La Citroën 2 CV Fourgonnette pertenece a esa clase de vehículos que me hacen sonreír sin necesidad de llevar un motor enorme. Yo tengo debilidad por los coches que parecen tener una vida, y esta furgoneta de reparto trae incorporada una película entera de cajas, comercios pequeños y puertas que se abren cincuenta veces al día. Ahora, Citroën ha recuperado su nombre para un prototipo, y me alegra que alguien se haya acordado de la que hacía los recados.
Los diseñadores han presentado la Fourgonnette Concept el 12 de octubre en el Salón de París, junto al nuevo 2 CV Concept. En concreto, han recuperado la variante comercial con propulsión eléctrica para adaptar su sencillez a los recados de hoy.
Citroën la ha preparado como un ejercicio de diseño, sin anunciar una fabricación a corto plazo. Así, sus creadores han podido divertirse con una furgoneta, que ya es una elección simpática en un salón donde resulta mucho más fácil presumir de caballos.
El dueño de la Fourgonnette original tenía otras preocupaciones. Su coche debía ganarse el jornal, y precisamente por eso me hace gracia verlo convertido en objeto de admiración tantos años después. Al fin y al cabo, la furgoneta que trabajaba mientras los demás lucían cromados ha acabado teniendo su propio homenaje bajo los focos, como el empleado al que por fin invitan a la fiesta de la empresa.
La abuela llegó a Vigo para ponerse a trabajar
La primera 2 CV AU apareció en Francia en 1951 y podía transportar 250 kilos de carga. En la práctica, Citroën había reforzado la plataforma del turismo para montar una caja detrás, una solución bastante directa para quien necesitaba llevar mercancía sin comprar un camión.
La historia del 2 CV está llena de esa capacidad para arreglárselas con lo justo, y la furgoneta llevaba la idea puesta en la carrocería. Su aspecto utilitario tenía algo entrañable porque se entendía de un vistazo para qué servía. Yo me imagino la cara del propietario de entonces si le explicamos que décadas después habrá aficionados deseando hacerse fotos con su vehículo de trabajo. El hombre seguramente aprovecharía la visita para pedirnos ayuda con las cajas, ya que tanto nos gusta la furgoneta.
La fábrica de Vigo empezó a producirla en 1958, así que también forma parte de nuestra historia industrial. Con el tiempo, la pequeña francesa se hizo gallega y acabó siendo una presencia habitual entre los negocios y servicios que necesitaban moverse con sus bártulos.
Citroën siguió aprovechando esa receta de turismo con ropa de trabajo hasta modelos como la C15. No en vano, la familia ha dado vehículos capaces de despertar una afición muy peculiar, porque uno puede admirar un deportivo por sus prestaciones y cogerle cariño a una furgoneta porque parece dispuesta a seguir trabajando después de que todo el mundo se haya ido a casa.
El enchufe también puede llevarse bien con las cajas
La nueva Fourgonnette propone trasladar esa simpatía a un comercial eléctrico. La elección me parece perfectamente compatible con el personaje, porque la gracia de una furgoneta de reparto está en lo que hace por su dueño y en cómo se desenvuelve con el trabajo. Yo reservo mi entusiasmo por el cambio manual para otros planes bastante menos relacionados con repartir paquetes.
Los diseñadores han elegido una referencia con personalidad propia, y eso permite imaginar una calle algo más alegre. En realidad, una pequeña furgoneta puede resultar simpática sin ponerse agresiva ni vestirse para cruzar un desierto entre dos entregas.
El atractivo del prototipo está en rescatar un vehículo corriente que merece atención por sí mismo. Me gusta esa falta de pretensiones, porque los coches de trabajo también cuentan la historia del automóvil, aunque rara vez protagonicen el póster de un dormitorio. De hecho, la Fourgonnette tiene tantos motivos para recibir un homenaje como cualquier deportivo de colección, con la ventaja de que uno puede imaginar perfectamente a quién pertenecía y qué llevaba detrás sin consultar su palmarés.
Citroën ha conseguido que vuelva a apetecer mirar una furgoneta pequeña, y yo ya estoy imaginándola con el nombre de una panadería pintado en los laterales. Por ahora, el prototipo luce bajo los focos, pero le sentarían estupendamente unas migas en el asiento y una bolsa de cruasanes. Mi lista de coches deseables acaba de hacer sitio a un reparto a domicilio.


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Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.