Robin Wells no encontraba el coche deportivo que quería, así que hizo lo que haría cualquier persona razonable con dinero y tiempo: fabricarlo él mismo. El resultado es el Vertige, un biplaza de motor central que pesa menos que un Mazda MX-5 y que se construye a mano en Warwickshire, Inglaterra, con una filosofía tan sencilla que parece revolucionaria: menos peso, menos electrónica y más diversión.
La marca acaba de confirmar que este año producirá 12 unidades y que doblará esa cifra en 2027, unos números ridículos si los comparas con cualquier fabricante convencional, pero aquí nadie juega a eso. Wells Motor Cars apuesta por la exclusividad artesanal, con un máximo de 25 coches al año y una lista de espera que ya da para unas cuantas cenas de compromiso.
El precio actual ronda las 85.000 libras (unos 100.000 euros) para la versión de 2,5 litros, que es la que se ofrecerá a partir de 2027. Total que hablamos de un deportivo artesanal británico por lo que cuesta un Porsche Cayman bien equipado, pero con un carácter que no se parece a nada de lo que hay ahora mismo en el mercado.
Si lo tuyo es la mecánica pura y llevas años quejándote de que los coches modernos pesan demasiado y llevan demasiadas pantallas, el Vertige es exactamente el coche que te han quitado de la cabeza.
Un coche que pesa lo que un utilitario
El Vertige parte de un chasis monocasco de acero de alta resistencia con subestructuras tubulares delante y detrás, paneles de carrocería en composite reforzado con kevlar y un uso intensivo de aluminio en suelo, frenos y motor, así que el peso en seco se queda por debajo de los 850 kg. Eso hoy parece ciencia ficción cuando un Mazda MX-5 supera los 1.000 kg y cualquier coupé eléctrico se planta en los 2.000 sin despeinarse.
Las puertas son de tipo mariposa, al estilo del McLaren F1, pero sobresalen apenas 4 centímetros del cuerpo al abrirse, así que aparcar no se convierte en una aventura. Las dimensiones generales recuerdan a las de un Ford Fiesta (unos 3,94 metros de largo), un tamaño que le sienta fenomenal a su agilidad dinámica.
La suspensión es de doble triángulo en las cuatro ruedas, con ajustes manuales de convergencia y caída, mientras que la dirección de cremallera no tiene asistencia de ningún tipo porque a este peso no la necesita. Los frenos llevan pinzas de cuatro pistones y discos ventilados de 280 mm, todo mecanizado en aluminio desde bloque macizo.
La rigidez torsional declarada es de 47.000 Nm por grado, una cifra notable para un coche de este tamaño. Wells ha diseñado la estructura en formato modular con el habitáculo central y las subestructuras desmontables, lo que facilita enormemente el mantenimiento y las posibles reparaciones.
Motor Ford, carácter Lotus
El corazón del Vertige es un motor Ford Duratec de cuatro cilindros atmosférico, montado en posición transversal central y acoplado a una caja de cambios manual de seis velocidades. La versión de lanzamiento lleva el bloque de 2,0 litros con 208 CV a 7.300 rpm, alimentado por cuatro cuerpos de mariposa individuales Jenvey. La relación peso-potencia es brillante: 0 a 100 km/h en 4,8 segundos.
Wells ofrece también una especificación R con 250 CV, lo que da una relación de 290 CV por tonelada. Eso es territorio de superdeportivo con un motor atmosférico de cuatro cilindros. El depósito de combustible es de 50 litros con doble boca de llenado, una a cada lado, un detalle práctico y estético que Robin Wells quiso mantener. La autonomía ronda los 650 kilómetros, lo que unido a sus 206 litros de maletero, lo convierten en un coche apto para viajes.
Hay incluso espacio para una rueda de repuesto de tamaño completo, algo que muchos coches del triple de precio ya ni contemplan. El Vertige no es solo un juguete de circuito, sino un deportivo pensado para ser usado de verdad.
El lujo de no tener pantallas inútiles
Robin Wells fue músico clásico antes que empresario, y esa formación se nota en el interior. El pomo de la palanca de cambios está tallado en madera maciza de origen sostenible y tiene la forma de una batuta de director de orquesta. Los asientos van tapizados en cuero escocés cosido a mano y la instrumentación es analógica, con relojes reales que se mueven junto a la columna de dirección.
La única concesión a la modernidad es una discreta pantalla de 7 pulgadas con Apple CarPlay, pero no domina el habitáculo. Wells habla de la “paz mental” como el verdadero lujo: un interior limpio donde cada botón tiene una función clara sin menús interminables.
El parabrisas tiene calefacción y la visibilidad es excelente. No es un coche de kit donde pasas penurias; es un deportivo con techo, puertas y calefacción que puedes usar todo el año. Por eso Wells insiste en que el Vertige compite con los GT compactos, no con los track-days radicales.
¿Por qué merece la pena fijarse en este Wells?
En un mercado donde marcas como Lotus han abandonado los coches ligeros por los SUV eléctricos de lujo, Wells ocupa un hueco vital. Su competencia directa es el Alpine A110, pero el Vertige ofrece el extra de la caja manual y una ligereza aún mayor.
Los compradores visitan la fábrica, conocen al equipo y pueden participar en el proceso de construcción. Es una cadena de suministro británica casi al 100%. Doce coches al año es una gota en el océano, pero cada uno recuerda que un deportivo puede ser ligero, sencillo y bonito sin necesitar una pantalla de 15 pulgadas para regular el aire acondicionado. Wells no va a cambiar el mercado, pero le recuerda lo que se está perdiendo.


Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.COMENTARIOS