La prensa del motor está obligada -una vez más- a reinventarse

La prensa del motor está obligada -una vez más- a reinventarse

En la era post-COVID veremos algunos cambios


Tiempo de lectura: 7 min.

Uno de los sectores que han seguido funcionando desde la instauración del estado de alarma ha sido el periodismo, especialmente el generalista para cubrir una actualidad de la que es imposible escapar. En el caso concreto de las publicaciones de prensa del motor todos los medios hemos sufrido el fenómeno contrario, una pérdida de “materia prima” ante la cancelación de presentaciones, eventos del motor y las pruebas de vehículos.

Los medios escritos en papel, los digitales, las radios e incluso los emitidos en televisión han tenido que cambiar sus dinámicas de trabajo en mayor o menor medida. En nuestro caso, espíritu RACER no ha cerrado y ha mantenido su actividad mediante el modelo de teletrabajo al que estábamos acostumbrados desde el primer día. Otros medios han tenido que adaptarse a la fuerza a funcionar fundamentalmente desde casa, con o sin una mínima dotación de personal en sedes u oficinas.

Hoy se ha celebrado un “telecoloquio” –webinar– entre periodistas del motor, el cual ha puesto de relevancia cómo vemos en el sector el presente, y cómo nos imaginamos que va a ser el futuro. Resulta evidente que nos vamos a ver afectados por el parón en el automóvil, porque aunque los concesionarios van a volver a abrir en toda España, es evidente que se van a vender menos coches y que la “tarta publicitaria” tendrá menos calorías.

Informe coronavirus Comscore marzo 2020

Comscore detectó en las primeras semanas del confinamiento un aumento del consumo de información digital

¿Qué ha cambiado en el periodismo del motor durante el confinamiento?

Podemos empezar por la audiencia. Algunos medios han notado un incremento en sus audiencias, caso de las radios, otros han notado caídas, como el papel. Al margen de la disminución de la venta en kioskos y las suscripciones que se venía experimentando en los últimos años, se han sumado muchas dificultades logísticas. No resulta precisamente fácil llevar revistas a cualquier lugar para que el cliente las adquiera, y eso ha afianzado el problema de la rigidez de la distribución.

En medios digitales David G. Artés, director de Diariomotor, habló de una caída de audiencia por el incremento de necesidades informativas de carácter general, algo que se ha sumado a la pérdida de temas como la avalancha de novedades previstas para el Salón de Ginebra y otras citas que se han ido cancelando. No ha sido el caso de este medio. En general, los medios hemos hecho un esfuerzo para seguir cumpliendo con las funciones del periodismo: informar, formar y entretener (especialmente esto último). Hasta hay grupos que han regalado sus revistas.

Al haber menos presión por las exigencias de la actualidad, los medios hemos aumentado la oferta de temas más atemporales, con historia, mecánica, técnica… Nos ha quedado más tiempo libre para dedicarle tiempo a todo ello, o como ha dicho Félix García de Unidad Editorial, “el reportaje de toda la vida”. Algunos medios han tenido que echar el cierre estas semanas o cambiar sus frecuencias de publicación en el caso de algunas revistas. La inversión publicitaria está por los suelos.

paywall

Eso nos lleva a un espinoso asunto, el de la financiación. Hemos visto recientemente cómo se han establecido muros de pago parciales (modelo freemium) en pesos pesados de la información en Internet, como El Mundo y El País, aunque la información generalista sigue siendo accesible, algunos contenidos ya solo se pueden ver con un pago habitual que no está tan lejos de lo que cuesta una cuenta de Netflix o de Spotify. Valor y precio no van de la mano, pero con una base suficiente de suscriptores salen las cuentas.

Los muros de pago o paywalls se van a convertir en una realidad habitual, cada vez somos más los que vemos en este negocio la necesidad de poner en valor nuestro trabajo y que el modelo del “todo gratis” está arrastrándonos hacia un “lento suicidio” en palabras de Chimo Ortega, director de Motor en Capital Radio y del programa Sobre Ruedas. La información de calidad cuesta dinero, y la publicidad no es el bálsamo de Fierabrás.

Por la llegada del muro de pago algunos han “masacrado en las redes sociales” (Felix García dixit) a los medios que los han implantado. Eso no es justo

En espíritu RACER apostamos por un modelo en el que la mayoría de los contenidos están disponibles de forma gratuita y preferimos un modelo de suscripción voluntario, el que lo desee puede apoyarnos por Patreon a partir de 1 euro al mes. Algunos contenidos los estamos reservando para nuestros “mecánicos” (a partir de 2 euros al mes), contenidos que han llevado muchas horas de documentación, redacción, maquetación, corrección, etc. Al cabo de una semana los hacemos públicos.

