El Opel STX Concept reivindica el familiar frente al SUV

El Opel STX Concept reivindica el familiar frente al SUV

Pasa de 200 km/h con tracción total y saca difusores en marcha sin levantarse ni un palmo


Tiempo de lectura: 9 min.

Opel ha llevado al Salón de París un familiar sin complejos, en plena fiebre de los todocaminos, y eso ya me gana antes de mirar la ficha. El Opel STX Concept, cuyas siglas significan Sports Tourer eXperimental, apareció el 12 de octubre en el pabellón 4 del Mondial de l’Auto con una silueta que no pide perdón por ir tan baja. Nadie lo confundirá con esas novedades levantadas del suelo y con apellido de todocamino que reinan en la doble fila a la puerta del cole, porque el STX es una ranchera eléctrica larga, afilada y con cara de devorar kilómetros de autopista alemana sin despeinarse.

Florian Huettl, consejero delegado de Opel, lo presentó junto a Rebecca Reinermann, responsable de márquetin, y Mark Adams, jefe de diseño. La marca ya no lo vende como un simple ejercicio de estilo, porque asegura que el STX anticipa rasgos de sus próximos modelos, aunque nadie ha hablado de producción y conviene frenar la imaginación antes de bautizarlo como el próximo Insignia. Huettl presumió además de que Opel abrió camino a los familiares en Europa, y por una vez la frase de rueda de prensa se apoya en una historia que cualquier aficionado puede comprobar en el aparcamiento de un hotel de costa.

La ficha técnica sigue casi vacía. Opel solo confirma que el STX es eléctrico, lleva tracción total y supera los 200 km/h, así que potencia, batería, autonomía y medidas siguen guardadas en algún cajón de Rüsselsheim.

Un techo bajo y un portón largo me parecen hoy casi un acto de rebeldía, y además aguantan cualquier discusión técnica, ya que un familiar bien dibujado enfrenta al viento bastante menos superficie que casi cualquier SUV, de modo que un eléctrico con esta forma puede recorrer más kilómetros con la misma batería. Me alegra que alguien en Opel haya preferido imaginar el futuro así antes que levantar otro coche diez centímetros y venderlo como la gran solución para la familia moderna.

Setenta años de familiares con el rayo en el portón

Opel fabrica familiares desde 1953, cuando lanzó el Olympia Rekord Caravan, y la palabra Caravan acompañó después a buena parte de su gama durante décadas. Los Kadett Caravan de los sesenta pusieron a muchas familias a cargar maletas en el coche de diario mucho antes de que alguien decidiera que para ir a la playa hacían falta tracción total, plásticos negros en los pasos de rueda y una postura de conducción de autobús. Aquella receta tan sencilla, con el techo prolongado hasta el final y el maletero a la altura de la cadera, sigue funcionando setenta años después sin necesidad de inventar nada.

Los Rekord, Omega, Vectra y Astra mantuvieron su versión Caravan generación tras generación, de modo que Opel se ganó fama de especialista en familiares. El Vectra Caravan encarnó esa escuela práctica con un maletero capaz de tragar con todo sin quejarse jamás. Aquellos Caravan llenaban cada agosto los aparcamientos de la costa, cargados hasta el techo y con la baca coronada por una tabla de windsurf o una bicicleta, porque el familiar era el coche que de verdad usaban las familias.

El Insignia estrenó el apellido Sports Tourer, que hoy lleva el Astra y que el STX recoge en sus siglas, y hasta tuvo su versión salvaje, porque el Insignia OPC también existió con una atractiva carrocería Sports Tourer y un V6 turbo bajo el capó.

El STX no copia a ninguno de sus antepasados, aunque recupera una proporción que Opel conoce de memoria. La marca habla de un homenaje a la historia de los Sports Tourer reinventado para una nueva generación, y la frase suena a nota de prensa hasta que uno mira el coche de perfil y descubre que en el estudio de diseño alguien se ha acordado de las rancheras de toda la vida. Esa memoria de la casa le sienta mucho mejor que cualquier intento de inventar una categoría nueva con nombre en inglés.

El Vizor crece y la zaga cae sin miedo

El frontal acapara la primera mirada. El Opel Vizor, esa franja oscura que cruza la cara de todos los Opel actuales, gana altura y presencia, mientras muchos eléctricos se empeñan en morros tan lisos que parecen pastillas de jabón. Opel defiende que un Vizor más alto guarda proporción con el tamaño del coche, y me gusta que la cara tenga carácter sin recurrir a una parrilla del tamaño de una puerta de garaje. El pliegue central del capó, tan de la casa, sale reforzado por un frontal deportivo y de líneas afiladas.

La firma luminosa estrena dibujo con unas láminas verticales inclinadas que marcan el contorno del Vizor y se difuminan hacia el centro, donde manda el rayo iluminado. Ese logo ocupa el corazón del Compass, la cruz que forman el pliegue del capó y la línea de los faros y que Opel usa como seña de identidad, ahora con el trazo vertical más marcado que nunca. Las superficies enrasadas y las formas afiladas completan un aire muy técnico, como de pieza sacada de un bloque de aluminio, y las lucecitas, que en un salón siempre lucen más que en una calle a las ocho de la mañana, tienen al menos un dibujo limpio.

