Si un legado ha dejado el Bentley Turbo R, ese es su capacidad de transformación, de metamorfosis que se disparan hacia polos opuestos. Ya sea para convertirse en experimento de carrera de bajo presupuesto o para llevar a un nivel supremo el lujo natural del modelo de serie –como en este caso–, el sedán fabricado hasta la refundación a cargo del Grupo Volkswagen supo dejar rarezas.
Meses atrás, en septiembre del 2025, un ejemplar de especificaciones originales integró los lotes de la subasta de Historics Auctioneers en el hipódromo británico de Ascot, pero fue el Turbo R que, de especificaciones originales poco y nada, el que le puso color y visibilidad al evento. Años noventa, berlina convertida en shooting brake… ¿Les suena? Creo que no se requieren muchas más pistas. Puede que el Ferrari 456 Venice Wagon haya sido la creación a coche familiar más trascendental de la colección de la Realeza de Brunéi… Una completa injusticia.
Soberbiamente elegante por fuera y extrovertido por dentro se conserva este Bentley Val D’Isere 1992 diseñado a medida sobre la base del Turbo R para, una vez matriculado en el Reino Unido, avanzar por simbólica alfombra roja hacia su lugar en los garajes de la tan célebre como posteriormente disuelta colección del sudeste asiático. Y como era de esperar, por esta reliquia no se pagó cinco mil libras y monedas como sí ocurrió con la unidad de especificaciones originales.
El Bentley Val D’Isere 1992, uno de los ex coches de la colección Brunéi
Por historial, por ser un coche único, por su excelente estado y un kilometraje todavía joven, alguien se lo llevó el año pasado a cambio de más de 153.296 libras esterlinas. Casi 180.000 euros que certificaron lo que no era necesario certificar: un coche para mirar a distancia más que para tocar, aunque difícil no ponerlo a andar cuando bajo el capó espera un V8 6,7 y teniendo en cuenta los recientes ajustes –la tracción a las cuatro ruedas desactivada– para mejorar el confort de marcha y reducir el radio de giro.
Una capa de azul brillante para la carrocería y un interior con lógico volante a la derecha, tapizado y revestimiento de cuero en azul y amarillo, alfombrillas azules y paneles Nogal en puertas y tablero sintetizan a este Bentley Val D’Isere 1992 que, según informó Historics Auctioneers en su reseña de venta, habría sido utilizado por el Jeffrey Bolkiah –hermano del Sultán de Brunéi–, quien, de hecho, aparece en una foto conservada en una de las viseras parasol.
De esta especie fabricada a medida existieron 11 unidades, todas para los Bolkiah, y se cree que este ejemplar modelo 1992, el último preparado de dicha tanda, es el único de los 11 actualmente en manos privadas tras abandonar la afamada colección. En su artículo dedicado, los colegas de Car and Driver deslizaron que “no se sabe cómo salió de la antigua familia real de Brunéi”, aunque existen escenarios posibles.
Fuera de los Bolkiah
Eventualmente, la familia se habría cansado de los caprichos y los estratosféricos gastos que el príncipe Jefri, destinatario central en el histórico vínculo de los fabricantes y la familia, destinaba a los coches a medida. Es lo que pocos años atrás contó el diseñador Enrico Fumia, la mente detrás de mitos como el Ferrari F90 1988 y ex director general de Pininfarina, sobre las razones por las cuales la colección de Jefri Bolkiah llegó a un punto en que frenó el contador. Ahora bien, la colección no solo puso pausa a los pedidos en su momento, sino que también sufrió una considerable pérdida.
Cuenta la leyenda que, a finales de la década de los noventa, el hermano del Sultán se vio involucrado en un caso de corrupcón. En aquel entonces a cargo de la Agencia de Inversiones de Brunéi, Jefri se vio obligado a renunciar mientras era investigado por malversación de fondos, lo que lo llevó a tener que deshacerse de bienes adquiridos con dinero del Estado. Entre ellos, una parte de su cochera que se especula que ha rondado las 2.000 unidades. Tal vez, en este antecedente de la historia de la colección de coches de Brunéi se encuentre la respuesta.


Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.