Quizás la representación gráfica del arquetipo de diseño retro que escasea –que rogamos, ¿por qué no?–, que muestra el camino a fabricantes y estudios de diseño que imaginan y materializan regresos de íconos del pasado demasiado tapados por los tratamientos de carrocería más modernos. Y cuando hablo de tratamiento incluyo tanto al concepto que se estampa sobre los paneles –los rasgos propiamente dichos– como a las posturas y las redimensiones, influenciadas, es cierto, por reversionar sobre la base de modelos actuales.
No hace tanto tiempo lo sentí cuando le retiraron la lona al Lamborghini Countach LPI 800-4, condicionado desde el momento en que nació del Aventador. Del clásico Countach, entonces, poco y nada quedó. No es que no comulgue con la creatividad en movimiento. Todo lo contrario. Un deportivo clásico luce de una forma y no tiene por qué descender en alta fidelidad entre el humo y las luces de la máquina del tiempo cuando se abre la compuerta. Los problemas, insisto con el ejemplo de la edición italiana, aparecen cuando en el revival, poco comprometido con la causa, se infiltra sobremanera la estética de algo establecido –no hablo del clásico homenajeado, sino del modelo contemporáneo tomado como partida– y no termina siendo un producto genuino.
Si el coche de culto es replicado en exceso, ¿pues qué sentido tiene la exhumación? Si la reinterpretación es presa de las tendencias de estilos de su tiempo, la identidad puede correr peligro, tanto hasta desvirtuarse. El juego del ¿cómo sería hoy…? no termina por convencerme, más por las respuestas que por la pregunta en sí. Prefiero no ser parte de él si el precio es caer en la zona de confort de siempre. Las respuestas suelen proponer visiones que llevan el coche de ayer al terreno de hoy casi en piloto automático, sin atreverse a algo distinto.
En pocas palabras, algo ni tan perteneciente a su tiempo ni tan atado a su antepasado. Sin embargo, lo que vi en las últimas horas puede que sea una excepción. Lo publicado por Pininfarina en colaboración con la división madre de la criatura funciona como punto justo. Quizás sea esa respuesta ideal que buscamos para el cómo sería hoy. Su primera virtud es que obliga a verlo dos veces en un instante: primero para encontrar allí, sin titubeos, al Honda NSX de primera generación y después para cerciorarse de que no es aquel Honda NSX de primera generación, porque el tratamiento parece circunscribirse en profundidad al diseño original.
Pero digamos que ese segundo vistazo es más simbólico que otra cosa, porque queda a las claras su forma propia del 2025 y no de comienzos de los noventa. Si a eso le sumamos los elementos, tales como las llantas en estrella inspiradas en las del legendario Honda, la iluminación trasera, las ópticas delanteras, el acertado gesto de los espejos laterales bitono… Componentes contemporáneos incorporados a una reversión con líneas y molduras que juran lealtad al NSX sin tener que viajar al pasado, pero alejándose de los revivals que convierten deportivos clásicos en máquinas casi irreconocibles y, en más de un caso, abominables.
Si nombre es Tensei –Renacimiento en japonés–, es creación de JAS Motorsport y tanto el interior como la carrocería es aporte de la firma italiana. Es apenas un primer vistazo, según indicaron en las cuentas de difusión, pero suficiente para entender las intenciones estéticas más allá de su condición lógica de “superdeportivo ultramoderno”. Lo olvidaba: la lealtad al Honda NSX es también con la mecánica, porque el V6 3.0 no se toca y es parte de esta nueva obra.


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Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.COMENTARIOS