Prueba de verano: Mazda CX-30 e-Skyactiv X

Prueba de verano: Mazda CX-30 e-Skyactiv X

La suavidad y la calidad de rodadura son sus características más destacadas


Tiempo de lectura: 15 min.

Pocos fabricantes se atreven a ir por su propio camino, como sí lo hace Mazda. Estos japoneses siempre han ido un poco a su aire, siguiendo tendencias cuando más les interesaba o bien, transformando esas tendencias de la forma más conveniente para su propio beneficio. De hecho, uno de los mejores ejemplos es que nunca ha empleado motores downsizing, incluso actualmente emplea motores atmosféricos y no turboalimentados como toda la industria. Y lo más curioso de todo, es que sus niveles de eficiencia nunca han sido bajos, homologando consumos bastante buenos. Lo hemos podido comprobar durante varios días, al probar el Mazda CX-30 e-Skyactiv X.

Evidentemente, de la homologación al consumo real hay trecho, sobre todo con el ciclo NEDC, que parecía estar diseñado para tomarle el pelo a la gente. Pero, por lo general, los fabricantes japoneses no suelen dar cifras muy lejos de las que todo el mundo puede lograr en el día a día. La forma de trabajar de esta gente es totalmente diferente a la que tenemos en Europa y eso, salta a la vista, hace de sus coches un producto con una personalidad muy marcada. Y si además lucen un diseño como el que actualmente tiene Mazda, esa personalidad se potencia aún más.

Por otra parte, mientras unos apuestan por grupos propulsores híbridos combinados con un ciclo Atkinson, como Toyota, Mazda se abre su propio camino con uno de los motores más llamativos e interesantes de los últimos años: el e-Skyactiv X. Se trata, como seguro que ya sabréis, de un propulsor que combina el funcionamiento de un diésel (encendido por compresión) con el funcionamiento de un gasolina (encendido por chispa), junto a un pequeño motor eléctrico que le permite lucir la etiqueta ECO de la Dirección General de Tráfico. No es un híbrido convencional, es un micro híbrido o semi híbrido, como más os guste llamarlo.

Al igual que teníamos ganas de probar el híbrido “Dynamic Force” de Toyota con 184 CV cuando salió, también había ganas de probar el Skyactiv X de Mazda, al menos en lo respectivo a quien esto escribe. Se trata de un propulsor cuyo funcionamiento es bastante interesante, totalmente fuera de lo normal y como viene siendo costumbre en Mazda, abriendo su propio camino y siguiendo sus propias tendencias. Un cuatro cilindros con 186 CV, emisiones de 114 gramos de CO2 por kilómetro y un consumo por debajo de los 6 litros, siendo gasolina con dos litros de cubicaje; nada mal.

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Dos adultos, un niño, tres perros y un maletero lleno

Por suerte, Mazda nos proporcionó una unidad equipada con ese propulsor, un CX-30 en versión 100 aniversario, que destaca por su carrocería en color blanco, pero sobre todo, por su habitáculo, con tapicería de piel, moqueta y algunos detalles adicionales en color rojo oscuro. Ciertamente, es un acabado interior que personalmente, me gustó bastante. Ya se sabe que las fotos son una cosa, pero la realidad a veces es bastante diferente. Además, esta versión también cuenta con otros detalles específicos como los logotipos en las llantas, en los reposacabezas y en la llave, por nombrar algunos ejemplos.

Una combinación que me resultó interesante, pues el Mazda CX-30, aunque es un crossover y no está muy en línea con mis gustos personales, me atrae por diseño. Y después de probarlo durante varios días y cientos de kilómetros, puedo decir que si fuera más grande, podría ser un posible sustituto del Mazda6 que tenemos en casa. Está más cerca de un compacto que de un SUV, tanto por posición al volante como por dimensiones y comportamiento.

Así, por tanto, con el coche una vez en casa, aprovechamos la ocasión y nos fuimos de escapada a una casita rural que conocemos en un pequeño pueblo de Salamanca, poniendo a prueba el coche en un uso real y explotando sus capacidades al máximo. No en balde, nos íbamos la familia entera de vacaciones, esto es, dos adultos, un niño y tres perros.

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Normalmente en espíritu RACER buscamos poner a prueba las prestaciones, las capacidades del coche en carretera y resaltar las sensaciones al volante, pero como hemos dicho en alguna ocasión, los fanáticos del automóvil también tenemos familia y no siempre se puede conjugar la pasión y la familia. No es muy coherente exprimir las capacidades de un coche con el niño o con los perros a bordo, por ejemplo, y también necesitamos un coche que cumpla ciertos requisitos además de tener un buen chasis y un buen motor. Era la oportunidad perfecta para poner a prueba otros apartados que a veces pasamos un poco por alto.

