La saga completa del Ferrari 250 GT fue, en su tiempo, exponente de la Dolce Vita italiana y enfáticamente romana, una época de auge económico en la que los coches deportivos se expresaron en sintonía con diseños sin complejos sin desentenderse de la pureza de las proporciones.
En una de las memorables eras del estilo italiano, estos gran turismo representaron como pocos en la industria automotriz. Por esencia, el Lamborghini 350 GT, nacido como respuesta a una entonces naciente rivalidad declarada a los de Maranello, se inscribe en los grandes valores del contexto socio-cultural. Y su rival directo, el Ferrari 250 GT Lusso, la expresión más lujosa de los 250 GT, fue quizás su insignia más fiel.
Sin caer en una crisis de identidad, pues ante todo un deportivo con motor delantero V12 3.0 de 240 caballos de potencia, chasis de acero tubular con capó, puertas y tapa de maletero de aluminio, cuatro discos de freno Dunlop y amortiguadores helicoidales, si te preguntan cómo diferenciarías al Berlinetta Lusso de sus hermanos de saga, apunta al interior. Cuna de su refinamiento, todo partía del confort inevitable de un habitáculo expandido en comparación con –me pongo de pie– el Passo Corto.
Ferrari 250 GT Lusso: todo dicho en su nombre
Si era cuestión de expresar la exclusividad en cada espacio ganado, Ferrari le sacó provecho hasta a la bandeja instalada detrás de los asientos. El fabricante, aplicando allí un tapizado de cuero acolchado, hizo que esa amplia sección posterior no se vea opacada por las butacas, logrando todo lo contrario –¡alerta spoiler del Ferrari 250 GT Lusso 1963 y su millón de lujosas razones para ser vendido!–.
Incluso en partes de la cabina en las que un deportivo acostumbra manifestar su carácter, el Berlinetta Lusso se las ingenió para que prevaleciera esa razón de ser rubricada en su propio nombre. Los clientes se sentaban en un SWB o en un 250 GTB y accedían tanto al tacómetro como al velocímetro con solo mirar al frente, justo detrás del volante. En el Lusso, detrás del volante se enfilaban cinco indicadores auxiliares más pequeños, mientras los instrumentos principales tomaban la zona central del tablero y se orientaban hacia el conductor en todo un gesto distintivo.
Por fuera, un notable paso adelante hacia los modelos sucesores dio en la zaga, marcando los límites entre maletero y panel de matrícula/pilotos, abriendo la puerta al estilo aerodinámico de los Ferrari 275 y no solo a las líneas de carrocería traseras, sino también al diseño de luces allí montadas. ¡Si lo sabrá Miles Davis, quien tuvo por años un 275 GTB/4!
Ferrari 250 GT Lusso 1963: un millon de lujosas razones… ¿o más?
No hay nada de lo repasado que el coche próximo a subastarse no muestre. Bueno, si la idea de las líneas anteriores era focalizar en las características generales de los 350 ejemplares producidos, el Lusso solía salir de fábrica en acabado interior negro y esta unidad, la 128°, no fue la excepción. Por suerte, hoy lleva un tapizado color marfil. Por suerte, sobre todo, para ese espacio trasero destinado a la carga, que con su actual revestimiento resalta sus intenciones de mini sala de estar. En negro no reparaba en protagonismo, pero presta atención a la foto, compara y todo dicho.
Color Marfil para acompañar al exterior gris Grigio Fumo original e interpretar con las especificaciones de su presente más puro, no sin antes someterse a tres años de restauración, el concepto de su lujo 63 años después. En realidad, a juzgar por lo que se estima en estos días previos –entre 1,6 y 1,8 millones–, diría que no serán un millón las razones que llevarán a este Ferrari 250 GT Lusso 1963 a una nueva cochera.
Si el interior del coche es cuna de su refinamiento, Amelia Island es uno de los epicentros norteamericanos de subastas vitales para que modelos como este se sientan a gusto. Si las ofertas se van de las manos, atención: al finalizar las jornadas de Gooding Christie’s del 5 y 6 de marzo, el martillo habrá caído sobre este Ferrari en la línea de los dos millones de dólares.





Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.