De la mano del fabricante español Nissan Motor Iberica se empezaría a comercializar en 1985 un vehículo que combinaba la capacidad de transporte de una furgoneta de transporte con las cualidades de un turismo. Fusionaba en poco menos que 4 metros de longitud una capacidad volumétrica inigualable por ningún vehículo de entonces (y posiblemente de ahora) con un comportamiento y maniobrabilidad propias de un turismo medio.
La Vanette rememoraba el espíritu creado por la furgoneta VW Tipo 2 de 1950: un vehículo que podía emplearse tanto para el transporte de carga como para el de pasajeros, haciendo gala de una gran fiabilidad y de una notable economía de adquisición y mantenimiento. Por un lado representó en España la evolución lógica de cualquier autónomo o pequeña empresa que quisiese sustituir su C15 o Renault 4F4 por un vehículo mucho más capaz e igual de económico. También nos descubrió el concepto monovolumen apto tanto para el transporte de personas, realizando funciones de microbus o como vehículo de diario de familias numerosas. Era capaz de transportar a 8 personas en una plataforma de menos de 4 metros con las ventajas que todo ello conllevaba, como la facilidad de encontrar aparcamiento o la agilidad con la que se desenvolvía entre el tráfico.
Un diseño que marcó una época en nuestras calles
Su estética era de lo más sencilla e incorporaba formas redondeadas por toda su carrocería, además de un parabrisas y una luneta trasera bastante inclinados que hacían que visualmente fuese un vehículo compacto. Lo que más llamaba la atención del exterior y en concreto en el frontal, era una línea de color negro que conectaba los intermitentes y que servía para aligerar la vista del frontal y la doble óptica que en un principio incluía faros redondos y posteriormente incorporó unos más compactos rectangulares.
Como cualquier turismo, se servía de una estructura autoportante, a la cual se fijaba el brazo superior de la suspensión independiente delantera de paralelogramo deformable y un subchasis encargado de alojar el brazo transversal inferior, guiado por tirante oblicuo y sobre el que trabajaba la ballesta transversal y el amortiguador de doble efecto. La suspensión trasera se componía de un eje rígido, ballestas semielípticas y unos amortiguadores traseros también de doble efecto. El eficaz, potente e incansable sistema de frenos servoasistido se componía de unos discos de freno autoventilados delanteros y de unos tambores traseros.
El indestructible motor LD20
El fiable y duradero motor LD20 de 4 cilindros y 1.952 cc estaba alojado longitudinalmente en el vano motor, el cual estaba situado entre los asientos y accesible a través de una tapa abatible equipada con una bandeja portaobjetos. La distribución de este motor construido completamente en fundición, era mediante un solo árbol de levas en cabeza encargado de accionar las 2 válvulas de cada cámara de combustión. Estaba alimentado mediante inyección mecánica indirecta y en un principio producía una potencia de 60 CV a 4.400 rpm y un par máximo de 113 Nm 2.400 que posteriormente se vería aumentada hasta los 65 CV y los 124 Nm.
Con estas modestas cifras de rendimiento conducidas a las ruedas traseras a través de una caja de cambios de 5 relaciones, su velocidad máxima se quedaba en 118 km/h (124 km/h) y su capacidad de aceleración para realizar la prueba de 0-100 km/h se reflejaba en unos tranquilos 25 segundos. De carácter elástico y con fuerza desde bajas revoluciones, la Vanette dependía de las 3 primeras relaciones de su caja de cambios para mantener una cierta dignidad entre el tráfico, moviéndose con agilidad completamente cargada. La 4ª velocidad, un poco descolgada con respecto a la 3ª, estaba más indicada para llanear y junto con la 5ª ayudaba a rebajar el consumo medio de 9 litros cada 100 km hasta los 7,5 u 8 litros, viajando a una velocidad constante de 90 km/h.
Empezó a comercializarse con una compacta carrocería de 3.965 mm de largo pero con el tiempo había la posibilidad de adquirirla con una distancia entre ejes que pasaba de los 2.075 a los 2.405 mm, pasando por consiguiente su longitud total hasta los 4.310 mm. Esta se diferenciaba exteriormente de la versión corta por incluir en su lateral una nueva y estrecha ventana en el lateral, detrás de la ventanillas delanteras, por poder llevar hasta 9 personas en su interior y por disponer de un maletero más capaz.
Vida a bordo: Postura industrial y vocación de COACH
En la versión combi de 8 plazas, los acabados discretos y sencillos demostraban la procedencia industrial del vehículo, pero no por ello se veían comprometidas la comodidad y la terminación de acabados. Las dos filas de asientos posteriores disfrutaban de unos confortables asientos y de un holgado espacio para las piernas aunque por el contrario se tenían que conformar con un suelo recubierto por un material plástico menos acogedor que la moqueta incorporada en la versión más lujosa COACH. Su acceso estaba asegurado por dos amplias puertas laterales corredizas y por el gran espacio dejado por los asientos abatibles de la fila central.
Las plazas delanteras estaban condicionadas por estar ubicadas encima de los pasos de rueda y por tener el motor entre ellas, provocando que estuviesen muy próximas a las puertas y haciendo que la postura al volante fuese muy de vehículo industrial: echada hacia adelante y sobre un volante demasiado horizontal. Delante del piloto se situaba un sencillo salpicadero con todos los mandos al alcance de la mano y un cuadro de mandos elemental en el que se le echaba de menos un cuentarrevoluciones con el que extraer el mejor rendimiento del motor.
Agilidad inbatible en la urbe
El entorno perfecto para la Vanette era la ciudad, donde su peso de 1.270 kg, su longitud total menor a los 4 metros y su corta distancia entre ejes le otorgaban una gran agilidad y maniobrabilidad. A ello había que sumar una dirección que aunque no era de lo más rápida por necesitar unas 5,5 vueltas entre topes, sí que hacía que su diámetro de giro de 9,2 metros fuera inigualable por cualquier otro vehículo. Su estabilidad en carretera era comparable a la de un turismo con un tarado de la suspensión que combinaba el confort de marcha con su capacidad para soportar grandes cargas y que otorgaba al eje trasero una progresividad y flexibilidad que aseguraba su motricidad y agarre con el asfalto.
Ni mucho menos presentaba problemas de guiado del tren delantero pero si se la forzaba un poco presentaba cierto subviraje a la entrada de las curvas más cerradas y una ligera tendencia a deslizar de atrás en la salida, pero dada la potencia disponible bajo el pie derecho, este tipo de reacciones eran fácilmente controlables. Por poco más del precio de un Peugeot 309 o un Renault 11 diesel se podía adquirir un vehículo familiar, fiable y maniobrable con un gran volumen de carga. Limitada por una motorización un poco justa de prestaciones, obligaba a tomarse con calma los viajes por carretera, pero en realidad el campo de acción ideal de la Vanette era la urbe donde sus cualidades eran y son actualmente inigualables.


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Javier Gutierrez