La zaga cae con decisión hacia un portón muy inclinado, y Opel asegura que esa caída pronunciada gana espacio de carga en lugar de perderlo. Me lo creeré cuando vea entrar ahí un carrito de bebé sin desmontarlo.

Los pilotos horizontales imitan las lamas del frontal, y el Compass reaparece atrás con finos ejes luminosos y la palabra OPEL iluminada en el centro. El pilar trasero guarda el detalle más vistoso, unas bandas luminosas de cristal que nacen en la línea de las ventanillas, siguen hacia atrás y recorren el techo, mientras la inscripción STX se ilumina en los laterales. Dos cámaras de formas geométricas ocupan el sitio de los retrovisores, y aunque los espejos de toda la vida me siguen pareciendo insuperables, entiendo que un coche obsesionado con el aire quiera quitarse esas dos orejas de encima.

La aerodinámica sale a trabajar en la autopista

La carrocería, con reflejos plateados y azules, presume de una silueta baja con voladizos cortos y pasos de rueda ensanchados. Opel la ha diseñado para gastar poco en viajes largos y mantenerse estable a alta velocidad en las autopistas alemanas, donde todavía quedan tramos sin límite y un familiar rápido sigue siendo una herramienta de trabajo como otra cualquiera. La física no perdona en ese terreno, ya que la resistencia del aire crece con el cuadrado de la velocidad y la potencia necesaria para vencerla lo hace con el cubo, así que cada detalle de la carrocería pesa muchísimo más a 180 km/h que en un atasco.

El STX recurre a la aerodinámica activa para adaptarse a cada situación. Unos difusores de color azul salen de la parte baja de la zaga al alcanzar cierta velocidad, y unos elementos verticales del paragolpes, situados detrás de las ruedas, se despliegan hacia los lados para reforzar el perfil aerodinámico del coche. Estas piezas que aparecen y desaparecen sin pedir permiso siempre me han hecho gracia, porque le dan al coche un punto de juguete caro, y además permiten que la zaga conserve su limpieza cuando el STX circula despacio y no necesita ayuda para pegarse al asfalto. Los alerones móviles llevan décadas en los deportivos caros, aunque en un familiar todavía resultan una rareza bastante simpática.

Las llantas, con un diseño de tres zonas pensado para el aire, calzan neumáticos Goodyear 285/35 R22, y esa medida de superdeportivo dice mucho de lo que pretende este familiar, aunque unas gomas tan anchas tampoco ayudan a la autonomía.

La combinación de tracción total y más de 200 km/h en un coche con forma de familiar me interesa más que cualquier cifra de potencia que Opel pueda anunciar mañana. La marca insiste en que eficiencia, prestaciones y placer de conducción caben juntos en un eléctrico, y una carrocería baja ofrece el mejor punto de partida para demostrarlo, porque levantar el coche y luego pelearse con el viento a golpe de batería nunca me ha parecido muy listo. Un familiar bajo con tracción total puede ser rápido, eficiente y cómodo a la vez, algo que Opel ya demostró con combustión y que ahora le toca repetir con enchufe.

Opel necesita algo más que otra colección de letras deportivas

Opel no ha enseñado el habitáculo. La marca promete un interior que continuará la idea Painting with Light del Opel Experimental de 2023 y del Corsa GSE Vision Gran Turismo de 2025, con iluminación envolvente y asientos ligeros especiales.

El STX compartió escenario con la ofensiva GSE, aunque conviene separar ambos mundos. Opel presentó también el GSE 27FE, su monoplaza para la cuarta generación de la Fórmula E, con tracción total permanente y más de 800 CV, además del nuevo Corsa GSE eléctrico, que con 281 CV y 345 Nm acelera de 0 a 100 km/h en 5,5 segundos y presume de ser el Corsa más potente hasta la fecha. El Astra GSE Line, que llegará en primavera, queda más cerca del día a día, y ya lo hemos criticado por convertir unas siglas deportivas en un acabado, así que el STX resulta refrescante precisamente porque no necesita prometer caballos a granel para llamar la atención.

La historia de Opel está llena de prototipos que sirvieron para ensayar ideas antes de llegar, transformadas, a los coches de calle, y Junior, Maxx y Trixx demuestran hasta qué punto Rüsselsheim ha usado estas maquetas como banco de pruebas para proporciones, modularidad y soluciones de habitáculo. Huettl aprovechó el salón para anunciar cuatro modelos nuevos de aquí a 2030, entre ellos la próxima generación del Astra, y una inversión de más de mil millones de euros en Alemania, aunque Opel no ha dicho qué rasgos del STX heredarán esos coches.

Una ranchera eléctrica baja, rápida y bien resuelta puede resultar más moderna que cualquier todocamino con cara de enfadado, en un mercado donde demasiadas marcas solucionan cualquier problema dibujando otro SUV. Opel solo necesita una autonomía convincente y una versión de serie que conserve estas proporciones para que el futuro Astra Sports Tourer tenga un espejo en el que mirarse, y ese día pienso aplaudir con las orejas. Le pido además al interior que todavía no conocemos unos mandos físicos que se encuentren a tientas, porque un familiar acumula muchas horas de viaje y las animaciones de luz cansan mucho antes que un buen asiento.

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Sobre mí

Jose Manuel Miana

Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.
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