Steve Burgess nunca fue de conformarse con los caminos trazados. Su padre, un granjero de West Yorkshire que soñaba con mundos lejanos desde el sillón de su casa, le transmitió un espíritu viajero que caló tan hondo que terminó cambiando los tractores por aventuras imposibles. A los 17 años ya hacía autoestop hasta Turquía y, a mediados de los 70, recorría la Ruta Hippie por India y Nepal. Sin embargo, la historia que realmente importa llegó décadas después, cuando se le metió entre ceja y ceja cruzar el estrecho de Bering en un Land Rover anfibio modificado.
El estrecho de Bering separa Alaska de Rusia con 82 kilómetros de aguas traicioneras, corrientes brutales y hielo a la deriva. Muchos lo intentaron y fracasaron, pero Burgess pensó que el verano ofrecía una ventana de oportunidad. Eligió un Defender 110 TDI de especificación ROW (Rest of World), con volante a la izquierda y tan básico que ni siquiera era legal en Europa. Para él, los Land Rover de verdad son eso: tuercas, tornillos y una capacidad infinita para aguantar modificaciones, y no las imitaciones de hoy día. Ahora, tras escribir su nombre en los libros de historia, ha decidido despedirse de este compañero de fatigas.
Un Land Rover convertido en barco (o viceversa)
Cuando Burgess decidió que su vehículo tenía que flotar, recurrió a Dan Evans de Protection & Performance. La base era sólida, pero convertirlo en anfibio requería ingenio. Evans instaló una hélice desmontable conectada al chasis mediante un eje que aprovechaba la potencia del motor. Los dos flotadores rojos gigantescos, con un volumen de 5.600 litros, garantizaban una flotabilidad de 5,5 toneladas, suficiente para mantener a flote el Defender cargado de provisiones.
Las pruebas en Coniston Water fueron el bautismo de fuego. Ver cómo un todoterreno se convierte en embarcación pone los pelos de punta, pero el Defender navegó por el lago demostrando que la combinación de flotadores e impermeabilización funcionaba. La clave estaba en la simplicidad: nada de electrónica sofisticada que pudiera fallar en mitad del estrecho, solo mecánica robusta y soluciones directas.
Una travesía que hizo historia
Cruzar el estrecho de Bering en verano es solo “menos suicida” que en invierno. Burgess planificó cada detalle durante años sabiendo que no había margen de error. La travesía fue agotadora; navegar en un 4×4 no tiene nada que ver con hacerlo en un barco convencional. Burgess tuvo que lidiar con el oleaje y vigilar que los flotadores no se rajaran, pero llegó a la otra orilla, demostrando que con un Land Rover bien preparado, hasta lo imposible sucede.
Lo más irónico es que ese Defender no era legal para circular en Europa por su especificación. Sin embargo, Burgess cruzó uno de los lugares más peligrosos del planeta en un vehículo que no podía matricular en su país. Es la prueba de que la funcionalidad pura siempre gana a la burocracia. Su hazaña sigue siendo única, realizada sin patrocinios millonarios y solo con la determinación de un hombre que cumplió el legado de su padre.
La despedida del compañero de aventuras
Decir adiós a un vehículo así no es fácil. Este Defender es el testigo de años de sudor y momentos límite. La subasta del vehículo despertará el interés de coleccionistas, ya que se llevan un trozo de historia con un currículum imposible de igualar. Para Burgess, la despedida significa cerrar un capítulo, sabiendo que los recuerdos no se venden y que el vehículo puede seguir inspirando a otros en manos de un nuevo propietario.
El vínculo emocional es innegable, pero Burgess entiende que pasar la página es parte del viaje. El sueño del granjero de Yorkshire se materializó en este hierro que desafió al Ártico. Ahora que se despide de él, queda la certeza de que su hazaña seguirá viva en la memoria de todos los que nos negamos a conformarnos con los caminos ya trazados.


1
Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.