La primera prueba que tuvo que pasar el Mazda CX-30 fue su capacidad de maletero. Según ficha técnica son 430 litros, más que de sobra para cumplir con lo necesario, ¿verdad? Hace no mucho, un compacto normal y corriente no superaba los 400 litros de maletero y cualquier familia hacía vida sin problemas, ahora 430 litros parecen pocos pero en realidad, no es así. Nosotros pudimos meter equipaje para cuatro días, enseres de los perros, juguetes para el niño y toda la parafernalia típica de piscina, ya que nos acercaríamos a una zona donde se permite el baño en del río Tormes. Por supuesto, al pasar unos días en una casa rural, también llevábamos comida para varios días.

Otro apartado que podría haber dado algún problema eran las plazas traseras, tenían que convivir los tres perros con la sillita del niño durante varios cientos de kilómetros y varios días, algo que se solventó sin mayores inconvenientes. Recordemos que el Mazda CX-30 es un crossover compacto, su anchura es de 1.795 milímetros y la longitud de 4.395 milímetros, no es un coche pequeño pero tampoco se puede considerar un vehículo grande.

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Rectas interminables; suavidad encomiable

Maletero lleno, perros atados, todo el mundo acomodado en sus asientos y con el cinturón puesto, iniciamos la marcha hacía nuestro destino, del que nos separaban algo más de dos horas. Un viaje que no es muy largo, pero que destaca especialmente por el trazado y por la orografía. Si no habéis estado nunca en Castilla y León, no podéis dejar visitar esta comunidad Autónoma por la cantidad de cosas que merecen la pena ser visitadas, pero os sorprenderá su red de carreteras, caracterizada por enormes rectas casi totalmente llanas y con una visibilidad perfecta. Un enorme problema para un amante de la velocidad y con un coche como el Mazda CX-30.

No malinterpretéis estas palabras, el coche no presenta ningún inconveniente, más bien lo contrario, pero vayamos por partes. Salimos de casa dirección a la autopista, teniendo que recorrer algunas calles donde empezamos a notar que este motor ofrece una suavidad de funcionamiento notable, además de un buen comportamiento a bajas vueltas. Es agradable de usar callejeando, responde bien y apenas suena, pudiendo circular muy despacio sin que aparezcan los típicos traqueteos porque el propulsor está incómodo funcionando a ese régimen. Obviamente, la hibridación hace mucho en estas situaciones, ayudando al motor a salir desde parado o a rodar a pocas revoluciones sin molestias.

Salimos de poblado y afrontamos el carril de aceleración, un momento perfecto para ver hasta donde llega el motor en marchas “medias” (tercera y cuarta), además contamos con un cambio manual de seis relaciones y no automático con entre 7 y 8 relaciones, como está siendo costumbre últimamente. Pedal a fondo y estiramos la tercera, cambiamos a cuarta y otra vez pedal a fondo. La entrega de potencia es muy, muy lineal, hay empuje, pero si vienes de un motor turbo notarás falta de “chicha”, pero si miras el velocímetro te llevarás una sorpresa: este coche corre, vaya si corre. Hemos visto en alguna ocasión, que quienes han probado este motor le achacaban falta de potencia, pero yo no estoy de acuerdo en absoluto. Si hundes el acelerador y permites que el propulsor gire arriba, a pleno pulmón, la potencia aparece. Es un motor atmosférico, necesita revoluciones para dar lo mejor de sí.

Nos relajamos un poco, establecemos un crucero medio-rápido y enfilamos en dirección Salamanca. El pasaje no se ha quejado por el estrujón en la incorporación, saben que estoy “trabajando” y a veces, entienden ciertos comportamientos, pero si mantenemos un ritmo muy alto en carretera abierta pronto saltarán las alarmas. Además, no hay que olvidar que vamos con un niño de 9 años y tres perros, no es la situación ideal para ciertas acciones. No obstante, destacar que ese niño de 9 años es como el mismísimo demonio, haciendo gestos por el espejo para que le diera un poco de “vidilla” al Mazda. Apunta maneras, no hay duda.

Mientras transcurrían los kilómetros, más me convencía del buen hacer de los ingenieros de Mazda. La suavidad era la nota predominante, tanto en lo concerniente al trabajo de la suspensiones, como al manejo de todos los mandos y, como hemos comentado antes, a la entrega de potencia del motor. No vibra, apenas suena, pero cuando pides, el motor te da, con suavidad y con linealidad, pero te da. Eso hace que acabes yendo más rápido de lo que en un principio pretendes y además, sin que nadie se percate de ello. Lo sabe quien va al volante por el velocímetro y porque desde ese asiento las cosas se perciben diferentes. El niño iba con la tablet sin inmutarse, los perros durmiendo plácidamente y la madre imitando a los perritos, mientras yo disfrutaba de la carretera.

