El Ferrari F40 moderno que no puede llamarse Ferrari

El Ferrari F40 moderno que no puede llamarse Ferrari

La reinterpretación moderna del Ferrari F40 construida sobre un SF90 desmontado que cabalga entre el homenaje y la polémica


Tiempo de lectura: 9 min.

Durante meses, el Venuum V40 pareció una de esas fantasías digitales que nacen para llamar la atención en las redes sociales y desaparecen antes de acercarse a un coche real. Sus imágenes mostraban una reinterpretación moderna del Ferrari F40, con una carrocería de fibra de carbono, proporciones más extremas y una potencia anunciada de unos 1.100 CV. Detrás de esa apariencia, sin embargo, no había un chasis imaginario ni una maqueta: había un Ferrari SF90 completamente desmontado. Ahora el proyecto ha llegado a la carretera y plantea una pregunta bastante más interesante que la cifra de potencia: ¿qué queda de un Ferrari cuando cambia de carrocería, de nombre y de identidad?

Venuum es un preparador con sede en Dubái y trabaja sobre unidades nuevas del SF90. La compañía fabrica las transformaciones en series muy pequeñas, con dos o tres coches en proceso al mismo tiempo, y adapta cada ejemplar a las preferencias de su propietario. El resultado no es una edición especial de Ferrari, sino una creación independiente que utiliza un automóvil de Maranello como punto de partida. La propia Venuum insiste en que no existe ninguna relación oficial, patrocinio ni aprobación por parte del fabricante italiano.

El primer V40 terminado ya se ha mostrado en movimiento. El coche aparece pintado de rojo, con una silueta que recuerda inmediatamente al F40, aunque algunos detalles también evocan al F50. El alerón trasero domina la zaga, las cuatro ópticas circulares recuperan una de las imágenes más reconocibles del modelo de los años ochenta y la cubierta perforada del motor intenta reproducir parte de la crudeza visual del original. Tres salidas de escape centrales ponen el contrapunto contemporáneo a una carrocería que mira hacia el pasado.

Un F40 sobre la base del SF90

La contradicción técnica aparece en cuanto se observa lo que hay debajo. El Ferrari F40 original era una máquina ligera, de propulsión trasera, motor V8 biturbo y una relación casi física entre el conductor y el automóvil. No necesitaba motores eléctricos, tracción total ni una batería de alta tensión. Su atractivo procedía, precisamente, de la ausencia de casi todo lo que hoy se considera necesario para que un superdeportivo moderno sea rápido y utilizable.

El SF90 representa el extremo opuesto. Su sistema híbrido enchufable combina un motor V8 biturbo de 4,0 litros con tres motores eléctricos. La electrónica gestiona la entrega de potencia, la tracción y la recuperación de energía, mientras que el conjunto ofrece unas prestaciones que el F40 no podría igualar en una medición moderna. Venuum conserva esa base mecánica y anuncia una potencia aproximada de 1.100 CV para el V40, aunque no ha detallado con suficiente precisión qué modificaciones permiten alcanzar esa cifra ni ha aportado una homologación independiente.

La transformación não pretende recuperar la ingeniería del F40. Recupera su lenguaje visual. Esa diferencia resume todo el proyecto.

El F40 era el resultado de una filosofía. El V40 utiliza la imagen de esa filosofía para vestir una máquina mucho más compleja, pesada y poderosa. Puede ser más rápida en casi cualquier circunstancia, pero no representa la misma idea de automóvil. El original buscaba eliminar intermediarios. La reinterpretación moderna necesita una cantidad considerable de ellos para funcionar.

Venuum V40 (2)

De los renders a la carretera

Durante bastante tiempo, el V40 existió sobre todo en forma de imágenes generadas por ordenador. Venuum mostró varias configuraciones posibles, entre ellas una unidad blanca con franjas turquesas y otra de color verde esmeralda con llantas blancas. Esas imágenes sirvieron para enseñar el alcance de la personalización, pero también alimentaron las dudas habituales ante cualquier proyecto de este tipo: ¿había un coche real detrás de los renders o solo una propuesta pensada para conseguir atención?

La aparición de un SF90 desmontado en los talleres de Venuum despejó parte de esas dudas. Después llegaron las primeras unidades en proceso de fabricación y, finalmente, el vídeo de un coche completo circulando por una carretera de curvas. El cambio es importante. Un render puede dibujar cualquier proporción y prometer cualquier cifra. Un automóvil que gira, frena y acelera tiene que resolver todas las contradicciones que la pantalla permite esconder.

La primera unidad terminada se ha presentado como un V4X, no como el V40. Venuum todavía no ha explicado si se trata de un cambio definitivo de nombre, pero la nueva denominación aparece en el vídeo y añade otra capa de incertidumbre al proyecto. También confirma la voluntad del preparador de construir una identidad propia, aunque la silueta haga imposible olvidar el modelo en el que se inspira.

