Coche del día: For S-Max 2.5T Titanium (MK1)

Coche del día: For S-Max 2.5T Titanium (MK1)

Mucho más que un monovolumen, un sleeper de 220 CV para toda la familia


Tiempo de lectura: 4 min.

El Ford S-Max 2.5T Titanium era el coche de los papás que, aunque con la obligación de tener un coche grandote donde meter todos los bártulos de la familia, todavía guardaban el gusto por la velocidad y, sobre todo, por la velocidad en curva. Era uno de los monovolúmenes grandes con mejor dinámica del mercado, pero con un motor que no era, a simple vista, el más lógico en la época en la que se comercializó.

Quizá hay quien no se ha dado cuenta, pero el mercado del automóvil siempre funciona por épocas y por modas. O casi siempre. Por ejemplo, durante los años 90 la moda fue ofrecer muchas opciones de carrocería, que se complementó con el auge de los motores turbodiésel y, además, con otra moda que influyó en la industria de manera notable: las carrocerías monovolumen. Durante muchos años, los monovolúmenes fueron indispensables en el catálogo de los fabricantes y su evolución les llevó a crear una oferta, en ocasiones, sorprendente.

Deportividad en formato familiar

Desde monovolúmenes del segmento B, muy enfocados al uso urbano, hasta modelos casi de representación, con acabados “de lujo”, cuero, madera y motores que no parecían tener mucha lógica. Ahí estaba, por ejemplo, el Opel Zafira OPC, con su planteamiento claramente deportivo y su motor de 240 CV. El SEAT Altea FR era otro modelo de planteamiento totalmente deportivo, mientras que, por otro lado, podías encontrar un Renault Espace equipado con un V6 de 3,5 litros y 245 CV o un Ford S-Max con el motor Volvo de cinco cilindros turbo.

El S-Max 2.5T Titanium era un caso especial, pues estaba a medio camino entre los monovolúmenes “de alta gama” y los deportivos. Por potencia, estaría en cualquiera de los dos; por acabados y aspecto general del interior, se inclinaba ligeramente hacia el segmento premium y por conducción, aquí las cosas estaban claramente en la parcela del disfrute al volante. Todo ello, obviamente, combinado con un planteamiento absolutamente familiar: siete plazas, interior con algo de modularidad, maletero de 854 litros, 4,77 metros de largo y casi 1,70 metros de alto. Era un coche grande, muy grande, y también pesado con 1.770 kilos “en báscula”.

Ford S Max 2 5T Titanium (2)

La gama del S-Max también incluía versiones turbodiésel, mucha más lógicas pero menos emocionantes

Chasis Ford: Dinámica de turismo, espacio de furgoneta

Ford imprimió en este modelo su característico buen hacer en materia de chasis y creó un monovolumen que, si el conductor lo quería, podía mantener un ritmo en carretera de montaña poco habitual en el segmento. Además, se complementaba con una posición al volante alejada de la típica de cualquier monovolumen rival —que parecían furgonetas— y con unos acabados que, en general, estaban por encima de la media. Básicamente, podríamos decir que era un auténtico representante de Ford, pero en el segmento más de moda en la primera década del siglo XXI. Otro argumento a su favor era que se podían plegar todos los asientos traseros, lo que convertía, casi, casi, al S-Max en una furgoneta con más de 2.000 litros de capacidad.

Sin embargo, aunque por diseño fuera un coche atractivo y por dimensiones y soluciones era un modelo de aspiraciones claramente prácticas, el motor escogido no era el más coherente, al menos allá por 2006 cuando llegó al mercado. El S-Max 2.5T Titanium hacía uso del cinco cilindros de Volvo, el mismo que montaba el Mondeo 2.5T o el Ford Focus ST; un propulsor con 2.522 centímetros cúbicos, doble árbol de levas en culata, cuatro válvulas por cilindro, turbo e intercooler, que rendía para la ocasión 220 CV a 5.000 revoluciones y 32,6 mkg entre 1.500 y 4.800 revoluciones. Un motor soberbio por empuje y prestaciones, pero poco adecuado para un “coche familiar” por su consumo; más aún en plena era de los diésel.

Prestaciones de infarto y consumos de otra época

El Ford S-Max 2.5T Titanium era, por supuesto, un coche rápido para su categoría, tamaño y peso. Podía rodar a 230 kilómetros por hora, el 0 a 100 kilómetros por hora lo completaba en 7,9 segundos y los 1.000 metros con salida parada en 28,83 segundos. Sin embargo, y como era de esperar, gastaba como un condenado. Según la revista Autovía, el consumo medio era de 9,4 litros, mientras que en urbano la cifra subía hasta los 13,3 litros. Datos que, en una época cuyo coche más vendido anunciaba poco más de cuatro litros a los 100 kilómetros de media, parecían fuera de lugar.

Los precios iban acorde con el coche y con su planteamiento. A fecha de mayo de 2006, Ford pedía por un S-Max 2.5T Titanium 31.705 euros. Era caro, aunque estaba en línea con sus rivales; solo se podía criticar alguna cosa del equipamiento, como el hecho de tener que pagar un extra por el control de estabilidad, por el sensor de aparcamiento o por la tercera fila de asientos. Al menos, como curiosidad, equipaba de serie el airbag de rodilla para el conductor.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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