Patreon espiritu RACER

El “vil metal” es el quid de la cuestión

Sí, vivimos en una época en la que las barreras de acceso son inexistentes. Cualquiera puede iniciar una publicación, una cuenta en redes sociales o un videoblog sin conocimientos técnicos, ni periodísticos, ni de ningún otro tipo, y difundir su obra gratis. En el caso de las publicaciones profesionales, hay algunas “sutiles” diferencias, tenemos que pagar salarios, gastos de infraestructura (no, en Internet no hay nada 100 % gratis), impuestos, esas cosas llamadas cotizaciones sociales, etcétera.

Esto no hará tampoco que el papel muera como medio, sigue teniendo vida por delante, y así lo cree Alex Adalid, director del Suplemento de Motor Las Provincias. Eso sí, hay que potenciar el modelo de suscripción, que llegue a casa por correo convencional o a una tableta o similar. Difícilmente podremos ver en papel el trabajo de un aficionado. Quiero aclarar que un aficionado tiene todo el derecho que quiera a expresar lo que quiera considerar oportuno, pero en justicia hay que trazar una línea que delimite lo que es un hobby/afición, y lo que es un medio de vida.

La prensa del motor es parte de un engranaje muy sofisticado que es la cadena de valor en la automoción. No se venderían tantos coches ni el público estaría tan informado sin el valor que aportamos los medios especializados, y eso los fabricantes e importadores lo saben muy bien. El periodismo del motor es tan viejo como el propio automóvil. Vosotros, queridos lectores, sois conscientes de nuestra importancia, y digo esto como parte de un colectivo, no como un periodista concreto ni de un medio en concreto.

Concesionario Ford reapertura

La “nueva normalidad” traerá cambios estructurales. Sí, puede que haya menos gente que necesite un vehículo porque ha perdido su empleo, porque ha decidido apostar por modelos alternativos a la propiedad, o porque el teletrabajo se convierta en su nueva realidad. Sí, también habrá gente que durante una temporada prefiera la comodidad y la seguridad de un vehículo propio en un contexto pospandémico frente al transporte público o los vehículos de uso compartido.

Los periodistas de motor seguiremos haciendo nuestro trabajo: informar, formar y entretener. Puede que a medio plazo nos pongamos de acuerdo en levantar muros de pago, sobre todo con modelo freemium, es decir, que unos contenidos son de consumo público y otros quedarán limitados a los suscriptores. Así funcionan Movistar+, Amazon Prime, Netflix, Tidal… servicios que son intangibles pero que han sido apreciados por el público como que tienen un valor. Su oferta actual sería impensable a base de publicidad o modelos freemium.

El “todo gratis” puede funcionar con unos ingresos publicitarios amplios y una estructura de costes baja o inexistente -modelo amateur-, pero es evidente que no es una solución universal. Y dado que en la mayoría de sectores profesionales el trabajo no se regala, no terminamos de entender que nosotros, los periodistas, tengamos que regalar el nuestro. Los ingresos al margen de la publicidad aseguran nuestra viabilidad económica y algo muchísimo más importante: nuestra independencia respecto a intereses de terceros.

Y vosotros, ¿qué opinión tenéis al respecto?

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Sobre mí

Javier Costas

Me gustan los coches desde que tengo uso de razón (o antes). Tras haber conducido más de 400 coches aquí sigo, divulgando y aprendiendo a partes iguales sobre las cuatro ruedas. Vosotros habéis hecho que se convierta en mi pasión.

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Me gustan los coches desde que tengo uso de razón (o antes). Tras haber conducido más de 400 coches aquí sigo, divulgando y aprendiendo a partes iguales sobre las cuatro ruedas. Vosotros habéis hecho que se convierta en mi pasión.

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Aficionado al mundo del motor desde que fui concebido. Aprendí a leer con revistas de coches y, desde entonces, soy un completo enamorado de la gasolina. Como no se nace sabiendo todo, cada día es importante aprender algo nuevo y así ampliar los conocimientos. Este mundillo tiene mucho que ofrecer, al igual que un servidor a vosotros los lectores.

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Portador del contagioso virus de los coches desde los once años. Ingeniero en informática, programador de robots y visión artificial que lo piensa todo en coches. Amante del arte, técnica y tecnología en movimiento, esto es, apasionado incondicional del automóvil.

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Desde que tengo conciencia me llamó la atención cualquier cosa con ruedas. Aprendí a montar en bicicleta al mismo tiempo que a andar, y creo que la genética tiene algo que ver: mi padre adoraba los coches, les ponía nombres, mi abuelo conducía y participaba en el diseño de camiones, y le privaban los coches...

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Soy Elena Lebrón, una joven periodista que desde los 16 años bucea entre grasa y aceite. A los 20, tuve un grave accidente de moto y entendí que faltaban mujeres que hablaran de velocidad y seguridad, y sobre todo mujeres que aportaran información útil y diferente sobre el motor. El motor siempre ha sido una cosa de hombres y las mujeres también tenemos mucho que decir así que toca gritar bien alto : ¡Gas amigas!