Un Ferrari que no puede llevar el Cavallino

El asunto de los emblemas tiene una explicación sencilla. Ferrari es una marca especialmente celosa de su imagen y de sus signos distintivos. El Venuum V40 no es un Ferrari oficial, no ha sido desarrollado por Maranello y no cuenta con su aprobación. Por eso la carrocería utiliza los emblemas de Venuum en el capó y en la parte trasera, pese a que todo el proyecto depende de que el espectador reconozca inmediatamente la inspiración del F40.

La paradoja resulta casi perfecta. El coche necesita parecer un F40 para justificar su existencia, pero no puede presentarse como un Ferrari F40 moderno. Venuum puede utilizar las formas, las proporciones y determinados recursos visuales como punto de partida de su propia creación. Lo que no puede hacer es sugerir que Maranello ha participado en el proyecto o que el V40 pertenece a la gama oficial de Ferrari.

Esa frontera no es nueva. El fabricante italiano ya se enfrentó al músico deadmau5 cuando transformó su Ferrari 458 Spider en el llamado Purrari. El coche recibió una decoración inspirada en Nyan Cat y sustituyó los distintivos originales por emblemas personalizados. Ferrari North America envió una carta de cese y desistimiento, y el automóvil acabó recuperando su aspecto de serie. El caso demostró que, para Ferrari, los logotipos y los nombres tienen una importancia que va más allá de un simple adorno.

El V40 evita el problema desde el principio. No intenta conservar el Cavallino ni utilizar el nombre Ferrari como denominación propia. El preparador reivindica su coche como una creación independiente, aunque su argumento comercial dependa de la memoria de Maranello.

Venuum V40 (3)

El Venuum V40 demuestra que el F40 se ha convertido en un código visual intocable: un disfraz de 1.100 CV sobre la compleja ingeniería de un SF90

¿Homenaje o apropiación?

La cuestión más delicada no tiene que ver con los derechos de marca, sino con la intención. Venuum no ha creado una carrocería completamente nueva que por casualidad recuerde al F40. Ha construido una reinterpretación deliberada de uno de los Ferrari más famosos de todos los tiempos. El nombre V40, además, establece una relación evidente con el original sin necesidad de pronunciar su nombre completo.

Eso no convierte automáticamente el proyecto en algo ilegítimo. La cultura del automóvil está llena de recreaciones, restomods y transformaciones que parten de modelos históricos para llevarlos a un terreno contemporáneo. Algunas respetan la filosofía original; otras solo conservan su aspecto. El V40 pertenece claramente al segundo grupo.

Su atractivo está en la desmesura. Un propietario puede disponer de un SF90 con una carrocería que lo convierte en algo mucho más raro y llamativo que el modelo de serie. La personalización por unidades permite elegir colores, franjas y acabados, de modo que cada coche pueda funcionar como una pieza única. La producción anunciada se limitará a seis ejemplares, todos reservados según Venuum, aunque las primeras informaciones no siempre han coincidido al precisar el número final.

El precio de esa exclusividad no se ha hecho público. Tampoco se conocen todos los cambios realizados en la suspensión, la aerodinámica, la refrigeración o la gestión electrónica. La nueva carrocería no es un elemento inocente: modifica el flujo de aire y puede alterar el comportamiento de un automóvil capaz de superar ampliamente las prestaciones del SF90 de serie. Sin información detallada, la cifra de 1.100 CV debe entenderse como un dato anunciado por el preparador, no como el centro técnico de la historia.

El recuerdo de un coche irrepetible

El F40 no necesita una versión moderna para seguir siendo importante. Su lugar en la historia está asegurado por la época en la que nació, por su relación con Enzo Ferrari y por una forma de entender el superdeportivo que ya no puede repetirse en un automóvil nuevo homologado para circular por carretera. El V40 no lo sustituye ni lo mejora. Lo convierte en una referencia estética para clientes que quieren una experiencia mucho más actual.

Ahí reside su interés. La creación de Venuum demuestra que el F40 ha dejado de ser únicamente un automóvil histórico. También se ha convertido en una especie de código visual. Un capó bajo, unas ópticas circulares, una cubierta de motor perforada y un gran alerón bastan para activar una memoria colectiva. El V40 funciona porque todo el mundo sabe qué quiere recordar, aunque nadie pueda confundirlo con el coche original cuando empieza a moverse.

El Ferrari F40 moderno de Venuum no recupera la filosofía del modelo de los años ochenta. Recupera su imagen, la mezcla con la complejidad del SF90 y añade una potencia que habría resultado absurda en aquella época. Tal vez por eso no puede llevar el Cavallino: debajo de la carrocería queda un Ferrari, pero fuera de ella aparece otra cosa.

Una máquina construida sobre la base de un SF90, diseñada para parecer un F40 y obligada a llamarse V40 o V4X. Un automóvil que necesita el recuerdo de Ferrari para existir, pero que solo puede venderse cuando se separa oficialmente de Ferrari.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".
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