El Mercedes-Benz Clase C EQ entierra el diseño ahuevado y exhuma al W115

El Mercedes-Benz Clase C EQ entierra el diseño ahuevado y exhuma al W115

Vuelta a los clásicos


Tiempo de lectura: 9 min.

Mercedes ha presentado en Seúl el Clase C Eléctrico, la berlina que llega a finales de año sobre la plataforma MB.EA compartida con el GLC EQ, y la noticia interesante no son ni los 762 km de autonomía homologada ni los 489 caballos del 400 4MATIC inicial. Tampoco lo es, aunque merece mención, que las siglas EQ hayan desaparecido silenciosamente del nombre tras cinco años de protagonismo comercial. La elección de Corea del Sur como escenario de una premiere mundial tiene su propia lectura, porque Mercedes nunca había estrenado un modelo central de la gama fuera de Europa o Estados Unidos, y el gesto confirma que Stuttgart ha aceptado que el pulso del coche eléctrico se juega ahora en Asia. La noticia real, sin embargo, es que el patrón estilístico que el Mercedes-Benz Vision Iconic insinuó en octubre se está aplicando ahora con disciplina militar a toda la gama, y el Clase C es el tercer capítulo consecutivo del mismo plan.

La referencia oficial del frontal son los W114 y W115, los “Strich Acht” que Mercedes fabricó entre 1968 y 1976, y esto sí que es una novedad que merece atención porque la marca llevaba décadas ignorando a esta familia concreta en sus ejercicios de nostalgia corporativa.

El homenaje más inesperado es al Mercedes más olvidado

El W114/W115 nunca había sido sujeto de homenaje oficial en un Mercedes moderno, y eso tiene un motivo bastante concreto. La marca suele tirar de las joyas reconocibles cuando quiere jugar al pasado, porque el Pagoda W113, el 300SL Gullwing o el W111 coupé son iconos que el comprador medio identifica de inmediato. Los “Strich Acht” en cambio fueron coches de trabajo, taxis alemanes que rodaban un millón de kilómetros sin tocar la culata, berlinas sólidas que vendieron casi dos millones de unidades entre el 200D de cuatro cilindros diésel y el 280E de seis cilindros en línea, y que definían la marca Mercedes para la clase media europea durante los setenta sin reclamar ningún protagonismo estético concreto. El caso extremo es el del taxista griego Gregorios Sachinidis, cuyo W115 240D de 1976 superó los 4,6 millones de kilómetros antes de retirarse al museo oficial de Mercedes en Stuttgart, cifra que ningún coche eléctrico actual tiene la menor esperanza de igualar.

Esa familia de coches representaba la filosofía Mercedes más pura, aquella que construía berlinas pensadas para durar cincuenta años y que ponía la fiabilidad mecánica por encima del gesto formal. El W115 no era un coche bonito en el sentido convencional, era un coche correcto, proporcionado y con porte, con una parrilla vertical enorme y unos faros cuadrados que transmitían seriedad sin necesidad de adornos. Era también, sólido como el Moncayo cuando se trataba de mecánica, con motores OM615 y OM616 diésel que hoy siguen rodando en museos, flotas berlinesas de taxis y camiones africanos reciclados como si el tiempo hubiera decidido respetarles específicamente a ellos. La calandra del nuevo Clase C Eléctrico recoge precisamente esa geometría vertical con 1.050 micro-estrellas retroiluminadas dentro, y funciona como panel tecnológico sin renunciar al lenguaje de 1968.

Mercedes Benz W114 W115 eR abril 2026

Gorden Wagener y su equipo podrían haber elegido cualquier otro referente del archivo de Stuttgart, desde el propio W111 coupé hasta el 190E Cosworth que ganó titulares de prensa en los ochenta, pero la decisión de mirar a los “Strich Acht” tiene una lectura industrial que va más allá de la nostalgia. Bastian Baudy, nuevo director de diseño de la marca, ha definido el frontal del Clase C Eléctrico como “una reinterpretación de la elegancia clásica para la era eléctrica”, y esa frase explica por qué la parrilla recupera el cromo envolvente y la verticalidad en lugar de copiar el recurso de la superficie cerrada y aerodinámica que pusieron de moda Tesla y Polestar. El W115 representa la berlina executive por excelencia dentro del catálogo histórico de Mercedes, el coche exacto que el Clase C pretende ser hoy en su versión eléctrica, y la coherencia entre original y tributo da al gesto una consistencia que los homenajes al 300SL nunca podrían alcanzar porque aquel es un coche que vive solo en colecciones millonarias. Es un homenaje funcional, no sentimental, y eso le da mucha más consistencia de la que tenían los guiños sueltos que la marca solía colocar en modelos anteriores.

El Vision Iconic del pasado otoño apostaba por el W111 y el Clase C Eléctrico apuesta por el W114/W115, una decisión coherente porque cada carrocería mira a la referencia histórica que le corresponde por jerarquía y por función dentro de la gama. El próximo Clase S Coupé tirará del W111, el GLC EQ ya bebe del mismo pozo, y ahora el Clase C se ancla en el segmento medio alto con su propia genealogía. Cada coche nuevo elige su abuelo concreto, y esa precisión genealógica es la que convierte el movimiento en algo distinto a los típicos ejercicios retro descafeinados, porque mientras la industria discute si tiene sentido copiar un faro redondo de 1965, Mercedes ha entendido que el pasado solo se recupera con éxito cuando la decisión obedece a una lógica de producto y no a un capricho del departamento de marketing.

