Total, que el Q9 es un salón con ruedas y siete plazas de serie, con opción a seis para ir como en clase business, un techo que cambia de opacidad a golpe de botón y un equipo de sonido que te hace sentir el bajo en la columna. La cuestión no es si mola, que mola, sino si tanto espectáculo técnico responde a lo que pide la calle en Europa o es un guiño a los mercados donde el lujo se mide por la escenografía.
Puertas que se abren solas y un guiño a China
Las cuatro puertas eléctricas son la gran primicia de Audi en el Q9 y se manejan desde la llave, el móvil o la pantalla central sin esfuerzo ninguno. Un conjunto de sensores perimetrales detiene la apertura si detecta un coche aparcado al lado o un ciclista acercándose para evitar los sustos típicos en el parking. Dicho esto, cualquier conductor español sabe que en según qué en las calles estrechas o las plazas de garaje antiguas el milímetro de margen no lo salva ni el mejor radar, y el espectáculo de la puerta abriéndose sola puede quedarse en eso, en espectáculo.
El ángulo de apertura de las traseras llega casi a la perpendicular, y eso sí que es una ventaja tangible para encajar una silla infantil sin retorcer la espalda. Las familias numerosas notarán la diferencia, porque cargar un crío en un SUV grande suele ser más batalla que comodidad pero en este el mayordomo se cansará menos. El sistema eléctrico hace que la operación sea intuitiva y limpia, y esa practicidad sí encaja en el día a día europeo sin necesidad de traducción.
Ahora bien, llama la atención que Audi haya decidido estrenar este avance en un modelo pensado para competir con el GLS y el X7, dos colosos que triunfan sobre todo en Norteamérica y Asia. El mercado chino lleva años pidiendo puertas automáticas como signo de estatus, y el cliente estadounidense las asocia con monovolúmenes de lujo desde hace décadas, así que el movimiento de la marca de Ingolstadt huele más a cálculo global que a verdadera demanda en la europa de los patinetes.
Los sensores que frenan la puerta ante un obstáculo imprevisto son, en realidad, la confesión tácita de que el sistema no está pensado para las aceras estrechas y las plazas de párking justas de cualquier ciudad europea. Sin esa red de seguridad electrónica, un impacto contra una columna saldría carísimo, y conviene no olvidar que un mantenimiento de este tipo de mecanismos no suele ser barato. El avance es innegable, pero la utilidad cotidiana en un parking español construído en los 70 tiene más matices de los que admite el catálogo.
Por dentro es un salón, pero con cabeza europea
La configuración de asientos del Q9 sí demuestra que Audi ha pensado el coche para el que lo ha pagado ahorrando en preservativos, porque ofrece siete plazas de serie con una segunda fila capaz de albergar tres sillas infantiles sin malabarismos. La opción de seis plazas mete dos asientos individuales con ajuste eléctrico, ventilación activa en cojín y respaldo, y función de masaje en los delanteros, un nivel de confort que deja a más de una berlina de representación en fuera de juego. Viajar cuatro personas con espacio de sobra y sin renunciar a un maletero decente es el argumento que más daño puede hacer al A8 y compañía.
La tercera fila no es de las de quita y pon con vergüenza, porque los respaldos se abaten eléctricamente y por separado para que adaptar el interior a la carga o a los pasajeros no se convierta en una gincana. La consola central integra carga inalámbrica doble Qi 2.2 y puertos USB-C de hasta 100 vatios, y el maletero estrena un sistema de rieles de aluminio con ganchos deslizantes que permiten anclar el equipaje en tres dimensiones. Son soluciones de las que se aprovechan tanto un autónomo que carga herramientas como una familia que se va de vacaciones con medio armario.
El techo panorámico de serie mide un metro y medio cuadrado y se puede abrir por completo o volver opaco por segmentos según apriete el sol, un invento que jubila la cortinilla de toda la vida. El cristal laminado bloquea más del 99,5 % de la radiación ultravioleta y, al aparcar, se oscurece solo para que nadie cotille el interior desde fuera, un detalle que viene de perlas en zonas turísticas y que se agradece sin necesidad de ser un magnate chino. Al arrancar recupera el ajuste anterior y, si te va la iluminación ambiental, hay 84 LED disponibles en 30 colores para darle un toque más teatral a la cabina.
El equipo de sonido Bang & Olufsen 4D añade actuadores en los asientos delanteros para transmitir físicamente las frecuencias bajas, mientras una tira de luz recorre el salpicadero al ritmo de la música. Los altavoces de los reposacabezas aíslan las llamadas y las indicaciones del navegador sin molestar al resto de ocupantes, una idea práctica y bien resuelta. Los materiales huyen de los brillos y las superficies lacadas en favor de texturas mates, con opciones que van desde la lana o la fibra de alpaca hasta el cuero Nappa, y los nuevos colores marrón tamarindo y beige piedra aportan un punto cálido que evita la frialdad germana de otros tiempos. El Audi Q9 aterriza a finales de julio con la misión de colocar a Audi en la pelea de los SUV de lujo más grandes, y lo hace con un interior que, por lo menos, es cómodo, aunque las puertas eléctricas sigan siendo más escena que necesidad en este mercado. Sin embargo, algunos ya echamos de menos las berlinas.


Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.COMENTARIOS