Hay coches que nacen para ocupar un hueco y coches que nacen para abrirlo. El Aston Martin Vantage pertenece, hasta ahora, a la primera categoría: es el deportivo compacto de una marca que siempre ha entendido el automóvil como una mezcla de velocidad, elegancia y distancia. Incluso cuando sus prestaciones se acercan a las de un superdeportivo, el Vantage suele conservar algo de gran turismo. Parece dispuesto a cruzar un continente, no únicamente a perseguir un tiempo por vuelta.
Las imágenes espía publicadas por evo sugieren que Aston Martin podría estar preparando una versión mucho más radical. Todavía no tiene nombre oficial, aunque la publicación británica se refiere a ella como Vantage RS. La marca tampoco ha confirmado sus cifras, su fecha de presentación o siquiera la denominación definitiva. Lo que sí parece claro es que el prototipo observado no quiere ser un Vantage S con un poco más de potencia.
Su carrocería cuenta otra historia. En el frontal aparecen un splitter de mayores dimensiones y unos generadores de vórtices en sus extremos. La parrilla abandona el aspecto más tradicional de las lamas y la malla para dividirse en secciones de mayor tamaño. A los lados, las taloneras crecen y los pasos de rueda delanteros se ensanchan, con salidas destinadas a aliviar la presión del aire en el interior de los arcos.
Detrás está la pista más evidente. El alerón es enorme para los estándares de un Vantage y sus endplates dibujan una forma que recuerda tanto a la competición como al Aston Martin Valkyrie AMR. Las fijaciones parecen admitir algún tipo de regulación, quizá incluso elementos activos, aunque una fotografía camuflada no permite saber cuánto de lo visto llegará al coche de producción. El difusor también crece y cuatro salidas de escape ocupan una posición más centrada de lo habitual.
La pregunta no es cuántos caballos tendrá
El Vantage actual ya está lejos de ser un deportivo tímido. Su V8 biturbo de 4,0 litros entrega 680 PS y 800 Nm, se instala en posición delantera central y mueve las ruedas traseras a través de una caja automática ZF de ocho velocidades. Tiene diferencial trasero electrónico, amortiguación adaptativa y una electrónica capaz de administrar una cantidad de potencia que, en otro tiempo, habría exigido las manos de un piloto experimentado.
La versión S eleva esa cifra hasta 671 bhp en la información manejada por evo, frente a los 654 bhp del Vantage estándar de referencia británica. Por encima queda un espacio tentador. La publicación estima que el futuro modelo podría superar los 700 bhp, pero eso pertenece todavía al terreno de la previsión. Nadie fuera de Aston Martin sabe cuánta potencia tendrá el Vantage radical, si utilizará el mismo motor con una evolución profunda o si la marca encontrará otra forma de diferenciarlo.
Un V12 procedente del Vanquish parece poco probable. El propulsor de más de 800 CV convertiría al Vantage en algo demasiado cercano a una criatura de otra categoría y añadiría un peso difícil de justificar en un coche cuyo supuesto objetivo es ser más ágil. Lo razonable, si Aston Martin quiere enfrentarse al Porsche 911 GT3, es que el V8 siga siendo el corazón del proyecto y que la ingeniería se concentre en todo lo que ocurre alrededor de él.
Ahí aparece el peso. El Vantage y el Vantage S rondan los 1.670 kilogramos DIN según la estimación de evo, aunque las cifras pueden variar según el estándar y la configuración. Bajar de 1.600 kilogramos sería una posibilidad razonable para un coche de este tipo, pero no una promesa. La carrocería añade fibra, refrigeración y aerodinámica; al mismo tiempo, un interior menos equipado, unos cristales más ligeros, unos asientos distintos y una mayor utilización de materiales compuestos podrían compensar parte de ese aumento.
El fantasma del 911 GT3
Compararlo con el Porsche 911 GT3 es inevitable, aunque la comparación necesite una precisión importante. El GT3 no es solo una versión potente del 911. Es una institución con 25 años de evolución, una genealogía que se remonta a los Carrera RS y una filosofía que Porsche ha perfeccionado generación tras generación. El 992.2 actual utiliza un bóxer atmosférico de 4,0 litros, entrega 510 PS y puede combinarse con un cambio manual de seis velocidades. En esa configuración pesa 1.462 kilogramos y alcanza 313 kilómetros por hora.