Esto se acrecentó, como he comentado antes, al llegar a Castilla y León, con sus enormes rectas, todas ellas llanas casi por completo. En estos trazados las referencias tienen que cambiar un poco, no te puedes guiar por el coche que llevas delante porque va igual de rápido que tú y no te puedes fiar de la percepción que se tiene al volante, porque este Mazda CX-30 ofrece una estabilidad y una sensación de control notable, el aplomo es elevado y no tiene problemas para rodar a ritmos altísimos sin inmutarse. En estas circunstancias, el control de velocidad de crucero (adaptativo en este caso) y un vistazo al velocímetro con más asiduidad, son la mejor opción.

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Voy a comprar, ahora vengo

Durante el camino, todo carretera a velocidad media-alta, el coche había demostrado que por acabados, por tacto y por imagen, está realmente cerca del segmento premium. La sensación que se tiene al entrar en el habitáculo, al tocar y oler el cuero, al manejar sus mandos y al conducirlo, merece una elevada nota final. No desmerece en ningún apartado y las pegas que se pueden poner vienen, básicamente, por gustos personales. Por ejemplo, la instrumentación tiene un diseño que me resulta un tanto impersonal. Es legible, hay información que muchos usuarios ni siquiera usarán, pero su diseño no dice nada. Otra cosa que no acabó por convencerme es la posición de los mandos de control del sistema multimedia, justo por detrás del selector del cambio. Hay que echar el brazo hacia atrás de forma que me resultaba un tanto incómoda, aunque el tacto general de los mandos es bueno.

Las primeras conclusiones nada más llegar estaban claras, este coche me gusta, es agradable de conducir, ofrece buenas prestaciones y los consumos no eran elevados. A una velocidad constante y siempre cumpliendo con lo indicado en las señales, puedes hacer consumos de 6 litros de media. No es una mala cifra y el depósito de 51 litros ayuda a contar con un buen rango de alcance. Si se sube el ritmo, el consumo sube en consonancia y es posible ver cifras que superan los 7 litros en ocasiones, pero me siguen pareciendo buenas cifras para el ritmo que llevamos en ciertos tramos. La aerodinámica del coche y el funcionamiento del motor parecen trabajar en buena consonancia.

No obstante, necesitaba un poco más allá de unas carreteras rectas para matar el gusanillo que llevaba todo el viaje ahí, instigando, siendo el diablillo que te habla al oído para hacer el mal. Así que un día, decidí que me iba a comprar mientras niño, madre y perritos, se quedaban en la casa rural. Solo así podría dejar que ese gusanillo me convenciera para estrujar el e-Skyactiv X a placer. Conozco unos tramos cerca de la casita que teníamos alquilada donde podría divertirme de lo lindo, pasábamos por ellos cada vez que íbamos a bañarnos al río Tormes, pero esta vez iría yo solo. Además, así podría analizar mejor el motor, sin que nadie estuviera preguntando “¿por qué haces eso?”.

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Hasta los tramos de curvas todo es, efectivamente, recto, pero como voy solo, fue completado en tiempo récord. A velocidades muy elevadas la sensación a los mandos es la misma que a velocidades normales: control total, aplomo, estabilidad y un silencio solo roto por pequeños ruidos aerodinámicos. Se pueden llevar ritmos endiablados con total facilidad y con máxima sensación de seguridad, algo que también pueden hacer con el Mazda CX-30 en tramos de curvas y asfalto degradado. Hay que llevar el motor alto de revoluciones, pero su funcionamiento, el buen tacto del cambio y la buena posición de los pedales (con un acelerador de tipo compás, super cómodo), invita continuamente a apurar, tanto revoluciones como frenada.

Puedes frenar tarde y tirar el coche al interior de la curva sin que se descoloque, para luego acelerar pronto y fuerte porque la suavidad del motor no pone en apuros al eje delantero. A mi, personalmente, me gusta más frenar un poco pronto y entrar en la curva con más velocidad, acelerando antes de llegar al vértice con el coche totalmente estabilizado. Así, el Mazda CX-30 es un tiralíneas que te permite ir muy rápido. Sin embargo, no es un deportivo, es un coche dinámico que permite ciertas diabluras, pero el límite, si fuerzas las cosas, llega con un arrastrón del eje delantero que te saca recto. Vamos, que subvira cuando vas más rápido de lo que deberías, aunque se corrige con un simple giro de volante o soltando el acelerador suavemente.

Este e-Skyactiv X funciona y ofrece un buen conjunto en el Mazda CX-30

No puedo negar que el Mazda CX-30 con el motor e-Skyactiv X me ha gustado y me ha gustado bastante. La calidad de rodadura es muy elevada y el comportamiento, sin ser deportivo, permite algunas licencias en carretera de curvas, ofreciendo un conjunto equilibrado que podría ocupar el garaje de cualquier fanático de los coches. El chasis está muy por encima del motor y la puesta a punto general merece un 10, pero el coche sería todavía mejor con un propulsor algo más potente y con un poco más de rabia.

