Coche del día: Volvo S40 T4 (MK1)

Coche del día: Volvo S40 T4 (MK1)

La versión más potente y cara de la gama, pero sin airbag de copiloto


Tiempo de lectura: 5 min.

El Volvo S40 T4 era una de las variantes más potentes del que, quizá, fue el modelo que más cambios introdujo en lo que, por lo general, entendemos todos como un Volvo. De hecho, sus 200 CV en una carrocería de poco más de 4,5 metros, dejaban claras las intenciones. No era un deportivo puro, pero sí era un coche mucho más rápido de lo que muchos podrían esperar.

Corrían los años 90 y la industria del automóvil estaba en plena transformación. A veces se pasa un poco por alto aquella época, pero entre el auge imparable de los motores diésel, la incorporación cada día más elevada de asistentes de conducción electrónicos, la presencia de airbags por todas partes y una competitividad brutal, los años 90 fueron realmente importantes. Si estabas relacionado con la industria de alguna manera, también fueron años apasionantes y emocionantes.

Sirva de ejemplo que durante los 90 se llevó a cabo un cambio de generación masivo en casi todos los segmentos. El Renault 19 dejó paso al Renault Mégane. El Peugeot 309 dejó paso al Peugeot 306. El Ford Escort abandonó el mercado en favor del sorprendente Ford Focus, se lanzó la generación E46 del BMW Serie 3, hizo acto de presencia el Audi A4, el Alfa Romeo 156 dejó a todo el mundo sin palabras por su diseño… Era un hervidero de novedades constantes.

Un cambio de rumbo junto a Mitsubishi

Los años 90 fueron, como se puede comprobar, más importantes de lo que a veces se recuerda. Incluso Volvo, una marca que no solía salirse del camino marcado, rompió moldes con el S40. Un sedán desarrollado en colaboración con Mitsubishi los japoneses crearon el Carisma, un gran coche muy poco valorado, que supuso el inicio de un cambio en la firma sueca que se fraguó poco a poco y que se representó, en aquellos años, con versiones como el Volvo S40 T4. Esta variante era tan Volvo como podía ser cualquier otro S40, pero añadía algo que lo hacía especial: prestaciones elevadas en un formato compacto.

Volvo S40 T4 MK1

El Volvo S40 T4 se situaba en los últimos escalones de la gama del sedán sueco. Las opciones mecánicas del S40 arrancaban con un bloque de 1,6 litros, típico de la época, que rendía 109 CV. También había un bloque de 1,8 litros, otra cilindrada muy característica de aquellos años y que, en el caso del S40, se ofrecía con inyección indirecta o bien, con inyección directa el sistema Gdi de Mitsubishi. Sí, había opciones diésel procedentes del banco de órganos de Renault el 1.9 dCi con 102 y 115 CV, que fueron las versiones más vendidas, mientras que los tope de gama, dos motores gasolina y turbo, fueron, como de costumbre, los menos populares entre el gran público.

Pero, claro, hay que tener en cuenta que el Volvo S40 T4 costaba 4.400.000 pesetas, unos 26.444 euros de 1996 , una cifra muy respetable si no tenemos en cuenta la inflación y miramos el poder adquisitivo de entonces.

Equipamiento y lagunas curiosas

Interesante resulta que, aunque era un coche caro, tenía ciertas lagunas en su equipamiento que hoy serían imperdonables. Por ejemplo, el volante tapizado en cuero era un extra, al igual que el cierre centralizado con mando a distancia, los elevalunas eléctricos traseros o el ordenador de viaje. Otro detalle llamativo era que contaba con airbag de conductor y airbags laterales de serie, pero el airbag del copiloto era opcional. El control de tracción era de serie, al igual que el ABS, reforzando ese enfoque en la seguridad activa tan típico de la firma afincada en Gotemburgo.

Que no tuviera el airbag del copiloto de serie podría parecer contradictorio en un Volvo, pero tenía sus motivos: si ponían airbag de copiloto, no se podía llevar la sillita de bebé a contramarcha en el asiento delantero derecho porque no existía, en aquel momento, la desconexión del airbag

El corazón de la bestia: 1.8 Turbo de 200 CV

Sin embargo, el protagonista absoluto era su propulsor. Volvo, como también ocurrió con Saab, no tardó en hacerse un nombre en lo que respecta a motores turboalimentados. Eran capaces de hacer magia: podían hacer un motor “percherón”, con mucho par en todo el rango de revoluciones para una conducción relajada, o bien, motores “de deportivo” como el que daba vida al mítico Volvo 850 R.

En el caso del Volvo S40 T4, podríamos decir que se quedaron a medio camino entre ambos mundos. De sus 1.855 centímetros cúbicos se extraían 200 CV a 5.500 revoluciones y un par de 300 Nm entre 2.400 y 3.600 revoluciones. Esto se lograba gracias a una culata de 16 válvulas y dos árboles de levas, un turbo de origen Mitsubishi tarado a una presión generosa de 1.9 bares y a un intercooler para enfriar la carga.

Poderío más que suficiente para mover un desarrollo en quinta de 40,50 kilómetros/hora a 1.000 revoluciones de forma ciertamente contundente para la época. El mejor ejemplo de su elasticidad era el paso de 80 a 120 kilómetros/hora, que en quinta se liquidaba en apenas 10,1 segundos. Los 28,8 segundos para cubrir los 1.000 metros con salida parada tampoco estaban nada mal, como tampoco lo estaba su velocidad máxima oficial de 235 kilómetros/hora.

No obstante, aunque veloz y muy capaz en las recuperaciones, el S40 T4 no era un coche puramente deportivo en el sentido dinámico de la palabra. Su dirección era lenta y algo pesada para una versión de estas prestaciones, el eje delantero se sentía perezoso al buscar el vértice de la curva y la suspensión mantenía una configuración general pensada para mimar al pasaje y filtrar irregularidades más que para afrontar curvas a ritmo de Gran Premio. Era un coche para volar bajo en autopista, pero sin las exigencias de un chasis de carreras.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".
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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

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