El Sabberton Omen no salió de ninguna fábrica. No tiene número de homologación, no tiene ficha técnica oficial y nadie conoce con exactitud sus cifras de potencia. Lo que sí se sabe es quién lo construyó, cómo lo hizo y cuánto tardó: Alan Sabberton, propietario de Sabena Marine en Wroxham, Norfolk, lo fabricó completamente desde cero en cinco años, aplicando al automóvil las mismas técnicas que usaba para construir y reparar embarcaciones. El resultado es uno de los coches más singulares que han rodado jamás por carreteras británicas —avistado en circulación tan recientemente como 2020— y cuyo paradero actual es un misterio.
Wroxham es un pueblo en los Norfolk Broads, la región de humedales y canales navegables del este de Inglaterra. No es exactamente el lugar donde uno esperaría que naciera un supercar de fibra de vidrio con V8 americano. Pero esa geografía explica en parte la mentalidad de Sabberton: en un entorno donde la construcción artesanal de embarcaciones es una tradición, la idea de fabricar una carrocería monocasco de una sola pieza sobre un chasis tubular no es tan descabellada. Es simplemente aplicar lo que ya sabes a un problema diferente.
El proceso de construcción lo refleja con claridad. Sabberton levantó primero el chasis —tubos de acero de 75 x 50 milímetros— y sobre él esculpió una carrocería de fibra de vidrio de una sola pieza, como si fuera el casco de un barco. La carrocería se construyó entera antes de que se cortara ninguna abertura: puertas, ruedas, capó. Todo emergió de esa cáscara continua después. La consecuencia directa de ese método fue una de las características más llamativas del Omen: las ruedas delanteras quedan completamente encerradas dentro de la carrocería, sin arcos visibles, lo que obligó a resolver el giro de dirección dentro de la anchura del coche. Eso, a su vez, explica las dimensiones del resultado: casi 5,5 metros de longitud y más de 2,4 metros de ancho, proporciones que en un biplaza solo tienen sentido cuando la anchura la dicta la geometría de la dirección y no el número de ocupantes.
La mecánica: lo mejor de lo que había a mano
Sabberton no fabricó lo que no necesitaba fabricar. La suspensión procedía de un Jaguar XJ6 —robusto, bien documentado, con repuestos accesibles en el mercado británico de segunda mano—. Bajo la carrocería trabajaba un V8 Chevrolet de 4,7 litros de alimentación por carburador, el motor americano por excelencia para quien busca par abundante, fiabilidad probada y facilidad de mantenimiento sin depender de electrónica propietaria. Las cifras exactas de potencia nunca se publicaron.
El resto del coche era un inventario de soluciones prácticas con procedencia variada: el parabrisas de un Citroën AX, las lunas laterales de una berlina Jaguar, la luneta trasera en policarbonato fabricado con técnicas de construcción naval, el cuadro de instrumentos de un Ford Orion. El interior combinaba madera y cuero —el lenguaje habitual del constructor naval— con esa instrumentación de turismo de gama media que resulta casi cómica en un habitáculo de esas proporciones. Las puertas eran de apertura convencional. En un coche que por lo demás parece concebido en otra dimensión, esa normalidad tiene algo de deliberado.
Lo que representa
Estéticamente, el Omen oscila entre la estética de los prototipos del Grupo C de los años ochenta y noventa —hay algo en sus proporciones aplastadas y su anchura extrema que recuerda a los coches de resistencia de aquella época— y algo más difícil de clasificar, más cercano a la ciencia ficción que al automovilismo. No es un coche bonito en el sentido convencional. Es un coche que no parece real, y eso es exactamente lo que Sabberton se propuso construir.
Una sola unidad en el mundo. Sin respaldo de fabricante, sin inversores, sin equipo de diseño. Un constructor de barcos en Norfolk que decidió que sus habilidades podían aplicarse a cuatro ruedas y tardó cinco años en demostrarlo. El Omen apareció en carretera, circuló, fue fotografiado y documentado por aficionados en foros de coches raros. Luego desapareció. Nadie sabe dónde está ahora. Hay algo perfectamente coherente en eso.


Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".