Bertone lleva el GB110 de la vitrina al asfalto

Bertone lleva el GB110 de la vitrina al asfalto

El hiperdeportivo rodó en Ascari y en la pista del aeropuerto de Gibraltar junto al Runabout


Tiempo de lectura: 5 min.

Un hiperdeportivo puede quedar de maravilla bajo los focos de un salón, con su moqueta y su cordón de seguridad, y seguir siendo una puñetera escultura con matrícula, porque las proporciones, la pintura y una ficha de cuatro cifras hacen todo el trabajo mientras el coche no se mueve ni un palmo. Lo difícil empieza cuando hay que rodar, y por eso me ha gustado ver que Bertone ha sacado el GB110 de la vitrina para llevárselo a Ascari y a la pista del aeropuerto de Gibraltar, dos sitios donde esconder un proyecto a medio cocinar es bastante complicado.

Tampoco fue de excursión en solitario, porque la marca se lo llevó a la Costa del Sol junto al nuevo Runabout, y los dos se dejaron ver en una reunión de automóviles singulares que pasó por Marbella, que para coches raros nunca ha sido mal escaparate.

Cuesta imaginar dos coches más distintos con el mismo emblema en el morro. El GB110 es la cara exuberante de la Bertone de ahora, con un V10 biturbo y una carrocería que no sabe lo que es la timidez, mientras que el Runabout recupera una idea que Marcello Gandini dibujó en 1969 y la convierte en un deportivo pequeño, abierto y con cambio manual, o sea, justo el tipo de coche que a mí me hace ojitos desde lejos.

Desde la grada de Ascari

Me imagino la segunda jornada en Ascari como esas mañanas de circuito en las que huele a goma caliente y a café de máquina, con los dos coches saliendo por fin de la exposición estática para rodar de verdad. Bertone lo planteó como una demostración y no como una prueba con instrumentos, así que ni hubo carrera ni tiempos para compararlos, aunque sí la ocasión de ver cómo se comporta el GB110 y lo directo que es el Runabout cuando el asfalto empieza a retorcerse.

Ahí creo que el pequeño se lleva el gato al agua, porque su gracia está en la ligereza y en el contacto mecánico, no en una cifra puesta en una cartela para que la fotografíe el personal. Con su V6 de 3,5 litros sobrealimentado, el manual de seis relaciones y una carrocería abierta que homenajea el concepto original sin calcarlo a lo bruto, parece hecho para recordarnos que la diversión empieza mucho antes de llegar a velocidades de multa gorda.

Hay que ver el regreso del Bertone Runabout para entender esa mezcla de homenaje y reinterpretación (lo contó la revista en su día y me sigue pareciendo de lo más chulo), y al ponerlo pegado al GB110 el lío salta a la vista. ¿Cómo se vende una máquina exuberante y otra mucho más ligera bajo el mismo emblema sin que ninguna parezca que va con el uniforme del cole? Pues esa es la papeleta que tiene Bertone encima de la mesa.

Gibraltar, a fondo y sin cronómetro

Luego tocó Gibraltar, y aquí me vienen a la cabeza las persecuciones de las pelis de los ochenta, porque los dos coches se pusieron a hacer aceleraciones sobre la pista de 1,2 kilómetros del aeropuerto, con sitio de sobra y unas imágenes que dan una envidia tremenda. De mediciones independientes, nada de nada, así que los cronómetros siguen en el cajón cogiendo polvo, porque una foto con el morro levantado mola muchísimo pero no convierte una presentación en un ensayo de prestaciones, por mucho que Instagram se empeñe en lo contrario.

Con todo, los sitios están muy bien escogidos. Ascari obliga a trabajar en curva y Gibraltar deja enseñar empuje del bueno sin esconderlo tras un vídeo de estudio con violines épicos de fondo, y aunque ninguna de las dos jornadas vale lo que una prueba de carretera como Dios manda, ganan por goleada a otra presentación con el coche quieto y un señor hablando de artesanía durante media hora.

Un coche tan minoritario tiene que demostrar que arranca, frena, gira y aguanta un día entero lejos de la tarima, y eso el GB110 ya lo ha hecho, con un compañero de viaje mucho más sencillo al lado. Tiene su mérito si se piensa de dónde viene el nombre, de cuando un carrocero italiano podía dibujar un coche, construirlo y hasta fabricarlo para una gran marca, una industria que se fue al garete casi por completo aunque su huella siga asomando cada vez que una cuña baja, una luna enorme o un paso de rueda imposible llegan a producción.

La Bertone de ahora vive de esa memoria, pero de nostalgia no se paga la luz ni se llena la nevera. Por cierto, la revista ya repasó el Bertone GB110 y las dudas que acompañaban a su regreso, y verlo por fin rodando fuera de un salón pone la pieza que faltaba en el puzle.

Lo que falta por ver

¿Dudas? Unas cuantas, y gordas. Fabricar coches propios obliga a pegarse con proveedores, homologaciones, montaje y servicio, que es bastante menos romántico que elegir el color de una maqueta con un café en la mano, y el comunicado no suelta prenda de precios, fechas de entrega ni resultados medidos, así que tocará esperar sentados. El GB110 y el Runabout empezarán a contar de verdad el día que las unidades de los clientes sumen kilómetros lejos de los saraos de la marca, y no antes.

De momento, lo único seguro es que los dos se han movido entre circuito y pista de aeropuerto, y decir mucho más sería venderos una prueba que nadie ha hecho. ¿Es el regreso definitivo de Bertone? Ni de coña, aunque la imagen pinta muchísimo mejor que la de un hiperdeportivo condenado a vivir bajo una funda, como el abrigo de visón de la abuela. Puestos a elegir, a mí me tira bastante más el Runabout que el espectáculo del GB110, y que la marca se permita esa contradicción entre el exceso y la sencillez me parece de lo más sano. Falta carretera, mucha carretera, pero por algún sitio había que empezar.

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Sobre mí

Jose Manuel Miana

Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.
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