailaba menos”. Los 911, hasta finales de los 90, fueron famosos por un eje delantero con tendencia a flotar en determinadas ocasiones, algo que se redujo notablemente en el 996 con un simple reparto de pesos. Seguía con su tendencia a subvirar, pero era menos crítica y más fácil de corregir.

Por supuesto, el Porsche 911 Carrera era carísimo: 13.595.040 pesetas, 81.708 euros de 1997. Serían unos 156.880 euros de 2026.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".
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