Ayudado en el desarrollo por la diseñadora y creadora de tendencias Lidewij Edelkoort, Nissan nos mostraría un utilitario con el que conquistar el mercado europeo en 1992: el Nissan Micra. Con unas formas agradables y redondeadas capaces de atraer el interés del mayor número de potenciales clientes. Con un diseño que en su vista lateral nos recuerda a las líneas del Mini clásico, este coche llegaría a ser Coche del Año en 1993, siendo el primer coche japonés que se distinguiría con este galardón.
Conocido en Japón como Nissan March, iniciaría su construcción en la planta que Nissan tenía Sunderland, integrando la ingeniería y el buen hacer japonés de los 90 con el gusto europeo. Con un precio algo alto competiría con lo mejor de su categoría, aportando un nivel de calidad nunca visto en este tipo de coches utilitarios.
Con un chasis autoportante, integraba en este unas suspensiones independientes delanteras compuestas por columnas MacPherson guiadas inferiormente por brazos transversales y una curiosa suspensión trasera formada por un eje rígido trasero, guiado por dos brazos longitudinales inferiores, dos brazos superiores oblicuos y una barra Panhard. Todo ello controlado por muelles y amortiguadores. Puede que no sea un puente torsional, pero sin duda por su arquitectura no le robaba espacio al interior del vehículo. La frenada se encomendaba a un conjunto mixto de discos delanteros y tambores traseros servoasistidos de comportamiento un poco justo y que se transformaba en discos en todas las ruedas, cuando se instalaba el sistema de freno antibloqueo opcional desarrollado entre Nissan y la empresa Lucas Girling.
El motor era uno de sus puntos fuertes y se trataba de un cuatro cilindros transversal fabricado completamente en aluminio y de una cilindrada que hoy nos puede parecer normal de 998 cc. Contaba con una culata multiválvulas de 4 válvulas por cilindro accionadas por un doble árbol de levas, arrastrados por cadena, y estaba alimentado por un sistema de inyección electrónica multipunto. Este pequeño “reloj” japonés, caracterizado por su suavidad, su finura de funcionamiento y su facilidad para subir de vueltas, podía producir unos 55 CV a 6.000 rpm con un limitado par máximo de 80 Nm a 4.000 rpm. La mayor parte del par se mantenía constante entre 2.000 y 4.000 rpm y se alejaba un poco del carácter puntiagudo de los motores multiválvulas de entonces.
Con estas cifras y gracias a una caja de cambios de 5 velocidades de manejo suave y preciso, alcanzaba una razonable velocidad de 150 km/h y alcanzaba los 100 km/h desde parado, en unos meritorios 14 segundos. Otro de sus mejores argumentos eran sus aquilatados consumos, con cifras que se establecían en unos 6 litros cada 100 km de media.
En el luminoso y bien aislado interior podían instalarse 4 personas en unas plazas de cómodos asientos y amplio espacio para piernas y cabeza, a costa de poseer un pequeño maletero de 206 litros. Con un alto grado de calidad en los materiales y de acabados, su equipamiento de serie estaba al nivel del de sus competidores, pero, en cambio, opcionalmente se le podía instalar elementos no tan comunes en estos coches utilitarios como la servodirección, el ABS, el aire acondicionado o la apertura del maletero y de la trampilla del depósito desde el interior. Con un salpicadero de formas redondeadas sobresalía un correcto cuadro de mandos al que solo se le echaba en falta el cuentarrevoluciones, algo que resultaba curioso en un coche con un motor que necesitaba ser “estrujado” para obtener lo mejor de sí. El conductor tenía la posibilidad de regular el volante en altura para conseguir la postura correcta y disponía de una amplia visibilidad perimetral del coche gracias a su amplia superficie acristalada y a las formas de la carrocería.
Era un coche que se comportaba bastante bien en carreteras de amplio trazado, autopista y ciudad por tener unas suspensiones que primaban el confort ante todo, pero que, en cambio, sus blandos tarados lo limitaban en zonas de curvas cerradas, llegando incluso a la perdida de motricidad de la rueda delantera interior. Este comportamiento se veía perjudicado todavía más si se rodaba en zonas de asfalto irregular, dando como resultado la oscilación y el tambaleo de la carrocería. Estos problemas se corrigieron posteriormente con la instalación de barras estabilizadoras en ambos trenes, mediante las cuales ganó en precisión de trazado y en un mayor control del coche en curva. El buen rendimiento del motor junto con un contenido peso de 775 kg sólo se veía penalizado en las recuperaciones por su baja cilindrada y la necesidad de acudir a la palanca de cambios de suave y precisos movimientos para tener que llevarlo en la zona media alta del cuentarrevoluciones (que no tiene), manteniendo un ritmo alegre entre el tráfico.
Aunque su aspecto fue renovado en 1996, los seguidores de este coche prefieren la estética original de su característico frontal. Con unos precios un poco elevados para la cifra de potencia de su motor y que partían de los 8.000 €, el Micra aportaba calidad de acabados y un motor de mantenimiento económico y funcionamiento suave capaz de competir con los superventas europeos.


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Javier Gutierrez