El BMW 325d Coupé Steptronic era, casi sin equivocarnos, uno de los coupés con motor turbodiésel más interesantes de los comienzos del Siglo XXI. Es más, quizá fuera, incluso, el más interesante de la gama diésel del BMW E92, pues tenía elevadas prestaciones, consumos contenidos y precio más accesible que cualquiera de sus “hermanos mayores”. Y no es que tuviera una tarifa para todo el mundo: 45.301 euros allá por 2005, sin inflación.
A comienzos del Siglo XXI, los motores turbodiésel estaban, casi, en su momento más álgido. Dominaban las ventas con mano de hierro, había mejorado tacto, funcionamiento, sonido, prestaciones, consumos… Su popularidad era incontestable y su evolución los había convertido en en las mejores opciones o, como poco, los había acercado al ideal que todos los usuarios tenían de motor: potente, poco gastón y fiable. La expansión de la tecnología diésel eran palpable con solo echar un vistazo y percatarse que habían llegado al segmento premium, que los coupés se podían escoger con motores turbodiésel e incluso, en aquellos años, se empezó a especular con la posibilidad de que Porsche ofreciera el Cayenne con motores turbodiésel –algo que ocurrió algunos años después–.
La guerra por tener el mejor motor diésel fue espectacular, sobre todo entre la tríada alemana. Audi se posicionó como el paladín de los diésel con los TDI, mientras que Mercedes llevó la tecnología al máximo de su refinamiento y BMW se posicionó, como cabría esperar, como el fabricante de motores a gasóleo más deportivos. Bueno, lo más deportivos, pero también como una de las referencias mundiales en cuanto a prestaciones, refinamiento y consumos. Tener un BMW diésel era, en muchas ocasiones, apostar por lo seguro. Fueron muchos los que se posicionaban en contra de la tecnología, pero cuando alguien probaba un turbodiésel de la firma alemana, pocos argumentos en contra le quedaban.
Era casi tan veloz como el BMW 330d, pero costaba 4.500 euros menos
Así, el BMW 325d Coupé, puesto en escena en 2007, se convirtió en el deseo de muchos aficionados y usuarios. La carrocería coupé E92, todavía integrada en la gama del Serie 3 –en aquel entonces se vendía el E90–, se presentó en 2006 con uno de lo diseños más acertados que ha tenido el BMW Serie 3 Coupé. Era estilizado, con unos volúmenes y unas proporciones muy equilibradas, acompañadas de un frontal y una zaga totalmente específicos. Normalmente, el BMW Serie 3 es, casi, una versión del sedán sin las puertas laterales traseras y un retoque en el diseño del techo, pero en esta ocasión era un coche totalmente diferente.
La versión 325d, además, estrenaba una nueva variante del seis cilindros en línea diésel, que rozaba los 200 CV. Mantenía los 2.993 centímetros cúbicos que tenía en otras variantes –también existía una opción con 231 CV y con 286 CV, esta última con dos turbos–, con cuatro válvulas por cilindros y dos árboles de levas, inyección por raíl común, intercooler y turbo de geometría variable entre otras cosas, y rendía 197 CV a 3.750 revoluciones y nada menos que 40,8 mkg a 1.300 revoluciones –unos 400 Nm de par–. Se podía combinar con un cambio manual de seis relaciones, o bien, con un automático también con seis relaciones, aunque los desarrollos eran muy largos. Por ejemplo, la quinta se iba hasta los 48,9 kilómetros/hora a 1.000 revoluciones y la sexta, hasta los 61,4 kilómetros/hora.
Aunque los desarrollos fueran muy largos –algo habitual en los diésel muy potentes–, las prestaciones eran más que respetables. La velocidad máxima que homologaba la marca era de 238 kilómetros/hora, con una aceleración de 0 a 100 kilómetros/hora en 7,3 segundos, un 0 a 1.000 metros en 27,7 segundos y un 80 a 120 kilómetros/hora, en quinta, en solo cinco segundos. ¿Los consumos? Pues como buen diésel, menos de ocho litros. Según datos oficiales, la media era de 5,9 litros cada 100 kilómetros, pero la cifra real flirteaba con los 7,5 litros, que, todo sea dicho, para cerca de 200 CV, no estaba nada mal.
La prensa de la época destacó, sobre todo, su forma de entregar la potencia y sobre todo el par. Según la revista Coche actual, en una de sus pruebas, obtuvo 212 CV y 44,5 mkg en el banco de rodillos, lo que demostraba que era un motor especialmente poderoso –aunque siempre hubo habladurías sobre motores ligeramente retocados, en los coches destinados a la prensa–. La caja de cambios Steptronic también contó con alguna buena crítica por su rapidez y su funcionamiento general, bien adaptado a la capacidad dinámica que alcanzaba el chasis.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS