El Citroën Xsara Coupé 1.9 TD SX era el resultado de una moda que ganó mucho auge a finales de los años 90. La idea era combinar carrocerías de dos puertas y aspiraciones coupé, con los cada día más populares motores turbodiésel. El resultado fue un éxito, aunque en el fondo el modelo francés no fuera un auténtico coupé, sino la versión de tres puertas del Xsara.
La carrocería coupé tuvo su último momento de gloria, o casi, a finales de los años 90. Todos los fabricantes, o al menos casi todos los generalistas, tenía una opción en el catálogo. Unos apostaban más por un coupé más tradicional, como Renault con el Mégane, otros por algo más exclusivo, como el Peugeot 406 Coupé o el Coupé FIAT, mientras, marcas como Citroën, en realidad le otorgaban la denominación de coupé a lo que, realmente, era la variante de tres puertas de uno de sus modelos.
Concretamente, en el caso de Citroën, hablamos del Xsara Coupé, que en el fondo no era más que la variante de tres puertas; compartía misma plataforma con la berlina y además, mismas dimensiones exteriores y un habitáculo para cinco ocupantes, lo que demostraba que el departamento de marketing había tenido bastante peso. No en balde, el Mégane Coupé tenía mucho éxito y había que intentar coger un trozo del pastel.
No era un coupé al uso, más bien era la carrocería de tres puertas de la berlina, que combinaba la mar de bien con los motores turbodiésel, aunque exigía pagar aparte por las llantas de aleación, no tenía aire acondicionado –solo climatizador opcional– y el ABS, así como los airbags de copiloto y laterales eran opcionales
Es lógico que cuando un modelo concreto tiene mucho éxito, hay que intentar sacar provecho y poner una propuesta propia en el mercado. El Citroën Xsara Coupé era eso, la respuesta al Mégane Coupé y como el Renault también tenía una versión turbodiésel, el Xsara tenía que ofrecer una igualmente. Además, Citroën tenía un motor que ya había demostrado sus capacidades.
Así, el Citroën Xsara Coupé 1.9 TD se convirtió en una opción que, casi desde el primer momento, se convirtió en un éxito de ventas. A cambio de 2.488.000 pesetas, se tenía un coupé con motor turbodiésel con 90 CV y un consumo que rondaba los seis litros cada 100 kilómetros, que hacía las delicias, sobre todo, de los conductores más jóvenes. Hablamos de un propulsor de 1.905 centímetros cúbicos, dos válvulas por cilindro e inyección con precámara –el motor anterior los HDi– y 196 Nm de oar a 2,250 revoluciones.
Unido a un cambio manual de cinco relaciones y desarrollos tirando a largos, como en todo diésel –la quinta, por ejemplo, se iba hasta los 40,6 kilómetros/hora–, presumía de consumos, pero también de buenas cifras de prestaciones. Los 400 metros con salida parada los completaba en 18,6 segundos y los 1.000 metros en idénticas condiciones se recorría en 34,3 segundos, mientras que el 80 a 120 kilómetros/hora en quinta podía hacerlo en 13,6 segundos. Solo cedía en velocidad punta con poco menos de 179 kilómetros/hora.
Sin embargo, quien compraba un Citroën Xsara Coupé 1.9 TD SX no buscaba ser el más veloz del grupo de amigos, buscaba un coche con el que presumir de imagen, si, pero también con el que recorrer media España con los primeros sueldos. Un enfoque donde el Xsara Coupé ganaba por goleada porque era, digamos, “muy Citroën2. Las suspensiones eran suaves y cómodas –que no blandas– y aunque no era el más indicado para los amantes de la conducción, tenía un eje trasero con efecto direccional que ayudaba mucho en carretera de montaña.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS