Mitos de Le Mans: La experiencia religiosa del Nissan R90CK

Mitos de Le Mans: La experiencia religiosa del Nissan R90CK

Máxima tensión a bordo del prototipo japonés de 1990


Tiempo de lectura: 4 min.

Más que un mito, una completa leyenda. Si el objetivo de Nissan era dejar atrás el fiasco de la edición ’89, en la que ninguna unidad había terminado la carrera, pues misión cumplida gracias a un único chasis: el R90 CP 02, el de los construidos en Japón, que obtuvo un notable quinto puesto en la general. Pero esta historia no trata de carreras, sino de vueltas rápidas y, además, de uno de los diseñados en el viejo continente.

El título no deja lugar al misterio. No hace falta ser historiador del deporte de motor. Con ser un apasionado de las 24 Horas de Le Mans sería suficiente para entender de qué van estas líneas. La madre de todas la carreras de resistencia tiene su propio libro de antología de coches con apellidos y banderas estampados que simbolizan los grandes momentos y las ediciones para recordar. El británico Mark Blundell no había terminado Le Mans ’89 y tampoco completaría la del ’90, pero entre medio conoció la gloria, gloria inesperada.

No con el chasis 03 con el que finalmente compitió en aquel 1990, sino con el Nissan R90CK 01, uno de los fabricados por NISMO Europa, porque reglamentariamente se podía en aquellos tiempos utilizar clasificación un coche diferente del coche al que luego el piloto se subía. De aquel prototipo se trata esta entrega de Mitos de Le Mans, pero sobre todo de un momento crucial que trasciende al tiempo y a las categorías del motorsport: el acatar o no las órdenes del equipo. Las desobediencias de los pilotos, una conducta inevitable. Hay que estar allí con las manos en el volante y sentir lo que el resto, por más conocimiento y control que se tenga, no es capaz de experimentar.

Durante las pruebas, los R90 habían dejado bastante que desear. Una carrera de resistencia de semejante magnitud parecía ser demasiado para sus aptitudes y los problemas que se presentaban, frecuentes fallas técnicas que obligaban a los ingenieros a llamar a los pilotos para que regresaran a boxes antes de que un desastre mecánico ocurriera. Los segundos inmediatos previos a la clasificación no fueron la excepción.

Máxima tensión a bordo del Nissan R90CK número 24

Algo no anda bien en el Nissan R90CK número 24 y el equipo japonés ordena a Blundell ingresar a boxes, pero el británico, al llegar a la chicana Ford –la entrada al pit lane– confirma que, a veces, no hay mejor ocasión que lo inesperado para ser leyenda, que a lo inesperado hay que aferrarse para escribir las páginas doradas. Técnicamente no sabe por dónde viene la falla y puede obedecer, pero el coche le responde como nunca, decide que, al tratarse de la clasificación puede ser una oportunidad única y se abraza al momento.

La chicana ha quedado atrás y el número 24 sigue su camino por la recta hacia la largada. El cronómetro empieza su conteo. No hay vuelta atrás. La gloria y la desilusión. La máxima tensión se vive en el equipo –con el éxito consumado, dividido entre quienes celebran lo hecho por el piloto y quienes le marcan la desobediencia–, pero sobre todo a bordo del Nissan, que está experimentando una potencia inverosímil y ha dejado de ser un prototipo para moverse como cohete sobre La Sarthe.

El turbo, que sobrealimenta al V8 3.5, sigue intacto, pero no su válvula de descarga, que indebidamente se ha quedado atascada, lo que ha generado un aumento extraordinario de la presión de admisión. Gracias a esta sobrepresión, el Nissan conoce una potencia que no se corresponde con los prototipos de 1990. Hay que ser capaz de tomar el control de una criatura sin dirección asistida y que, de repente, se encuentra superando los 1.100 caballos.

El resto es historia. El Nissan R90CK número 24 obtuvo la pole sacándole seis segundos Porsche 962 número 16 –el segundo–, registró un tiempo de vuelta de 03:27.020 minutos y en las rectas de Mulsanne dejó asentada, para la era de las chicanas, una velocidad máxima récord hasta la fecha, exactamente de 366 kilómetros por hora.

La experiencia religiosa junto a Blundell

Habría que preguntarle a Mark Blundell si en su carrera como piloto de automovilismo ha igualado o superado alguna vez aquel estado de trance, pero el hecho de haber apagado la radio y haberse quitado los auriculares del intercomunicador habla de lo increíble que lo estaba pasando, casi como una experiencia religiosa. Favor de subir el volumen, ponerse el cinturón, agarrarse de donde se pueda y acompañar al británico en su histórica vuelta de clasificación.

 

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Sobre mí

Mauro Blanco

Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.

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