La corona japonesa: Los pony cars no fueron exclusivos de Estados Unidos

La corona japonesa: Los pony cars no fueron exclusivos de Estados Unidos

El caso del Toyota Crown hardtop SL


Tiempo de lectura: 3 min.

Para empezar, una diferenciación obligatoria, porque, aunque en la actualidad ya no quepa tanto la distinción entre uno y otro, en los comienzos, un muscle car no era lo mismo que un pony car. De origen no eran sinónimos. Mientras el primero se caracterizaba por carrocerías de mayor porte, más ampulosas y, como el término define, musculosas, el segundo se identificó con carrocerías más compactas, de diseños más deportivos e irreverentes, apuntado a los clientes más jóvenes y, por lo tanto, etiquetando precios razonables.

Entonces, rápida y mentalmente, podemos viajar a la Feria Internacional de Nueva York 1964, visualizar la Rotonda del óvalo americano el pabellón de Ford y recordar el estreno del Ford Mustang. Tanto en su faceta hardtop con los tres volúmenes bien definidos como en su versión cupé, menos acartonada y revolucionando el espacio con un estilo fastback destinado a trascender generaciones, la marca presentaba en sociedad al coche que, dado su logotipo, inspiraría a que se estableciera esta categoría de automóvil.

Fue una punta de lanza junto a otros referentes como el Plymouth Barracuda, y de inmediato aparecieron rivales igual de icónicos como el Chevrolet Camaro y el Dodge Challenger. La competencia, eso sí, no fue exclusivamente entre fabricantes de los Estados Unidos. Dos modelos japoneses con presente –uno continúa en la línea de montaje y el otro parece estar a las puertas de un aclamado regreso– internacionalizaron el asunto. Uno de ellos fue el Celica LB 1973, que replicó más que el dibujo del Mustang: también copió las estrategias de alcance al público más joven que había practicado el americano, al que tomó como ejemplo y rival.

Toyota Crown hardtop S (2)

Aunque a aquella primera generación del Celica le pertenece el mote de “Mustang japonés”, otro Toyota, también de los primeros años de la década del setenta, podría ser recordado de la misma manera: el Crown de cuarta generación con carrocería hardtop de dos puertas. Con éste, un cupé de 4,68 metros de largo, 1,69 de ancho, distancia entre ejes de 2,69 metros y 1,42 metros de altura, este modelo del fabricante japonés se introdujo en el contexto de búsqueda de nuevos clientes y rompió las formalidades que venía imponiendo con sedanes y familiares.

En específico, fue el Toyota Crown hardtop SL, la versión más deportiva, el que representó al modelo en la competencia de mercado entre los desfachatados pony cars. En cuanto a lo estético, la conversión que significó esta variante de cuarta generación consistió en un amplio capó que concluía en un frontal con carácter y más personalidad que lo que el sedán mostraba. Hacia la zaga, la caída de la luneta funcionaba como la gran declaración de intenciones.

En lo mecánico, el motor de seis cilindros en línea, de dos litros, aumentaba de 115 a 130 caballos en el hardtop SL, pero si por esas casualidades te lo encuentras en alguna exposición de automóviles, el siguiente dato es aun más interesante, pues con él harás que una conversación ocasional limitada a preguntas y respuestas sobre datos básicos como la potencia vaya más allá: algunas secciones presentaban diferencias según la región en la que se ofrecía. Los faros circulares indicaban que se trataba de un Crown de exportación y los rectangulares delataban su origen y destino japonés.

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Sobre mí

Mauro Blanco

Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.

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