El EQS se queda como la víctima colateral del nuevo plan

Los 762 km de autonomía homologada del Clase C 400 4MATIC dejan al actual Mercedes-Benz EQS en una posición bastante incómoda, porque la berlina insignia eléctrica de la casa solo mejora esa cifra en sus versiones más caras y con optimizaciones de pega. Añade el dato de que Mercedes ha confirmado la muerte del EQS tras esta generación, y la desaparición del propio apellido EQ en el nuevo Clase C, y tienes dos noticias silenciosas que pocos medios están leyendo con la atención que merecen, porque la marca está admitiendo sin decirlo que el buque insignia eléctrico de los últimos cinco años fue un experimento caro y estéticamente fallido. El EQS ha vendido en Europa menos de una tercera parte de lo que Mercedes proyectaba antes de su lanzamiento, y el Clase C Eléctrico, con un 30% menos de batería útil y una tercera parte de precio, consigue prácticamente la misma autonomía WLTP en una carrocería que cualquier cliente reconoce de inmediato como Mercedes.

El EQE y el EQS nacieron cuando Mercedes todavía creía aquella chorrada de que el coche eléctrico necesitaba un lenguaje formal propio, una carrocería monovolumen aerodinámica que fuese como el típico plasta que te da la turra día sí, día también, con su nuevo coche. Esa hipótesis resultó equivocada porque el comprador de berlina premium no quería un coche distinto sino un Mercedes que además no gastara gasolina, y el Clase C Eléctrico está ejecutando ahora esa lectura con seis años de retraso corporativo sobre el diagnóstico correcto. Tesla había llegado a la misma conclusión en 2017 con el Model 3, una berlina que se parecía a una berlina precisamente porque su comprador la quería así, y Mercedes ha tardado casi una década en permitirse aceptarlo públicamente, quizá porque aceptar que Tesla tenía razón en algo estético resultaba doloroso para una casa que lleva catorce décadas pontificando sobre cómo debe ser un coche de lujo.

Nuevo Mercedes Benz Clase C EQ eR abril 2026 (35)

El interior es donde el Clase C Eléctrico se descuelga de la tradición que el resto del coche reivindica con tanta convicción. El MBUX Hyperscreen de 39,1 pulgadas domina el salpicadero entero de montante a montante con más de mil LEDs individuales de retroiluminación y control independiente por zonas, corre sobre MB.OS con IA de OpenAI, Microsoft y Google simultáneamente, y se complementa con el techo panorámico Sky Control de 162 puntos LED imitando un cielo estrellado y nueve segmentos de opacidad ajustable. A esto hay que sumar los programas ENERGIZING COMFORT con nombres como Fresh Breeze, Good Vibes o Power Nap que convierten el coche en un spa de diez minutos entre semáforo y semáforo, un derroche de ingeniería que Mercedes presenta como refinamiento y que al purista le parece más bien sobrediseño con olor a yoquesé. Los plásticos blandos bajan hasta la parte inferior de puertas y consola mejorando, según las primeras tomas de contacto, los del GLC EQ, así que el problema no está en los materiales sino en el planteamiento, porque un habitáculo que reclama herencia del W115 no debería apostar su permanencia visual a una pantalla OLED que quedará desfasada antes que la mecánica que lleva debajo. Queda la duda estética de si la tapicería estándar Softtorino, un cuero sintético que Mercedes vende como premium, aguantará las cuatro décadas que aguantaba el MB-Tex del W123 sin descoserse por las costuras, y esa duda es la que impide que el interior termine de cuadrar con el discurso del resto del coche.

La versión trasera con batería de 85 kWh llegará en 2027 con una autonomía oficial estimada cerca de los 800 km, cifra que finalmente enterrará cualquier discurso sobre la insuficiencia del segmento D eléctrico en viajes largos. El peso declarado de 2.460 kg sigue siendo un problema estructural del coche eléctrico actual, aunque las suspensiones neumáticas AIRMATIC con lectura anticipada del terreno vía Google Maps y datos Car-to-X compensan buena parte de esa masa con tecnología que ya veíamos en el Clase S térmico de febrero. La transmisión de dos velocidades en el eje trasero, con una primera corta de 11:1 para aceleración urbana y una segunda larga de 5:1 pensada para eficiencia autopista, es uno de esos detalles de ingeniería que la prensa generalista nunca destacará, y que sin embargo explican buena parte de por qué el Clase C Eléctrico consigue 762 km con una batería de capacidad razonable en lugar de las bestias de 120 kWh que exhiben algunos rivales chinos. El motor delantero del 4MATIC incorpora además una disconnect unit que desacopla mecánicamente el eje cuando el coche no necesita tracción total, reduciendo las pérdidas hasta un 90% en crucero, y el paquete ADAS MB.DRIVE ASSIST PRO se estrena primero en Estados Unidos porque la regulación europea todavía anda discutiendo cómo permitir el nivel 3 fuera de autopista. El Clase C Eléctrico cierra así un triángulo estético que el Vision Iconic abrió hace seis meses y que el Mercedes-Benz GLC EQ desarrolló un día después, y Stuttgart demuestra con este movimiento que tiene prisa por cerrar el capítulo del huevo antes de que el EQS termine de apagarse solo en los concesionarios.

 

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Jose Manuel Miana

Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.

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