Hay momentos en los que miras dos coches y piensas que algún diseñador ha tenido el día vago, y luego está este caso, donde el parecido es tan evidente que ya ni siquiera hace falta echar una cerveza de más para verlo. El nuevo Mercedes GLB, que acaba de presentarse con una estética renovada y una plataforma multienergía que promete tanto versiones eléctricas como híbridas, tiene un aire al Smart #5 que va bastante más allá de lo normal. No es cosa de que todos los SUVs cuadrados se parezcan entre sí: es que aquí hay gato encerrado aunque Mercedes prefiera no entrar en detalles sobre el asunto.
Lo curioso es que las sospechas no son infundadas porque ambos modelos salieron del mismo despacho de diseño, el de Gorden Wagener, el director de diseño de todo el grupo Mercedes. Pero ahí se acaba la historia oficial, porque las plataformas son diferentes, los trenes de potencia son distintos, y no tienen ni un solo componente compartido. Sobre el papel, son primos lejanos que simplemente comparten algunos rasgos faciales. Sobre el asfalto, y especialmente cuando los ves en fotos, la cosa cambia bastante más.
Dos plataformas y un mismo lenguaje visual que no engaña a nadie
Vayamos por partes, que diría Jack. El Smart #5 llegó en 2024 como el modelo más grande de una marca que había pasado de hacer simpáticos bólidos urbanos a meterse de lleno en el terreno de los SUVs eléctricos (a lo loco). El diseño exterior vino de Mercedes, que tiene el 50% de la joint venture con Geely, mientras que la ingeniería corrió a cargo de los chinos. El resultado es un bicho que va sobre la plataforma SEA de Geely y que se ofrece tanto en versión completamente eléctrica como con extensor de autonomía (o sea, motor), una solución que cada vez gana más adeptos entre los que no se fían del todo de enchufar el coche todas las noches.
El GLB de segunda generación, por su parte, se apoya en la plataforma MMA de Mercedes, ó sea, la misma que usa el nuevo CLA y que marca el camino de la marca hacia unos sistemas de propulsión más flexibles. Aquí tendremos tanto versiones eléctricas como híbridas suaves que emplearán ese motor de gasolina de 1.5 litros que ya conocemos de otros modelos de la gama. La arquitectura de 800 voltios del eléctrico permite cargas rápidas de hasta 320 kW, y eso se traduce en añadir 260 kilómetros de autonomía en apenas 10 minutos enchufado. Nada mal para un SUV familiar que promete hasta 630 kilómetros de alcance en su versión más eficiente.
Pero volvamos a lo que importa: ¿por qué narices se parecen tanto? Porque si nos fijamos en los números, las diferencias arquitectónicas son notables. El Smart va con baterías de 76 o 100 kWh mientras que el Mercedes se conforma con 85 kWh. En potencia, el Smart gana por goleada, especialmente en su versión Brabus que llega hasta los 637 CV, frente a los 349 CV del GLB 350 4Matic más potente. Mercedes todavía no ha confirmado si habrá versión AMG, aunque sería raro que dejaran pasar la oportunidad de meter un GLB con esteroides en el catálogo para competir con esa bestia parda del Brabus.
En dimensiones también hay diferencias aunque sean sutiles. El Mercedes es 37 milímetros más largo, y su batalla es 11 milímetros más corta. Es también el único de los dos que ofrece siete plazas de serie, mientras que el Smart se queda en cinco asientos pero promete más espacio para las piernas traseras y para el maletero. Por su parte, el GLB presume de 480 litros de capacidad de carga con las plazas traseras plegadas en la configuración de siete asientos, o 540 litros si te quedas con cinco plazas. Además, tiene un maletero delantero de 127 litros que siempre viene bien para guardar los cables de carga y las tonterías que no quieres mezclar con las bolsas de la compra.
Un parecido que va más allá de compartir diseñador jefe
Visualmente, el parentesco es innegable y va mucho más allá de que ambos sean SUVs cuadrados. Lo normal cuando estamos hablando de una silueta boxy suavizada por bordes redondeados, una línea de ventanillas prácticamente idéntica, unos pilares D marcados y una zaga vertical que podría intercambiarse sin que nadie se diera cuenta a primera vista. Hasta las pilotos de LED de ancho completo siguen el mismo esquema, aunque cada marca se reserva su firma lumínica particular para no hacer el ridículo.
Por delante, el Mercedes se diferencia con una parrilla más grande que, siendo sinceros, parece un añadido de última hora que no termina de casar con el resto del diseño. Da la sensación de que alguien dijese “oye, que esto se parece demasiado a un Smart” y decidieran meter una parrilla del tamaño de un campo de fútbol para que quedara claro el asunto de la marca. El Smart, en cambio, apuesta por dar más protagonismo a la toma de aire inferior del paragolpes, que también funciona como protección y le da un aire más deportivo y coherente con el conjunto.
Los faros delanteros también siguen un formato similar a base de una barra de LED que une ambos grupos ópticos, aunque solo uno de ellos presume del tratamiento estrellado que tanto le gusta a Mercedes. Es en ese tipo de detalles donde se nota que, aunque el diseño base sea hermano, cada marca intenta marcar su territorio como puede. Los pasos de rueda del GLB son más cuadrados, el Smart tiene unas carcasas de retrovisores únicas, y si te fijas bien, hay diferencias en los detalles cromados y en cómo se resuelven las manijas de las puertas. Pero vamos, que si los ves de lejos o en una foto rápida, más de uno se llevaría un buen susto.