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En general, el e-Skyactiv X, con su particular funcionamiento, es un prodigio de suavidad y ofrece muy buenos consumos. No hay diferencia en cuanto a tacto o sensaciones comparado con un bloque gasolina de similares características, no se nota nada cuando se circula con mezcla pobre o con mezcla estequiométrica a no ser que se mire la instrumentación (hay un menú que permite ir informado y diferentes señales, como un tono rojizo en el marcador). No obstante, en algunas ocasiones sí que llegué a notar un ligero tirón, muy tenue, algo que podría pasar desapercibido en cualquier circunstancia pero que, al ir buscando señales sobre el funcionamiento del coche, puedes notar. No sé si se debían al cambio de funcionamiento o cualquier otra cosa, pero están tan mínimas (y no siempre se notaba) que no le doy importancia.

Por lo demás, teniendo en cuenta que un Mazda CX-30 e-Skyactiv X y acabado Zenith (el más alto de gama) parte de los 32.451 euros, no me parece mala compra. El motor es un prodigio de suavidad y los consumos son contenidos, la calidad de rodadura y la calidad general del coche son elevadas y cuenta con un diseño bastante equilibrado, como he dicho antes, me gusta mucho. El acabado 100 aniversario es una edición especial que se basa en el acabado Zenith y que ya no está disponible, del que yo tomaría la tapicería de color rojo.

Datos técnicos

FICHA TÉCNICA Mazda CX-30
MODELOMazda CX-30 e-Skyactiv X 100th Anniversary
MOTOR TÉRMICOGasolina, delantero transversal con cuatro cilindros y 1.998 cc. 137 kW (186 CV) y 240 Nm de par
MOTOR ELÉCTRICODelantero transversal, 4,8 kW (7 CV)
BATERÍAIones de litio con 0,22 kWh de capacidad, colocada en posición central delantera
RENDIMIENTOPotencia máxima137 kW (186 CV)
Par máximo240 Nm
TRANSMISIÓNTracción delantera, cambio manual de seis relaciones
SUSPENSIÓNDelanteraDe tipo McPherson con muelles helicoidales y barra estabilizadora
TraseraBarra de torsión de rigidez variable con amortiguadores telescópicos
DIMENSIONES Y PESOSLargo por ancho por alto (mm)4.395 x 1.795 x 1.540
Batalla2.655 milímetros
Vías del./tras.1.565 milímetros / 1.565 milímetros
Peso declarado1.443 kilos
MALETERO430 litros (422 con equipo de sonido BOSE)
Neumáticos215/55 R18 95H
DATOS PRESTACIONALESAceleración de 0 a 100 km/h8,3 segundos
Velocidad punta204 km/h
Relación peso potencia7,75 kg / CV
CONSUMOSConsumo medio homologado (WLTP)5,6 - 5,7 l/100 km
Consumo medio durante la prueba6,5 l/100 km
PRECIO 32.451 €

Galería de fotos

Mazda CX-30 e-Skyactiv

32451 €
Mazda CX-30 e-Skyactiv
7.4

Comportamiento en carretera

8.0/10

Comportamiento en ciudad

8.0/10

Confort

8.0/10

Consumo

7.5/10

Habitabilidad

8.0/10

Infoentretenimiento

8.0/10

Prestaciones

8.0/10

Relación valor/precio

7.0/10

Seguridad

8.0/10

espíritu RACER

3.0/10

A favor

  • Calidad general
  • Diseño
  • Relación entre prestaciones y consumo

En contra

  • Sensación de falta de potencia
  • Posición de los mandos del equipo multimedia
  • Instrumentación un poco pobre
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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. Mi padre trabajó como delineante en una empresa metalúrgica con mucha producción de piezas de automóviles, pero nunca hubo una pasión como la que puedo tener yo. Actualmente estoy escribiendo un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600, que se publicará en 2022.

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Aficionado al mundo del motor desde que fui concebido. Aprendí a leer con revistas de coches y, desde entonces, soy un completo enamorado de la gasolina. Como no se nace sabiendo todo, cada día es importante aprender algo nuevo y así ampliar los conocimientos. Este mundillo tiene mucho que ofrecer, al igual que un servidor a vosotros los lectores.

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Gonzalo Lara Camarón

Ingeniero de software a tiempo completo y apasionado del motor en mis ratos libres. Los coches me gustan desde que tengo memoria, pero fue descubrir las motos y la “enfermedad” fue a peor. Mi sueño es recorrer todos los rincones del mundo sobre dos ruedas.