Un Vantage RS no tendría que ser más rápido en línea recta para inquietar al GT3. Tendría que ser más claro. El Porsche lleva años demostrando que la precisión puede convertirse en una identidad comercial: el comprador sabe qué está adquiriendo cuando elige un GT3. Sabe que el coche ha sido construido alrededor del circuito, incluso si después pasa la mayor parte de su vida en una carretera de montaña, un garaje climatizado o una concentración de fin de semana.
La imagen del prototipo invita a pensar que Aston Martin quiere entrar en ese territorio. El alerón, el difusor y los pasos de rueda no parecen añadidos para decorar una versión especial. Parecen parte de una búsqueda aerodinámica con objetivos concretos. Un Aston Martin con mucha carga, menos peso y una suspensión más firme sería una criatura interesante precisamente porque obligaría a la marca a responder a una pregunta incómoda: ¿cuánto puede acercarse a la lógica de un coche de circuito sin dejar de ser un Aston Martin?
Todo lo importante no está escrito en un número de potencia. Está en el tacto de la dirección, en la forma de trabajar del diferencial, en la capacidad de los frenos para soportar vueltas rápidas y en la confianza que transmite el eje delantero cuando el coche entra en una curva. También está en la posibilidad de que el conductor pueda desconectar parte de la asistencia sin tener que negociar con cinco menús antes de encontrar el comportamiento que busca.
¿Y si vuelve el cambio manual?
Entre todas las especulaciones, hay una que tiene un atractivo especial. Aston Martin podría ofrecer un cambio manual. La marca ya utilizó una caja Graziano de siete velocidades en el Vantage AMR de la generación anterior, un modelo que compartía la arquitectura básica del motor con el Vantage actual. Desde el punto de vista del empaquetado, por tanto, no sería una fantasía completa.
Adrian Hallmark también ha expresado interés en recuperar el cambio manual, y una versión más radical y centrada en el conductor sería el lugar lógico para hacerlo. No significa que vaya a ocurrir. La transmisión automática es más rápida, más eficiente y más fácil de integrar con los sistemas electrónicos que controlan el par. Sin embargo, un modelo que aspira a enfrentarse culturalmente al 911 GT3 no puede ignorar el valor de una decisión que convierte cada curva en una acción física.
Por otra parte, el cambio manual no arreglaría por sí solo un coche que no estuviera bien resuelto. Existe una tendencia a confundir la analogía con la excelencia, como si tres pedales bastaran para transformar cualquier deportivo en una obra maestra. Un Vantage RS tendría que ser ligero, comunicativo y resistente antes de ser manual. La caja sería el acento final de una frase que debería estar bien escrita desde el principio.
Un Aston Martin sin corbata
Lo más interesante del proyecto no es que Aston Martin quiera fabricar un rival del Porsche 911 GT3. Lo interesante es que la marca pueda estar intentando corregir una de sus propias inercias. El Vantage moderno tiene capacidad para ser un deportivo magnífico, pero su personalidad ha vivido a menudo entre dos mundos: demasiado potente para ser un GT convencional y demasiado lujoso para comportarse como un coche de circuito.
Con la nueva variante podría llegar el momento de elegir. Un coche más ligero, más ruidoso, más firme y menos preocupado por la comodidad absoluta no tendría por qué traicionar a Aston Martin. La marca no solo ha construido automóviles elegantes; también tiene una historia de competición suficientemente rica como para justificar un Vantage que se tome el asfalto mucho más en serio.
Eso sí, el riesgo es evidente. Si el coche conserva demasiadas concesiones, será una versión cara y espectacular del Vantage S, pero no un verdadero rival del GT3. Si elimina demasiadas, puede perder esa mezcla de lujo, diseño y capacidad para viajar que hace reconocible a un Aston Martin. El equilibrio, precisamente el mismo que ha definido al Vantage durante años, será la parte más difícil de conseguir.
Quizá por eso convenga no llamarlo todavía RS. El nombre pertenece a la especulación, igual que la potencia superior a 700 CV, el peso por debajo de 1.600 kilogramos y la posibilidad del cambio manual. Lo único que conocemos son las formas de un prototipo y la dirección que parecen señalar. Pero a veces eso basta para reconocer una intención.
Si Aston Martin se atreve a convertir esas formas en un coche de verdad, el resultado podría ser algo más interesante que la respuesta británica al 911 GT3. Podría ser un Aston Martin que se quite el traje, deje el reloj sobre la mesa y salga a buscar una carretera sin preocuparse demasiado por llegar a la hora de cenar. La pregunta no es si puede ganar al Porsche. La pregunta es si puede hacer que, durante unos kilómetros, a nadie le importe.


Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".