Dentro, la historia se repite con ligeras variaciones sobre el mismo tema. Ambos coches montan una configuración de triple pantalla con un cuadro de instrumentos digital de 10.25 pulgadas. Las pantallas de infoentretenimiento y la del pasajero divergen ligeramente en tamaño, con 14 pulgadas en el Mercedes y 13 en el Smart, donde además van integradas en un panel de forma ovalada que queda bastante resultón. El GLB puede llevar opcionalmente la ‘Superscreen’ que básicamente te convierte el salpicadero en una sucursal del Media Markt, porque como bien dijo Gorden Wagener, si llevas una pantalla pequeña estás diciendo al mundo que vas en un coche pequeño. Y eso, señores, no se puede tolerar según Mercedes. No, todavía no han entendido que lo suyo debería ser la calidad antes que las teles.
El diseño va por delante de la lógica comercial
Las rejillas de ventilación, la consola central, los portavasos, las tarjetas de las puertas y los mandos también son diferentes, pero seamos realistas, porque si los movieses de un modelo a otro, nadie se daría cuenta hasta que intentara usar el sistema de navegación y se diera cuenta de que el software es distinto. Hasta los volantes comparten una forma similar, aunque el de Mercedes se diferencia con sus dos radios que le dan un toque más deportivo. La única diferencia realmente notable en el habitáculo es el tema de los asientos porque el GLB ofrece una configuración de tres filas y el Smart se queda en dos, con la segunda bancada deslizante para optimizar el espacio según necesites más para las piernas o más para el maletero.
Todo este parecido razonable tiene un nombre y apellidos: Gorden Wagener, el director de diseño responsable de todos los productos del grupo Mercedes. Su mano en este asunto es más que evidente, y no es que le falte creatividad al equipo, que seguro que no: es más bien una cuestión de alineación estratégica deliberada porque si tienes dos marcas bajo el mismo paraguas, tiene sentido que compartan un lenguaje de diseño común, especialmente cuando una de ellas está intentando establecerse como algo más que la marca que hacía el coche de pija por excelencia de primeros de los 2000.
El tema es que este tipo de estrategias tienen sus riesgos porque por un lado, consigues economías de escala en diseño y puedes aprovechar el prestigio de Mercedes para elevar la percepción de Smart entre el público. Pero por el otro… corres el peligro de que los compradores potenciales del Mercedes más caro se lo piensen dos veces antes de soltar la pasta si ven que el Smart ofrece algo muy similar por menos dinero.
No hablemos ya de los que miran el Smart y piensan que “es básicamente un Mercedes disfrazado, igual me compro este que además tiene más potencia en la versión Brabus”.
La pregunta del millón es ¿les importará a los compradores?
Al final, la cuestión que se plantea es si todo este parecido va a suponer un problema real en el mercado o si las diferencias mecánicas y el caché de cada marca serán suficientes para mantenerlos en sus respectivos carriles. El Mercedes parte con ventaja por la red de concesionarios, el prestigio de la estrella y la percepción de calidad alemana que aún vale algo. El Smart, por su parte, juega la carta de ser más exclusivo, más tecnológico gracias a Geely y potencialmente más potente si te vas a las versiones altas de la gama.
Los precios también marcarán la diferencia. El GLB 250+ arrancará en Alemania por algo menos de 60.000 euros, mientras que el 350 4Matic se irá a unos 62.000 euros. El Smart #5 se mueve en unas cifras similares pero con una propuesta de valor diferente: más potencia, más tecnología china y ese puntito de exclusividad de ir en una marca que todavía está construyendo su imagen en el segmento de los SUVs. No son coches para el mismo comprador, aunque a primera vista lo parezcan.
Lo que está claro es que Mercedes ha decidido jugar a dos bandas aprovechando su asociación con Geely para explorar territorios diferentes sin arriesgar demasiado el nombre de la marca principal. Si el Smart funciona, genial, habrán duplicado su presencia en el mercado de SUVs eléctricos sin canibalizar demasiado las ventas del GLB. Si no funciona, bueno, siempre pueden decir que era un experimento de la joint venture y seguir con su vida. Es una estrategia inteligente aunque arriesgada, porque los compradores de coches cada vez están más informados y se dan cuenta de estos juegos antes de que salgan en las revistas especializadas.
En cualquier caso, habrá que ver cómo reacciona el mercado cuando ambos modelos empiecen a compartir concesionarios, parkings y rotondas por toda Europa, porque una cosa es el diseño sobre el papel y los comunicados de prensa hablando de plataformas diferentes, y otra muy distinta es cuando tienes a los dos coches aparcados uno al lado del otro y la gente empieza a hacer preguntas incómodas. Los compradores no son tontos y que, tarde o temprano, siempre acaban descubriendo cuándo les están vendiendo básicamente el mismo coche con diferentes pegatinas. Veremos si la estrella de tres puntas es suficiente para justificar el precio, o si el Smart acaba robándole clientes a su hermano mayor de Stuttgart.


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Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.COMENTARIOS