Coche del día: Toyota Yaris Verso

Coche del día: Toyota Yaris Verso

La fiebre del espacio


Tiempo de lectura: 4 min.

Los americanos comenzaron con la fiebre del oro, los fiesteros siguieron a Tony Manero con la del sábado noche, y ahora, un tercio -o más- de los compradores se ha dejado seducir por la fiebre SUV. Algo similar a esto último ocurrió en los 90 en muchos países de Europa. Al comienzo de la década los monovolúmenes podían contarse con los dedos de una mano, pero la llegada del Scénic lo cambió todo y la mayoría de fabricantes optaron por subirse al carro.

No solo hubo una oleada de nuevos modelos en el segmento compacto inaugurado por la marca del rombo, sino que el formato se extendió a otras categorías que, al igual que ocurre hoy con los SUV, coquetearon con distintas formas como rasgos distintivos. Ahí está el Renault Avantime como prueba de hasta dónde llegaba la osadía de algunos…

Toyota se había hecho experta con el Previa que vendía desde 1990, y al que se sumó el Picnic unos años después. La respuesta al Scénic se hizo esperar hasta tomar la base del Corolla E120 de 2002, y para entonces ya existía el Yaris Verso, por lo que la oferta de la marca nipona se extendía hasta nada menos que cuatro monovolúmenes.

El Yaris Verso nacía tomando como punto de partida un concept denominado Fun Cargo mostrado en 1997 y cuyo nombre se mantuvo para el mercado local, adoptando el que aquí conocemos con el objetivo de ir introduciendo el apellido Verso que se extendería al Corolla o al Avensis. La idea surgía de ofrecer mucho espacio en un tamaño reducido, algo que los japoneses siempre habían hecho muy bien. Con él se adelantaban a la propia Renault, que lanzaría el Modus años más tarde, así como otra avalancha de utilitarios convertidos en vehículos más espaciosos.

La originalidad del diseño del Yaris Verso recaía sobre todo en su vista lateral por las formas de la ventanilla delantera descendente, el curioso pilar B o el C disimulado para dar continuidad al cristal de las puertas traseras. En la zaga los pilotos verticales y una enorme luneta daban paso al portón que se abría hacia el lateral derecho en vez de verticalmente, lo cual necesitaba de mucho espacio para poder acceder al maletero en caso de aparcar en línea.

Sus proporciones dejaban una imagen algo cúbica, ya que su altura y anchura eran prácticamente idénticas. Eso suponía un enorme hueco para las cabezas una vez nos acomodábamos en el interior. El espacio para las piernas de los pasajeros traseros era también generoso, pero la anchura estaba algo limitada para tres ocupantes (el milagro solo tenía un nombre: Fiat Múltipla). Aún quedaba espacio para un maletero con capacidad de compacto.

Cuando fue lanzado al mercado, el Yaris Verso no tenía rivales directos. Los Renault Modus, Fiat Idea u Opel Meriva llegarían años más tarde para dar forma a una nueva categoría: la de los monovolúmenes del segmento B

Su practicidad estaba entonces fuera de toda duda, quedando como su mejor reclamo y mayor virtud. Porque dinámicamente no podía ocultar su planteamiento familiar, y aunque la estabilidad no resultaba comprometida, acusaba en autopista el viento lateral y el aplomo por su corta batalla. El motor básico era un 1.3 de 86 CV que lo movía con soltura y prometía consumos muy bajos. Por encima se situó un 1.5 de 106 CV al que luego se uniría el 1.4 diésel de 75 CV.

Toyota Yaris Verso

El mayor hándicap del Yaris Verso no fue su diseño, sino el precio. Coqueteaba con tarifas demasiado cercanas a monovolúmenes compactos como el Xsara Picasso o el Renault Mégane Scénic, más grandes y con más empaque, pues su propio nombre ya les distinguía de segmento.

El Yaris Verso no tuvo sustituto, y años más tarde Toyota no trajo a nuestro mercado el Verso S, sino que se lo dejó a cargo a su primo el Subaru Trezia que pasó sin pena ni gloria. Aquí vimos el Urban Cruiser, que aunque no fuese un sucesor directo, atisbaba el cambio que se produciría en el mercado pasando de los monovolúmenes a los coches con imagen más campera que hoy son ya legión.

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Sobre mí

Ángel Martínez

Soy uno de esos bichos raros a los que les apasiona hablar de coches y se pasaría horas comentando modelos o repasando la historia de la automoción. Pienso que la mayoría de ellos tienen su encanto, desde el deportivo con el que soñamos hasta el utilitario que te encuentras en cualquier esquina.

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